Rumbo al cambio verdadero

MORENA la esperanza de México

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Porfirio Muñoz Ledo

Soberanía conculcada

(El Universal)

 

Porfirio Muñoz Ledo

 

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Porfirio Muñoz Ledo

El pasado 11 de agosto se engarzó el último eslabón para dar marcha a un nuevo ciclo en la historia de nuestro país. En un clima de entreguismo, apologías sin fundamento y confusiones conceptuales presenciamos la promulgación de las leyes secundarias en materia energética, producto a su vez de una reforma constitucional dirigida a violentar frontalmente los principios de nuestro pacto constitucional.

La historia de nuestro país difícilmente puede entenderse de otro modo que como un esfuerzo de generaciones por la descolonización mental, política y económica de los mexicanos. La cuestión de identidad sobre la que reposa la toma genuina de decisiones es precisamente lo que otorga a una determinación el carácter de soberano.

Eso es lo que subyace en las decisiones que una comunidad o una nación debe adoptar, independiente de los juegos de abalorios electorales o publicitarios en cuya maquinación participan un puñado de dirigentes legítimos o no, nacionales o extranjeros, que vienen a determinar la continuidad, la ruptura o la eventual renovación de un esfuerzo histórico.

La imposición de un proyecto contrario a las conquistas alcanzadas durante poco más de dos siglos es el retrato mismo de una transición en la que un país renuncia a la lógica de su historia. Un conjunto de cambios significantes que nos ha conducido a la instauración de una democracia colonial, falsamente liberal y definitivamente subordinada.

Paradójicamente, estamos a punto de celebrar el bicentenario de la Constitución de Apatzingán, documento que por primera vez definió el concepto de soberanía popular y se propuso, mediante la institucionalización política y jurídica de la independencia nacional, el cumplimiento de los objetivos que le habían dado origen como nación.

La soberanía pertenece originalmente a los pueblos que sobre cualquier persona o estamento forman una comunidad y determinan sus fines por sí mismos. Lo que al final constituye una nación es la existencia de intereses supremos a los demás, que no pueden quedar sometidos a ningún poder arbitrario. En un principio se trataba de la lucha por la tierra, de ahí que todo el aparato institucional fuera responsable incluso de administrar las rentas y fondos nacionales.

Se discute el fenómeno de la soberanía en la medida en que pueden existir poderes superpuestos o supranacionales. Lo que no se discute es la legitimidad de los procedimientos empleados para evitar que algunos se amparen de las propiedades o los derechos de los demás. El principio de soberanía no será arcaico mientras una sociedad preserve el atributo de definir legítimamente los intereses y los objetivos de una comunidad. Hablar de “soberanía acotada” es aludir simplemente a las dificultades o imposibilidades materiales que impiden la culminación de un objetivo.

He sostenido que la alteración de decisiones políticas fundamentales sólo es competencia de un constituyente originario y no de los poderes constituidos. Arrogarse impúdicamente —como lo han hecho— la voluntad soberana del pueblo sin consultar a éste sobre un tema de semejante envergadura —sobre todo en un ambiente dudosamente democrático, petrificado en los partidos políticos— es un gesto de restauración ilegitima, al cual debe responder con todas sus fuerzas el titular original de la soberanía.

En ese sentido, lo verdaderamente legítimo es la opinión de los interesados. Sin contar con que un embrollo de decisiones contradictorias podría llevarnos a la ruptura del andamiaje constitucional en su conjunto. Ha sido tan afrentoso el agravio que hemos sufrido los mexicanos que en un sentido estricto merecería la reconstrucción del Estado. En esa dirección se levantan voces vigorosas que abogan por una refundación de la República a través de un nuevo pacto fundacional.

Nada más lógico que devolver a los electores lo que sólo a ellos pertenece: las decisiones capitales sobre su futuro. Lo que equivale a recuperar de raíz el sentido de su pasado.

Comisionado para la reforma política del DF

 

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