Rumbo al cambio verdadero

MORENA la esperanza de México

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Porfirio Muñoz Ledo

La era de las movilizaciones

(El Universal)

Porfirio Muñoz Ledo

 

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Porfirio Muñoz Ledo

Es desmesurada la variedad de inútiles debates sobre la oleada de reformas legales que se han aprobado en el país durante el último año. Prevalecen bajo nuevas modalidades las candilejas de la propaganda oficial, que carece de capacidad de convencimiento, tanto por la complejidad de los temas, como porque los hechos duros son irrefutables y el ciudadano real sufre las consecuencias de las políticas económicas de los últimos treinta años, que ahora se pretenden remozar.

La década de los setenta fue tal vez la última en que tuvimos índices razonables de progreso, extraviado después por la grandilocuencia y el exceso. Vino luego la “década perdida”, cuando comenzaron a derrumbarse los índices que apuntaban al crecimiento de nuestra economía y a una elevación sensible de las condiciones de vida. La coincidencia en un mismo tiempo del cambio de un sistema político abiertamente autoritario a otro en el que los mismos actores se han combinado para producir resultados semejantes, permite hablar en un sentido múltiple de una “transición abortada”, ahora perdida en el laberinto de transacciones cupulares, ineptas para ocultar la rendición de la economía mexicana, la miseria de una generación y el derrumbe de los atributos soberanos de la nación en el regazo de una implacable hegemonía.

Entre 1933 y 1982 nuestro país fue el que más creció en el mundo. La creencia en que la estabilidad macroeconómica aseguraría por sí misma el progreso produjo retrocesos indiscutibles en prácticamente todas las áreas del acontecer nacional. La idea central de que no necesitábamos crear un robusto mercado interno porque teníamos a nuestra disposición todos los mercados exteriores, trasladó la capacidad de compra y de inversión al extranjero en vez de volvernos más productivos, más competitivos y acceder a la modernidad endógena.

Más de 30 años de estancamiento económico, notorios retrocesos en la política igualitaria, disolución institucional por obra de la corrupción generalizada, transferencia general del poder estatal a los poderes particulares y entreguismo en los espacios de relación internacional, hacen pensar a algunos que el Estado “no tiene remedio”, que el rumbo adoptado nos lleva a una enorme catástrofe y no tenemos los medios institucionales para superarla. Hay una duda profunda sobre las capacidades políticas que permitirían sortear una etapa turbulenta de la vida nacional.

En los últimos dos años el número de mexicanos que viven por debajo de la línea de pobreza se incrementó en un millón de personas y, alcanza ya, a más de 60 millones. Más de la mitad de los 40 millones de mexicanos menores de edad —53.8%— está en situación de pobreza alimentaria y estamos lejos de haber encontrado las vías para escapar de este naufragio.

Tener un empleo en México no significa escapar de la pobreza, ya que de acuerdo a todos los indicadores, nuestra fuerza laboral no cuenta con el ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Y aun así, persiste la negativa contumaz a iniciar un ciclo ascendiente del salario mínimo inconstitucional, que resulta a todas luces un ancla y una vergüenza nacional.

Innecesario documentar una realidad social que en todos los ámbitos vive de milagro, como lo anunciaba el poeta y como desgraciadamente lo ha hecho ostensible la miseria y la impunidad. En vez de una reforma política, se nos ofrece un amasijo de componendas que van a tornar más dudoso y conflictivo el desenvolvimiento de los procesos electorales.

Nunca ha sido tan clara la necesidad de someter a consulta popular las grandes decisiones del porvenir y pocas veces se ha jibarizado tanto la clase dirigente por el vacio mental de la mezquindad. Los pueblos tienen la última palabra. La interrogante es el encuentro de medios eficaces para erigir una construcción social distinta. Los declives se detienen con cambios de régimen. Por eso hablamos de refundación de la Republica. Si el sistema político ha exhibido su pequeñez, la población debiera empeñarse en mostrar su grandeza. Para muchos, la salida posible y deseable de este derrumbe sólo puede ser el inicio consistente de un nuevo ciclo: la era de las movilizaciones sociales.

Comisionado para la reforma política del DF

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