Radiocoapa

Rumbo a la cuarta transformación de México

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Rodrigo Vera

El Precio del Silencio

El Papa Francisco se ajustó a los acuerdos previos, rehuyó los temas que más hieren en México y pagó un precio: la crítica y aun el repudio de una parte de la sociedad. A cambio, cobró por su silencio su propio precio: vio al Estado laico doblegarse y volverse clerical. Evitó referirse a dos gravísimos temas nacionales: los desaparecidos de Ayotzinapa y las víctimas de la pederastia sacerdotal. Como nunca antes, la clase política mexicana, empezando por Enrique Peña Nieto en su carácter de jefe de un Estado laico, dejó ver sin tapujos qué poco le importan los preceptos constitucionales más caros de la nación…

(Proceso No. 2051)

 

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Rodrigo Vera

El gobierno de Enrique Peña Nieto fue el gran beneficiario de la pasada visita a México del Papa Francisco, pues logró que el pontífice no se reuniera con grupos de familiares de desaparecidos, entre ellos los padres de los 43 normalistas, y que omitiera ese espinoso tema de todos sus discursos, en los cuales no mencionó las palabras “desaparecidos” ni mucho menos “Ayotzinapa”.

Limitado por acuerdos previos entre la Secretaría de Estado del Vaticano y la Cancillería mexicana, Jorge Bergoglio tuvo que asumir durante su visita su condición de jefe de Estado, lo cual le impidió involucrarse en los candentes asuntos internos de México; por ello no recibió en audiencia a las víctimas de la violencia, quienes le hicieron esa petición desde meses antes de su viaje.

También le pidieron audiencia las víctimas de sacerdotes pederastas mexicanos; no las recibió, pese a que el tema es un asunto interno de la Iglesia y ajeno a cuestiones diplomáticas.

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El Padre Solalinde. Reclamos. Foto J. Raúl Pérez

El sacerdote Alejandro Solalinde –quien siempre ha gestionado para que las víctimas sean escuchadas por Bergoglio–, comenta decepcionado: “El Papa no quiso reunirse con las víctimas porque asumió su identidad de Jefe de Estado, de representante de le entidad política que es el Estado Vaticano. Y su estancia en México se manejó como la visita pastoral de un jefe de Estado, lo cual es una ambigüedad terrible que fue aprovechada por el gobierno mexicano”.

Señala que desde los preparativos del viaje ya estaban formados “dos bloques” con una visión muy distinta sobre lo que debería ser la visita:

Por un lado –sostiene–, estaba el bloque integrado por el gobierno de Peña Nieto, la cúpula de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), los Legionarios de Cristo, Televisa y Televisión Azteca, cuya óptica es la del poder.

Mientras que el otro bloque, dice, gestionaba el encuentro del Papa con las víctimas de la violencia y tenía una perspectiva pastoral y de derechos humanos. Lo integraban la Compañía de Jesús –congregación religiosa a la que pertenece Bergoglio–, grupos eclesiásticos de base y múltiples organizaciones de la sociedad civil que vienen denunciando las desapariciones forzadas, los feminicidios o casos como los de Ayotzinapa o Tlatlaya, entre otros.

Asegura: “Se impuso el primer bloque, el de la elite del poder”.

Y agrega enfático: “Peña Nieto debe estar feliz y contento, pues se anotó un éxito político y diplomático con la visita del Papa. Él y su esposa, Angélica Rivera, La Gaviota, la supieron aprovechar al máximo”.

Indica que desde el viernes 12, con la recepción de bienvenida que se le hizo a Bergoglio en el aeropuerto, “la pareja presidencial empezó a administrar a su antojo la visita del Papa”, al grado de que La Gaviota hasta llevó y le presentó al Papa al grupo musical que le cantó la melodía “Luz”, que ella misma le mandó componer y se convertiría en el fondo musical de la visita.

La mañana del día siguiente, sábado 13, Peña acaparó reflectores al recibir al Papa en Palacio Nacional. Y después al asistir por la tarde, junto con La Gaviota, a la misa en la Basílica de Guadalupe.

Mientras que el domingo 14 “fue La Gaviota la que manejó todo el acto realizado en el Hospital Infantil Federico Gómez. Ella fue la que condujo al Papa de aquí para allá”, dice Solalinde.

Y en la ostentosa ceremonia de despedida, con alfombra roja –el miércoles 17 en el aeropuerto de Ciudad Juárez–, “nuevamente la pareja presidencial permaneció pegada al Papa y tuvo un papel protagónico”, apunta.

Entrevistado en la sede de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, una antigua casona de la colonia Santa María La Ribera, donde suele ir a descansar, Solalinde indica que también la clase política aliada al PRI aprovechó al máximo la visita papal:

“Esta ‘mafiocracia’ y ‘cinicocracia’ tuvo que soportar las misas y comulgar desde sus zonas VIP con tal de aparecer ante las cámaras. Algunos de estos políticos lo hicieron para ganar terreno en la carrera presidencial para 2018, como el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, quien junto con su esposa, la cantante Anahí, también le sacó mucho jugo a la visita, pues esta pareja intenta replicar a Peña y La Gaviota.”

A esta afanosa búsqueda de reflectores –comenta Solalinde–, no escaparon los altos jerarcas eclesiásticos que, enfundados en sus vistosos trajes carnavalescos, hacían fila para saludar al Papa en los estrados, junto con los funcionarios de gobierno.

“En estas ceremonias conjuntas, los obispos y cardenales mexicanos participaron como funcionarios del Estado Vaticano”, aclara Solalinde.

Y mientras tanto –contrasta– “la gente del pueblo sólo pudo ver al Papa atrás de las vallas, arriba de las azoteas o desde las últimas filas de los actos multitudinarios, ya que la gente bonita y pudiente los desplazó de los primeros lugares”.

Acusó “presión”

Durante los seis días que duró la visita, el Papa encabezó actos dirigidos a obispos, jóvenes, indígenas, niños, familias, presos, trabajadores y migrantes. Habló en términos muy generales sobre los espinosos temas de inseguridad, violencia, narcotráfico y corrupción, siendo muy cuidadoso para no aterrizar en la realidad mexicana.

Había grandes expectativas de que se reuniera con los padres de los normalistas de Ayotzinapa, por lo que, durante la conferencia de prensa dada por el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, el lunes 15, se le preguntó sí habría esa reunión.

Éste contestó, visiblemente molesto: “Se intenta presionar al Papa sobre el asunto Ayotzinapa”.

Demanda de los 43Dejó en claro que no se daría esa reunión porque el Papa no hace diferencias entre las víctimas, y recordó que a la misa de Ciudad Juárez estaban invitados todos los grupos de víctimas de las diferentes violencias.

Los padres de Ayotzinapa tenían destinados tres asientos en la misa. Ese mismo día, éstos anunciaron que declinaban la invitación.

Al respecto, comenta Solalinde: “Es injusto que se les hayan destinado únicamente tres lugares para irle a aplaudir al Papa, no para ser escuchados por él. ¡Es una bofetada a Jesús! Además esta gente es tan pobre que no tiene dinero para trasladarse hasta Juárez. ¡Es injusto!”

–¿Por qué fracasarían incluso todas las gestiones de la Compañía de Jesús para que se diera esta audiencia privada?

–Mire, los jesuitas serán muy jesuitas, y el Papa será muy jesuita, pero finalmente se impuso la estructura política del Vaticano que, en coordinación con el Estado mexicano, impidió esa reunión. Así de sencillo.

En efecto, la provincia mexicana de la Compañía de Jesús, encabezada por Francisco Magaña, gestionó para que se diera esa reunión ante los dos canales formales: el nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, y el secretario general de la CEM, Eugenio Lira Rugarcía.

En entrevista con este semanario, uno de los principales gestores de los jesuitas, el padre Sergio Cobo, director de la Fundación Loyola, dio algunos pormenores sobre estas negociaciones y explicó que le daban énfasis al problema de los desaparecidos por su “gran magnitud” de “nivel nacional”, pues ya alcanzaba la cifra de 26 mil.

Y añadió esperanzado: “A estas familias se les ha querido acallar y cansar con el fin de que todo se olvide. Pero pese a todas las presiones en su contra, han logrado que estos crímenes se mantengan en la luz pública. El Centro Pro (de la Compañía), junto con otras organizaciones, logró que el caso Ayot­zinapa fuera tomado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, justamente para que no quede impune.

“De manera que un encuentro con el Papa iría en la misma línea de derechos humanos; serviría para que el problema de los desaparecidos no se olvide. Él les podrá dar ánimo a los familiares para que continúen en su lucha. El Papa quiere tocar esa llaga durante su visita, más que convivir con políticos en recepciones palaciegas” (Proceso 2047).

Sin embargo, ya durante la visita papal, los jesuitas mexicanos se dieron cuenta de que estos políticos acaparaban la visita y bloqueaban la audiencia con las víctimas. Por eso, durante el encuentro privado que tuvieron con el Papa la noche del domingo 14, en la nunciatura apostólica, ya ni siquiera tocaron el espinoso asunto. Llegaron derrotados.

A esa reunión –que duró poco más de media hora– asistieron los seis jesuitas integrantes del equipo de gobierno de la provincia mexicana de la Compañía, entre ellos Magaña. Al Papa lo acompañaban otros dos jesuitas: el vocero Lombardi y Antonio Spadaro, quien en Roma dirige la revista de la Compañía Civilitá Cattolica.

Hablaron brevemente sobre el tema de los desaparecidos, entre ellos los de Ayot­zinapa y Tierra Blanca; de los mineros de Pasta de Conchos; de la canonización del Padre Pro; del trabajo de la Compañía en parroquias, misiones y universidades; de las impresiones del Papa sobre México, entre otros temas, según le relató el jesuita Pedro Reyes –uno de los asistentes– a la reportera Marcela Turati, en una entrevista para la agencia Apro.

Indica Solalinde que esa noche ya era muy claro el triunfo del “bloque” que le daba prioridad a la línea diplomática y le impedía a Bergoglio inmiscuirse en los asuntos internos del Estado mexicano: “El Papa fue tan cuidadoso que no sólo evitó reunirse con los familiares de las víctimas, sino que tampoco mencionó en sus discursos la palabra ‘desaparecidos’, ni mucho menos la palabra ‘Ayotzinapa’.

“Esto era precisamente lo que quería el gobierno de Peña Nieto, quien todavía pocos días antes del viaje papal envió a Roma a su canciller, Claudia Ruiz Massieu, para que negociara con la Secretaría de Estado del Vaticano y la visita se diera bajo estas condiciones.”

Solalinde alude al intempestivo encuentro entre Ruiz Massieu y el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, el pasado 22 de enero. De acuerdo con fuentes confidenciales, la canciller incluso le entregó a Parolin información sobre el probable involucramiento de los normalistas de Ayotzinapa en el envío de drogas a Chicago (Proceso 2050).

El embajador de México ante la Santa Sede, Mariano Palacios Alcocer, negó estas versiones –en una entrevista con el diario La Jornada, publicada el lunes 8–, señalando que “es ingenuo suponer o imaginar que alguien condicione lo que diga o deje de decir el Papa”, aunque adelantó que sus mensajes los haría “a la luz de la doctrina social de la Iglesia”, para alentar “la unidad, el encuentro, la esperanza, la conciliación y la concordia”.

Esa misma postura la externó Humberto Roque Villanueva, subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, quien adelantó que el obispo de Roma solo haría “reflexiones de carácter general” sobre la situación de violencia e inseguridad del país.

“Lo que tengo apreciado, por conversaciones que hemos tenido con la Iglesia católica, es que el Papa se va a referir a estos casos de forma general, que no va a particularizar. Tengo la impresión de que serán reflexiones de carácter general”, dijo Roque en una entrevista radiofónica transmitida el miércoles 3 en el programa La primera por Adela.

Ahí también descartó la audiencia con los familiares de Ayotzinapa, quienes, aseguró, sólo podrían participar como espectadores en “algunos de los eventos de carácter litúrgico del Papa”, pero sin siquiera poder saludarlo.

Y así fue.

Solalinde concluye: “El Papa es un hombre bueno. Pero, por desgracia, su investidura como jefe de Estado lo mantuvo maniatado. Él no es culpable de esta situación estructural que incluso es antievangélica, pues Cristo no fundó ningún Estado”.

Tampoco la pederastia

Sin embargo, Joaquín Aguilar, dirigente en México de la Red de Sobrevivientes Abusados por Sacerdotes (SNAP), sostiene: “Bergoglio también rechazó reunirse con las víctimas mexicanas de sacerdotes pederastas a pesar de que éste no es un asunto de Estado, sino interno de la Iglesia”.

–¿A qué atribuye entonces este rechazo? –se le pregunta.

–Simplemente a su desdén por nosotros. En sus viajes por otros países el Papa suele reunirse con estas víctimas. Lo acaba de hacer ahora en su viaje a Estados Unidos, en septiembre pasado. Para él, hasta en estas víctimas hay categorías. Y nosotros fuimos discriminados. Ni siquiera nos mencionó en sus discursos.

“Esperábamos que lo hiciera durante el encuentro que sostuvo en la Catedral Metropolitana con los obispos mexicanos, entre los que se encontraban encubridores de sacerdotes pederastas, como el cardenal Norberto Rivera, el obispo Rodrigo Aguilar, o los arzobispos Jesús Carlos Cabrero y José Luis Chávez Botello. Pero no. A los obispos los regañó por otras cosas.”

Fueron ocho las víctimas mexicanas que formalmente le solicitaron una audiencia a Bergoglio, mediante peticiones escritas que le hicieron al nuncio Pierre y al presidente de la CEM, José Francisco Robles Ortega. Venían de Oaxaca, San Luis Potosí y la Ciudad de México.

Entre éstas figuraba la del mismo Joaquín Aguilar, quien siendo menor de edad fue violado por el sacerdote Nicolás Aguilar, quien dependía del hoy cardenal Rivera Carrera. Y también estaba Jesús Romero Colín, a quien incluso el mismo Papa le envió una carta –de puño y letra– pidiéndole perdón porque fue violado por otro sacerdote de Rivera Carrera.

“Los nombres de las restantes seis víctimas de abusos se mantuvieron en reserva para protegerlos, pues incluso dos de ellos todavía son menores de edad”, explica el dirigente de SNAP.

En sus misivas a Pierre y Robles Ortega, fechadas el 15 de enero, estas víctimas les solicitan “su intervención” para que Bergoglio las pueda escuchar directamente sobre “tan grave delito que tanto nos ha lastimado, así como a nuestra Iglesia católica”.

Y agregaban que “radicamos actualmente en tres estados de la República Mexicana y estamos dispuestos a trasladarnos al lugar donde se nos indique para asistir a dicha reunión”.

Relata Aguilar: “Estuvimos telefoneando y enviando correos electrónicos tanto a la nunciatura como al episcopado para preguntar cuándo tendríamos la audiencia. Siempre nos decían que esperáramos, que el Papa probablemente nos recibiría muy de mañana en la nunciatura, antes de salir a sus actividades. Pero nada. Jamás nos recibió”.

Lamenta que el Papa se haya referido tanto a las víctimas de abuso sexual como a los familiares de Ayotzinapa ya cuando iba en el avión que lo regresaba a Roma. “Nos mencionó lejos del territorio mexicano. ¡Qué decepción!”, dice.

En efecto, Bergoglio les explicó a los periodistas en su vuelo de regreso que rechazó reunirse con los grupos de familiares de desaparecidos porque “están enfrentados entre ellos”. Y que no les dio audiencia a las víctimas mexicanas de pederastia sacerdotal porque en otros países ya se ha reunido con ellos.

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