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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Sabina Berman

Lecciones de Trump para nosotros

(Proceso No. 2089)

 

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1. Fue el sufrimiento, estúpidos.

Ya se han llenado y se seguirán llenando los espacios del lenguaje con explicaciones de cómo y por qué Trump fue electo presidente de Norteamérica. Pero la razón más básica, la innegable, es que la democracia neoliberal norteamericana dio hace tres décadas la espalda a las clases medias y pobres de su país, y la factura de esa traición es el señor Trump.

Dicho por un plomero norteamericano: “Yo cobraba 40 dólares la hora hace 10 años, por arreglar un lavabo o un sanitario. Hoy cobro 20 dólares, porque hay tres mexicanos indocumentados listos para hacer el mismo trabajo por ese precio”.

Trump prometió expulsar a los 6 millones de mexamericanos sin documentos, y también prometió obligar a las trasnacionales a cerrar sus plantas maquiladoras en México y otros países. Es decir, prometió a esos norteamericanos empobrecidos regresarles entre 10 y 20 millones de empleos, y eso le valió sus votos.

Dudar que Trump lo cumplirá, es una inocentada. Lo cumplirá. Con las dos cámaras del Congreso siendo republicanas, no tiene por qué no cumplirlo. Habrán persecuciones de mexamericanos, como si fueran delincuentes, habrán familias separadas, habrán campos de concentración de mexamericanos, habrán filas interminablemente dolorosas de hermanos nuestros cruzando la frontera con las manos en la nuca.

2. Y así Trump nos transferirá el sufrimiento del empleo precario y el desempleo.

No entenderlo, y por tanto no atenderlo, que parece ser la tentación del presidente Peña Nieto, nos llevará a una crisis colosal. No sólo la repentina repatriación de los indocumentados será un golpe, la pérdida de las remesas que enviaron al país durante décadas será otro golpe, y la pérdida de las plazas de trabajo en las maquiladoras, será un tercer golpe. Tres golpes tremendos.

Más nos vale que el presidente no acepte, encima, el oprobio de pagar la construcción del muro en la frontera. Supongo que las plazas del país se llenarían de ciudadanos en rebeldía.

3. ¿Sufrirá a la par Norteamérica que nosotros?

A la larga, probablemente. Como lo expresó Carlos Slim, que el gigante de la globalización, Norteamérica, sea quien clausure sus fronteras a la globalización, se transformará en una tragedia para ese gigante, porque aun si los empleos aumentaran ahí en lo inmediato, en lo mediato el poderío norteamericano en el planeta menguará en igual medida.

Amén que el día 1 de su gobierno, Trump empezará a desbaratar buena parte de lo que volvió admirable a la Norteamérica de Obama. Se interrumpirá la salud social, el Obamacare, se nombrará un juez supremo contrario a las libertades civiles, se suspenderán todas las protecciones al medio ambiente y se planeará el bombardeo masivo sobre Isis.

Pero lo que el New Yorker ha llamado ya como “la tragedia americana” será de ellos, no nuestra.

4. Para nosotros es tiempo de buscar nuestra fuerza.

Es decir, es tiempo de repensar a México. Un México desprendido de Norteamérica. Es tiempo de sacar cuentas de nuestros propios sufrimientos y de nuestros propios recursos.

Es imperativo que imitemos lo que ha venido haciendo Japón, desde que Trump, hace un año, lo describió como “un rival comercial” (y no un socio) “que nos está matando con su egoísmo”. A decir, realizar un inventario de nuestras fuentes de riqueza –el agro, la minería, y sí, la mano de obra barata, que ahora se incrementará de forma geométrica–, y volver la vista a nuevas latitudes –Sudamérica, Asia, Europa– para crear nuevos pactos económicos.

Una frase reconfortante imagina que “nuestra mejor política exterior es una buena política interior”, pero es una frase peligrosa, porque es falsa, y porque eclipsa la oportunidad que abre este momento de reacomodamiento de la geopolítica. Ahora que el gigante de la globalización cierra sus puertas, otros países grandes tendrán la oportunidad de agigantarse. Queremos estar con ellos. Queremos ser uno de ellos.

A decir del profesor de la Universidad de Keio, Toshihiro Nakayama, asesor del gobierno japonés: “La mejor contramedida de Japón contra Trump, es revisar si nuestras alianzas comerciales con Norteamérica son las más racionales y amplias a nuestra disposición, e imaginar otras mejores”.

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