Rumbo al cambio verdadero

MORENA la esperanza de México

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Álvaro Delgado

La aspirante presidencial Margarita Zavala, panista, está dispuesta a lanzarse como independiente en caso de perder la candidatura de su partido. Beneficiaria de la pensión de su marido, Felipe Calderón, ha rehuido presentar su declaración Tres de Tres pese a que continuamente llama a sus rivales a la transparencia. De igual forma, ni ella ni la asociación que dirige, Dignificación de la Política, dan información alguna sobre su patrimonio ni de la cantidad de dinero que han recaudado en eventos, ventas y donaciones.

(Proceso No. 2090)

 

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Margarita Zavala proclama la “dignificación de la política”, nombre de la asociación que preside, pero no predica con el ejemplo: aunque recibe donativos bancarios, “pasa la charola” en eventos, vende artículos propagandísticos y usa vehículos y soldados del Estado Mayor Presidencial, se niega a informar de sus ingresos y se aferra también al ocultamiento de su patrimonio y el de Felipe Calderón, su marido.

–¿Cuándo va a presentar su Tres de Tres? –le pregunta el reportero.

–Muy pronto. Sí, ya vi que además la tengo… La presentaré y la presentaré como la tengo que presentar de acuerdo a los mismos lineamientos, ni modo, del IMCO, los que presentó.

Así respondió la aspirante presidencial el miércoles 9 –un día después de la derrota de Hillary Clinton, a la que apostó–, pero no ha cumplido desde que, en febrero, se comprometió a presentar sus declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses.

Proceso solicitó formalmente al área de prensa de Zavala información precisa sobre la cantidad de recursos económicos que ha recaudado en cenas, desayunos y rifas, así como el monto de los donativos que ha recibido vía Paypal o la cuenta 4057243693 del banco HSBC, a nombre de la asociación civil Dignificación de la Política.

También se le solicitó a la aspirante presidencial la cantidad económica que ha recaudado por la venta ambulante y en línea de productos propagandísticos, como pocillos, tazas, teteras, playeras, cobijas, chamarras, chalecos, accesorios para teléfonos móviles, bolsos, zapatos, relojes, pulseras…

Pero hasta el viernes 18 Zavala no había respondido a la solicitud, pese a que su vocero, Héctor Escalante, garantizó que, desde una semana antes, proporcionaría la información solicitada por el semanario y que incluso se haría pública en línea.

Zavala creó, desde 2015, Dignificación de la Política, asociación civil sin fines de lucro que asegura que los donativos “son utilizados para el desarrollo de esta plataforma y la organización de foros, seminarios y todo tipo de eventos en los que se analizan y debaten los problemas y retos que México enfrenta”.

Con base en esa asociación civil, Zavala lanzó también la plataforma Yo Con México, la cual “busca promover y difundir todo tipo de iniciativas que provengan de la ciudadanía, tomando en cuenta a jóvenes, mujeres, universitarios y a cualquier ciudadano que se asume como parte de la solución que nuestro México necesita”.

Según esta iniciativa de Zavala, “la sociedad está cansada de los abusos y de las deficiencias en nuestra política”, y “justamente por ello surge Yo Con México, para incluir a todo aquel ciudadano que está dispuesto a representar un cambio, a buscar una mejora en su comunidad, y por eso los invitamos a que nos digan qué harían por México y que lo lleven a cabo”.

El segundo de los nueve objetivos de Dignificación de la Política es “integrar a la política valores como la ética, la honestidad, la verdad, la congruencia; darle dignidad a la política es un imperativo”.

Dichos y hechos

El problema es que esta prédica choca con la práctica de opacidad y ocultamiento de Zavala y su equipo, la mayoría exempleados del gobierno de Felipe Calderón, quien es una pieza estratégica en su proyecto presidencial.

Y así como no existe transparencia en los donativos que Zavala recibe a través de la asociación civil que preside –que se pueden hacer vía electrónica de entre 90 y 5 mil pesos u otra cantidad–, el donante que requiere una factura no tiene a quién solicitársela.

En la página de internet de Dignificación de la Política se ofrece el número del “Departamento Administrativo” para solicitar facturas por los donativos (el 7090-1290), pero no funciona.

Desde que organizaciones civiles, entre ellas el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), recogieron firmas para la iniciativa Tres de Tres, en febrero, la esposa de Felipe Calderón anunció en su colaboración de El Universal, el 8 de febrero, que ella ya la había firmado y llamó a hacer lo mismo.

“Esta es una gran oportunidad para comenzar a sacar a México de esta larga noche de corrupción y cinismo”, escribió Zavala, pero hasta ahora no ha sido congruente con su proclama de transparencia.

Aspirante a la candidatura presidencial del PAN, o por la vía “independiente” si es derrotada en su partido, Zavala Gómez del Campo no ha imitado a Anaya, su correligionario y también prospecto presidencial, quien ya presentó su Tres de Tres con su millonario patrimonio, aunque ha sido acusado de omitir ingresos.

Las organizaciones impulsoras de la Ley Tres de Tres habilitaron un portal de internet para que los servidores públicos, candidatos a puestos de elección popular y “personas de interés público”, categoría en la que entraría Zavala por no tener ningún cargo público ni partidario, hagan públicos de manera voluntaria sus bienes, entre ellos inmuebles, joyas, cuentas bancarias y de inversiones.

Sin embargo, la única “persona de interés público” que ha difundido su Tres de Tres es Jorge Castañeda, el excanciller que busca ser candidato presidencial sin partido, la misma vía que tiene Zavala como segunda opción.

Zavala nunca ha presentado públicamente su relación de bienes ni antes ni después de su más reciente cargo público (diputada federal de 2003 a 2006) y Calderón dejó de hacerla pública en 2013, tras entregar la Presidencia de la República a Peña.

Desde diciembre de 2012, Calderón y Margarita viven de la pensión mensual vitalicia del primero, que asciende a 205 mil pesos mensuales; ocupan un número indefinido de militares del EMP, vehículos terrestres y aéreos, así como servicios médicos de manera gratuita para ellos y sus tres hijos.

Calderón tiene otros ingresos: Cobra 150 mil dólares por cada conferencia que le consigue la empresa Harry Walker y, desde julio de 2016, se integró al consejo de administración de la empresa de energía Avangrid, filial de Iberdrola en Estados Unidos, cuyos honorarios deberá revelar Zavala en su declaración Tres de Tres.

“Margarita, mi historia”

Pero si la opacidad es característica de Zavala en materia patrimonial, la medianía define su trayectoria. Ella misma lo detalla en el libro autobiográfico: Margarita, mi historia, que imita a Calderón, quien para su campaña presidencial de 2006 publicó El hijo desobediente.

Zavala no hace en su libro las promesas que sí hizo Caderón en el suyo –como terminar con la pobreza de 27 millones de mexicanos y, en cambio, terminó creando 12 millones de pobres más–, y hasta parece tomar distancia de él:

“Yo tenía que cumplir el rol de pareja en el que nadie podía sustituirme: acompañar al presidente (…) pero en la toma de decisiones él era el responsable.”

La aspirante presidencial exhibe a Calderón cuando se confesaba impotente, porque a veces ni los miembros de su gobierno lo respetaban:

“En algunos días oscuros, Felipe me confiaba: ‘Doy órdenes que no se cumplen, directrices que no se siguen. A veces me siento como en una pesadilla en donde quieres correr y no puedes mover las piernas’.”

Sobre la estrategia de Calderón de declarar una “guerra” con el Ejército a los criminales, que generó más de 120 mil muertos –muchos de ellos de la población civil a manos de criminales y fuerzas pública–, heridos y desplazados, Zavala se dice víctima de la incomprensión:

“Me costó trabajo asimilar las críticas en materia de derechos humanos, me frustraba la percepción que privaba. Me consta que había muchas personas en el gobierno interesados en hacerlos respetar, Felipe incluido: sabía que se estaba haciendo todo lo posible, y me serenaba decirlo tanto como me sirvió aprender a no despreciar la crítica.”

También se dice dolida por su relación familiar con Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo, una de las dueñas de la guardería ABC, de Hermosillo, Sonora, donde murieron 49 niños en 2009:

“(…) Respecto de esa tragedia se hizo en mi contra una acusación de tráfico de influencias que soy incapaz de haber cometido. Sé que a los instigadores del dolor eso no les importa, como no parecen importarles mucho las víctimas, les preocupa más cómo servirse de algo para atacar a quienes no piensan como ellos.”

Y ante la sentencia contra varios implicados, incluido el esposo de su prima, dice: “La experiencia me permitió, una vez más, comprobar lo peligrosa que es la lentitud de los procesos judiciales, porque todo se distorsiona, y cuando no hay transparencia, cuando vivimos en la corrupción, el nivel de desconfianza es tal que ninguna autoridad resulta creíble; aparecen entonces los señalamientos y la búsqueda de quién la pague”.

También se dice lastimada por las acusaciones de Andrés Manuel López Obrador contra su hermano Diego Hildebrando –“el instante más oscuro de la campaña”–, cuyos negocios crecieron exponencialmente en el gobierno de Vicente Fox y cuando Calderón fue funcionario en ese sexenio.

“Después de eso me separé un rato de la campaña para procesarlo y perdonar, o de lo contrario ese hecho me hubiera generado un odio terrible con el que no me es más fácil caminar”.

A lo largo de su libro, Zavala defiende sin detalle su oposición al aborto –“prefiero equivocarme a favor de la vida, pero sin criminalizar a las mujeres”–, la dificultad de ser mujer en su partido –“la verdad es que había y hay una misoginia terrible en el PAN”–, y la corrupción: “algunos panistas actuales carecen de valores éticos”.

En la parte final de su libro, Zavala se duele de cómo le fue cerrado el paso para ser diputada federal y llama “bola de cobardes” a quienes no honraron su palabra de darle su voto:

“Me entristeció lo aberrante de la situación, yo conocí a un partido con gente valiente, que no se dejaba amenazar. Por momentos pensé, con razón, si les da miedo lo que opine un grupo, a la hora de enfrentarse al crimen organizado no sacarán de su interior más que cobardía. Por supuesto que no iba a litigar mi caso, alegando la falta de secrecía del voto, no iba a ventanear a una bola de cobardes: mi gente debería tener el valor de votar por mí, o por cualquiera, con mano alzada.”

En una parte de las 190 páginas de su libro, Zavala habla de su diputación local en la Ciudad de México (1994-1997) y su diputación federal (2003-2006), ambas plurinominales, una trayectoria legislativa más bien discreta, porque no menciona ni una sola iniciativa que haya presentado:

“La Asamblea fue una experiencia notable, porque diversifiqué los temas en los que había trabajado hasta entonces: participé en las comisiones de Derechos Humanos, Justicia, Atención a Grupos Vulnerables y Administración Pública. Con Luis de la Barreda, como titular de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, hicimos la ley para personas con discapacidad y trabajamos en el tema de reclusorios y sobre derechos humanos; redactamos muchas iniciativas que tenían que ver con Código Civil y procedimientos administrativos, pero la ley para personas con discapacidad es quizá de la que me siento más orgullosa de todas en las que intervine en ese tiempo.”

De su periodo como diputada federal, en el que fue vicecoordinadora de política social, tampoco describe una sola iniciativa que ella presentó porque, según ella, lo hacían en conjunto las mujeres:

“Procuré que todas, sin excepción, presentaran por lo menos una iniciativa durante la legislatura; las redactábamos juntas para que todas subieran a tribuna.”

En un momento, cuando cuenta sobre el día en que se inscribió en la Escuela Libre de Derecho, en 1985, Zavala habla de su relación con Calderón, pero también con Claudio X. González, actual presidente de la organización Mexicanos Primero e hijo del ideólogo del sector privado del mismo nombre.

“Me encontré a Felipe y a Claudio X. González, que era presidente de la Sociedad de Alumnos; los saludé y les dije que iba a formarme.”

También recuerda que, en 1988, Diego Zavala Pérez, su padre, fue candidato panista a diputado por el Distrito 38 y perdió ante Marcela Lombardo, candidata del Frente Democrático Nacional (FDN) encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas. El aspirante priista era Miguel Ángel Yunes Linares, hoy del PAN, gobernador electo de Veracruz…

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