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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Arturo Cano

Al PRI no le alcanzó su historia para tener un abanderado surgido de sus filas

  • El dedazo probó que goza de cabal salud, pues señaló y enseguida vino la cargada

 

 

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Arturo Cano

Periódico La Jornada
Martes 28 de noviembre de 2017, p. 7

Ser priísta, decían desde siempre en todos los foros, del seccional al consejo político nacional, es un orgullo. Tenemos, repetían hasta el cansancio, los mejores hombres y mujeres del país, los más experimentados, los más capaces. Pero ni el orgullo ni las décadas en el poder le alcanzaron al Partido Revolucionario (de la Revolución, dijo en un lapsus el ungido) Institucional para tener un abanderado surgido de sus filas.

El presidente de la República dijo lo contrario, pero sí fueron los elogios (de Luis Videgaray) y los aplausos (de los empleados de Videgaray) los que consumaron el destape de José Antonio Meade, que ayer simplemente se formalizó en Los Pinos.

Forma es fondo, repite el viejo adagio priísta un cercano a Manlio Fabio Beltrones. Y en este caso el fondo es que quedó bien claro quién manda.

Acto seguido, los despistados comenzaron a descubrir nuevas y grandiosas virtudes del elegido. Cada segundo le apareció un talento o una medalla hasta ahora desconocidos.

De Los Pinos, el doctor Meade –así le llaman los dirigentes aunque las bases gritan ¡Pepe, Pepe!, apenas lo ven– salió para cumplir el ritual de visitar las casas de los tres sectores del otrora partidazo, además de sostener una cuarta reunión con las organizaciones menores.

La primera escala fue en la sede de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Carlos Aceves del Olmo, secretario general cetemista además de presidente del Congreso del Trabajo, se cansó de dirigir palabras previas a los asistentes y terminó por quedarse callado un buen rato, a la espera del candidato.

Antes se decía destapador, ahora sólo estamos dando una vuelta a la tapita, dijo el líder sindical, en silla de ruedas, ya en presencia de quien llamó candidato de la esperanza.

Públicos controlados

La CTM ni siquiera pudo recibir al candidato en su auditorio principal, el Fernando Amilpa (no podía recibir tanta gente, usted sabe cómo está nuestro edificio, expresó Aceves al candidato), sino en un pequeño salón, como hicieron los sectores campesino y popular y el resto de las organizaciones. Actos pequeños, con públicos controlados. Los asistentes y el candidato sudaron la gota gorda, en una sala pequeña, a unos pasos del vestíbulo donde luce la estatua de Joaquín Gamboa Pascoe, sucesor de Fidel Velázquez y dueño de 15 millones de dólares en un paraíso fiscal, justo en los años en que el ungido ocupó por vez primera la Secretaría de Hacienda.

En la CTM, Meade se puso la corbata roja que le obsequiaron, y cuando llegó a la CNOP ya portaba un distintivo del partido en el que nunca ha militado. Para no ser militante del PRI, y a juzgar por sus intervenciones y las de sus anfitriones en los actos del día, Meade tiene muchos y viejos amigos en el tricolor.

Entre acto y acto la espera fue larga y permitió a los asistentes contar y recontar historias del candidato al que, ahora resulta, todos admiraban desde que era miembro del gabinete de Felipe Calderón.

Relevo convenido

Un par de dirigentes estatales se preguntaban entre sí: ¿Qué recibirá (Miguel Ángel) Osorio Chong a cambio de su disciplina? ¿Qué le darán para que no haga una huelga de brazos caídos o mande a sus huestes a apoyar a otro aspirante?

Uno que se incorporó a la charla destiló sabiduría: Chong ya convino su relevo con Peña Nieto: será Rosario Robles.

Cerca de ahí, un militante de mediana edad contaba una anécdota reciente del padre del candidato, a quien conoce como corredor en el bosque de Tlalpan. El padre del candidato era diputado del PRI y presidente de la Comisión de Hacienda cuando la cámara aprobó el rescate que México sigue pagando (el ­Fobaproa).

–¿Quién será –le preguntaron hace unos días sus conocidos en el bosque.

–Va a ser mi hijo.

–¿Por qué está tan seguro?

–Porque el PRI lo necesita.

Un miembro de la Juventud Popular lo pone de otra manera:

“El tricolor no eligió a un candidato, el PRI siguió a un candidato.”

Y a lo mejor el joven no anda tan despistado.

Desde el sótano de la impopularidad, carente de candidatos presentables, Peña Nieto optó, se decía ayer en los salones del PRI, por crear un escenario donde la disputa no será entre figuras, sino entre proyectos: el neoliberalismo contra el populismo. Se trata, claro, de propiciar que las élites económicas se definan.

Si esta lectura es correcta, los grandes perdedores inmediatos son Ricardo Anaya y Margarita Zavala, que pronto verán diluirse sus apoyos entre las élites y sus medios (El ritual del tapado nos retrasa 25 años en el tiempo, se quejó en las redes Zavala, aunque se cuidó de no tocar a quien fue secretario de Hacienda en el sexenio de su esposo).

Desde ya, en las redes sociales los opinadores comienzan a configurar para 2018 una elección entre dos punteros, con tercero y cuarto lugares arañando entre 10 y 20 por ciento de la votación.

En sus orígenes, el frente ciudadano fue levantado como un muro para detener a López Obrador. Con Meade como abanderado tricolor, esa motivación no existe más. Ha dejado de ser útil y de sus restos puede surgir la candidatura de Miguel Ángel Mancera por el PRD, que vuelve a ser relevante porque podría arrebatar votos al candidato de Morena.

Apartidista y sin compromisos

¿La elección del año que entra será entonces una repetición de la disputa por la nación ocurrida en 1988 entre Carlos Salinas y Cuauh­témoc Cárdenas? Con la sana distancia de Ernesto Zedillo, los priístas de pedigrí creyeron llegada su hora sin el presidente, y así les fue. Con Peña, los políticos-políticos, hasta donde vamos, se han rendido sin pelear.

El dedazo probó que goza de cabal salud. El dedo señaló y en seguida vino la cargada, ese súbito descubrimiento de las enormes virtudes del elegido, la unanimidad que inventa porras y desata empujones para la foto.

Aunque hará campaña como candidato apartidista, ciudadano y sin compromisos, el primer discurso de Meade tras su destape fue para pedir a los cetemistas que me hagan suyo. Y los líderes obreros lo hicieron de inmediato: ¡Pepe, CTM, Pepe, CTM!, gritaron sin parar. El máximo líder prometió que en 2018 acompañará a Pepe por todo el país, ya sin silla de ruedas.

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