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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Marta Lamas

Ebrard ante Morena y sus nuevas alianzas

(Proceso No. 2154)

 

 

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Marta Lamas

Cada quien habla de la feria como le va en ella. Cada quien habla de una figura política como le va con esa figura política. A mí y a un amplio sector de chilangas y chilangos nos fue muy bien cuando Marcelo Ebrard fue Jefe de Gobierno capitalino (2006-2012), pues como político progresista impulsó políticas públicas muy necesarias, defendió la laicidad del Estado y enfrentó el fundamentalismo religioso.

Ebrard tenía una clara perspectiva de lo que quería, y en una entrevista que le hice en ese entonces dijo textualmente: “Había que modernizar la visión de la Ciudad (de México) y, aunque eso implica muchas cosas, una pieza clave es expandir libertades y derechos”. En su gestión se consiguieron la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ley de identidad de género, y no obstante que a todas esas reformas se les puede encontrar ciertas limitaciones, el avance resultó inmenso.

Durante su campaña para ser Jefe de Gobierno, Ebrard se había reunido con un grupo de feministas a quienes les manifestó su compromiso con una agenda feminista amplia: “Hay que armar el presupuesto con una perspectiva de equidad de género; hay que cambiar la legislación que tiene que ver con violencia, que es sólo punitiva; hay que ver si podemos cambiar el sistema educativo, que está planeado para otra sociedad y que depende del gobierno federal, y, naturalmente, hay que buscar la despenalización del aborto”.

La interrupción legal del embarazo en el entonces Distrito Federal fue resultado de un conjunto de acciones de muy diversa índole que sostuvo una variedad de grupos y que se concretó en una reforma de ley, aprobada por mayoría de 46 votos a favor (PRD, PT, Convergencia, Alternativa, PRI y Panal), 19 en contra (PAN y PVEM) y una abstención (PRI). Ese triunfo político fue consecuencia de muchas cosas –del talante liberal de los habitantes de la CDMX; de la expertise jurídica de Leticia Bonifaz, la Consejera Jurídica, y otros abogados, como Jorge Carpizo, Diego Valadés, Pedro Morales Aché, Alejandro Madrazo y Pedro Salazar; del apoyo del Colegio de Bioética y otros intelectuales y científicos; de las tendencias internacionales hacia la liberalización de las leyes que criminalizan el aborto; de los tratados internacionales ratificados por México que protegen derechos de las mujeres, al igual que las recomendaciones de los Comités de Derechos Humanos realizadas al gobierno mexicano en la misma materia, y del compromiso decidido del PRD y de tod@s l@s asambleístas perredistas en la ALDF, así como del entonces Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, quien tenía la posibilidad de vetar dicha reforma.

Ebrard no sólo no la vetó, sino que la apoyó claramente. Cuando le dijeron que esa reforma le iba a salir “muy cara electoralmente”, él respondió: “Si queremos ganar elecciones sin crear polémica, entonces casi no podemos tomar decisiones”. Como Jefe de Gobierno asumió que era una política pública muy necesaria y dio claras instrucciones al secretario de Salud del DF para que implementara un servicio de acceso universal y gratuito.

En varias entrevistas Ebrard explicó que tomó esa decisión por ser congruente con sus convicciones. También criticó al PRI por hacer un pacto con las Iglesias, primordialmente con la católica, a cambio del apoyo electoral. “Mira, yo siempre he sido un liberal. Yo no creo que la Iglesia, o las Iglesias en general, en particular la Iglesia católica con el peso que tiene, deban definir el contenido de las leyes”. Y subrayó que un tema esencial para toda la vida democrática del país es respetar el límite legal que tienen las Iglesias para que no participen en la esfera del Estado, ni intervengan en la formulación de leyes.

Me complace gratamente el regreso de Marcelo Ebrard a la vida política, y era previsible que se incorporara vía Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Pero no sé si, debido al tiempo durante el cual se ausentó del país, Ebrard desconoce las iniciativas legislativas del Partido Encuentro Social (PES), de filiación religiosa, con el cual Morena estableció una alianza que en palabras de AMLO es “no sólo electoral, sino de valores”.

Para quienes estamos decepcionadas y preocupadas por el rumbo que ha tomado la izquierda en México, la llegada de Ebrard a Morena abre varios interrogantes, de los cuales planteo sólo dos: ¿Cómo enfrentará el sesgo religioso del empresario “provida” Alfonso Romo como Coordinador del Proyecto de Nación de Morena? ¿Cómo se aprobarán las designaciones a candidaturas de los integrantes evangélicos del PES?

En fin, el poder es siempre una realidad compartida y los pactos y alianzas que han surgido en este periodo electoral ponen de manifiesto que, aun cuando proporcionan muchas oportunidades, también imponen no pocas limitaciones.

La historia nos ha mostrado que son escasos los políticos con un verdadero compromiso feminista. Marcelo ha sido uno de ellos, y sólo espero que la alianza de Morena con el PES no le imponga la lógica de “el fin justifica los medios”. Toda acción política implica transigir y negociar, pero cuando se unen electoralmente izquierda y derecha lo lamentable es que lo primero en lo que se cede son las demandas por las cuales las feministas hemos luchado durante años. Si no, vean el silencio que guardan los candidatos del PRD y Morena sobre nuestros temas. ¿Podrá Ebrard impulsar sus convicciones liberales dentro de Morena?

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