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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Salvador García Soto

La ruptura de las élites y el caso Anaya

(El Universal)

 

 

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Salvador García Soto

Un enfrentamiento tan frontal y visceral como el que sostiene el gobierno de Peña Nieto contra el candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, solo puede tener origen en un rompimiento entre las élites del sistema político. Si Anaya fue durante mucho tiempo el opositor consentido del peñismo y tuvo una cercana relación con el canciller Luis Videgaray —de quien se dice que incluso lo financiaba en su ascendente carrera política— ¿qué fue lo que ocurrió para que se hayan roto los puentes y hasta los “pactos” que el hoy candidato presidencial investigado había hecho con el presidente y Videgaray en Los Pinos en aquella reunión secreta a la media noche del 20 de enero de 2017?

Una historia que confirman fuentes cercanas a la Presidencia de la República explicaría cómo fue el proceso de ruptura que llevó a la situación de encono y guerra total que hoy sostiene el grupo gobernante contra el candidato que ocupa el segundo lugar en las encuestas presidenciales. En realidad el rompimiento con Anaya es consecuencia de otra ruptura mayor: una entre el presidente Peña Nieto y el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que se produjo a finales de 2016 y tuvo como origen el control de la sucesión presidencial que hoy está en marcha.

En noviembre de aquel 2016, cuando Claudia Ruiz Massieu fue integrada al Consejo Político Nacional del PRI junto con otros miembros del gabinete, arreciaron los rumores y versiones en columnas que veían en la entonces influyente canciller a una aspirante a la candidatura presidencial del PRI. La heredera del clan Salinas era impulsada por todo el grupo político de su tío, que la veía como la “opción” ante la debilidad que percibían de los prospectos del presidente Peña, tras la estrepitosa caída del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que había tenido que renunciar en medio del escándalo por la visita de Donald Trump en agosto de 2016.

Con su “hombre fuerte” fuera de circulación y noqueado políticamente, el grupo salinista creyó tener posibilidades de impulsar a la rutilante estrella que entonces acompañaba a Ruiz Massieu a la candidatura presidencial. Pero los movimientos del salinismo no gustaron para nada en Los Pinos, donde sintieron amenazado el control natural de la sucesión que le correspondía a Peña Nieto. Fue el mismo Videgaray quien regresó a la escena en aquel diciembre de 2016 para poner a trabajar a uno de sus “sabuesos”, el director de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda, Alberto Bazbaz, entonces bajo las órdenes del secretario José Antonio Meade. El encargo a Bazbaz tenía nombre y apellido: Emiliano Salinas Ocelli, el primogenito varón del ex presidente Salinas, a quien comenzaron a investigar y a rastrear por transferencias financieras internacionales con su asociación In Lak Ech donde aparentemente había irregularidades.

Cuando el ex presidente se enteró a principios de diciembre de 2016, por voz del propio Emiliano, que estaba siendo investigado por Hacienda y por el SAT por presuntas operaciones irregulares, de inmediato buscó contacto telefónico desde Londres con la oficina del presidente Peña Nieto; al no encontrar respuesta, el ex mandatario viajó a México y pidió una audiencia directa con el presidente. Cuando lo recibieron en el despacho presidencial, Peña no estaba solo: a su lado estaba Luis Videgaray y a la pregunta de Salinas de por qué investigaban a su hijo, le respondieron con documentos y seguimientos de tansferencias que sustentaban la investigación del SAT. El mensaje era claro: no querían a Salinas metido en la sucesión y le pedían hacerse a un lado para dejar que el presidente decidiera quién sería el candidato del PRI.

La siguiente acción de Peña fue contundente: el 4 de enero, en medio de las protestas, disturbios y saqueos que arreciaban en todo el país por el “gasolinazo”, despidió a Claudia Ruiz Massieu de Relaciones Exteriores y para que noquedaran dudas resucitó a Luis Videgaray, su operador de mayor confinaza. La cara de molestia y extrañeza de la defenestrada canciller fue motivo de múltiples análisis y comentarios, y con su salida la ruptura se hizo más que evidente. Al mismo tiempo para Peña crecía y se descontrolaban los saqueos en tiendas y centros comerciales de toda la República, con la irrupción de grupos perfectamente organizados que azuzaban a una población claramente enojada y molesta con el aumento de las gasolinas y su impacto en la inflación.

El rompimiento Salinas-Peña estaba dado, y lo que vendría después es lo que involucra directamente a Ricardo Anaya que cometió un grave error que hizo que en Los Pinos se prendieran las alertas y que el joven político que hasta entonces era visto como “amigo” y hasta como un posible “Plan B” del peñismo para la Presidencia, pasara a ser considerado un “traidor y mentiroso”, que le retiraran no solo el apoyo (incluso financiero) y que comenzara una cacería que hoy tiene al candidato del Frente a punto de ser acusado de ser parte de una red de lavado de dinero. Mañana contaremos cómo el acercamiento de Anaya con el ex presidente Salinas lo volvió el enemigo número uno del peñismo.

sgarciasoto@hotmail.com

La ruptura de las élites y el caso Anaya (II)

El entonces dirigente del PAN fue llamado a Los Pinos el 20 de enero de 2017 a la media noche, a donde llegó junto con su asesor Santiago Creel. Estuvieron reunidos varias horas en el despacho presidencial y ahí, con el flamante canciller Luis Videgaray, quien era hasta ese momento su principal promotor, Ricardo Anaya acordó la candidatura de Josefina Vázquez Mota y una suerte de “pacto” para que él fuera después el candidato del PAN con el apoyo del régimen.

Hasta ahí las cosas iban bien en la relación Peña-Videgaray-Anaya, y el llamado “joven maravilla” seguía cercano al ánimo de Los Pinos. Pero Ricardo Anaya cometió un error que le valdría ser acusado de “traidor” y perder totalmente la confianza de Peña y del canciller Videgaray: a instancias de sus asesores más cercanos, Anaya aceptó un acercamiento con el ex presidente Salinas en busca de asesoría para lograr su ansiada candidatura a la Presidencia.

Cuando la noticia de ese acercamiento llegó a la casa presidencial se prendieron las alarmas y el hecho fue tomado con recelo por el presidente Peña que no entendía cómo el joven político al que habían apoyado en su ascenso al panismo, y que había aceptado apoyar todas sus reformas a cambio de esa “ayuda”, hoy les daba la espalda. El “Pacto de Los Pinos” con el dirigente del PAN se comenzó a desdibujar cuando, el 27 de marzo de 2017, se publicó una investigación de la PGR que acusaba de “lavado de dinero” al padre y los hermanos de la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, a quien a partir de ahí la tiraron en picada y nunca volvió a levantarse en las encuestas por la gubernatura mexiquense, con lo que se caía una de las grandes apuestas de Anaya

Fue la primera señal de fractura entre el líder panista y Los Pinos. La estrepitosa derrota del PAN en el Estado de México y los reclamos internos de Vázquez Mota, que se decía “traicionada y abandonada” por Anaya, obligaron al dirigente blanquiazul a intentar un rescate desesperado de la gubernatura de Coahuila para lo cual presionó y mandó mensajes de chantaje al gobierno federal: si le reconocían el triunfo a Guillermo Anaya, él no impugnaría los excesos y violaciones cometidas en la elección mexiquense, caso contrario, denunciaría una “elección de Estado” el 4 de junio de 2017. La respuesta a Anaya, directo de Peña Nieto, fue que no negociarían un triunfo que el PRI podía sostener con sus actas. Y comenzó la guerra judicial por Coahuila que terminaría ganando, con ayuda del Tribunal Electoral federal, el priísmo.

En agosto del 2017, Anaya vio venir el primer golpe en su contra con la investigación de EL UNIVERSAL sobre el crecimiento de su patrimonio y el de su familia política en los últimos 14 años de su actividad en la política. Enterado por el propio reportero de lo que se publicaría al día siguiente para ofrecerle dar su versión sobre el contenido del reportaje, el dirigente panista retomó, hábilmente, la bandera de la Fiscalía General de la República y su rechazo al llamado “Fiscal carnal”, que en la persona del ex procurador Raúl Cervantes, el PRI insistiría por esas fechas en volver a proponer mediante el “pase automático”. Ya entonces, el dirigente comenzó a culpar al gobierno de “filtraciones de expedientes oficiales” en su contra y le declaró la guerra abierta a Peña Nieto y a su partido, declaración que fue respondida con una consigna, impedir a toda costa la creación del Frente Opositor, y con una frase que atribuyen directamente al presidente: “Cualquiera menos ese traidor y mentiroso para la presidencia”.

Asesorado y apoyado por sus nuevos aliados políticos, Anaya pudo armar el Frente por México con el PRD y MC, y tras el rompimiento de Margarita Zavala y su negociación con Rafael Moreno Valle se despejó a sí mismo el camino para la candidatura del PAN; luego con ayuda de Los Chuchos y de Alejandra Barrales arrolló a Miguel Ángel Mancera que tuvo que conformarse con la candidatura al Senado. Ya como candidato de la coalición Por México al Frente el joven creció, tanto como también creció la animadversión que le tienen en Los Pinos. Y vino entonces la guerra total y el uso descarado de la PGR, del Cisen y de Gobernación, como los artífices y brazos políticos de una cacería en su contra hoy en marcha y aún de pronóstico reservado.

Anaya traicionó la confianza y el apoyo de Peña y de Videgaray y se acercó a otros poderosos intereses que le ofrecieron llevarlo a la batalla final con Andrés Manuel López Obrador ¿Llegará a esa batalla o lo tirarán antes de la candidatura?

NOTAS INDISCRETAS…Una fuente cercana al ex presidente Carlos Salinas de Gortari, se comunicó para asegurar tres cosas en relación a lo dicho en este espacio sobre el ex mandatario: 1. Que él (Salinas) tiene una “buena relación y respetuosa” con el presidente Peña Nieto y con la Secretaría de Hacienda. 2. Que a su hijo Emiliano Salinas no lo han investigado. Y 3. Que no tiene relación con Ricardo Anaya…Giran los dados. Escalera y buen tiro.

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