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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Carlos Fernández-Vega

México SA

Barones: alforjas llenas
Utilidades: 1.27 billones
Fobaproa: casi un billón

(La Jornada)

 

 

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Carlos Fernández-Vega

Ayer por la noche Enrique Peña Nieto inauguró la que para él fue la sexta y última convención bancaria como inquilino de Los Pinos, durante la cual fue recibido y despedido con una nutrida tanda de aplausos.

Pero en el hecho es que los barones del dinero quedaron felices con EPN, porque nunca como a lo largo de su mandato acumularon tantas utilidades netas, algo así como 517 mil millones de pesos en cinco años (2013-2017) limpios de polvo y paja, sin considerar los más de 100 mil millones que se embolsarán en 2018.

Y la razón de su felicidad se explica rápida y fácilmente: con Peña Nieto en Los Pinos, los barones del dinero que operan en México incrementaron sus utilidades netas en 45 por ciento, respecto de las obtenidas (2007-2011) en tiempos del tal Jelipe Calderón, quien, dicho sea de paso, también fue generoso en extremo con los señores de la banca. Entonces, ¿de a cómo el aplauso?

Algunos asistentes a la convención de banqueros estimaron en 60 segundos la duración de los aplausos de recepción y despedida que los barones del dinero regalaron ayer a EPN en Acapulco, como reconocimiento por los más de 283 millones diarios en utilidades netas (11.8 millones por hora, sábados, domingos y días festivos incluidos) obtenidos durante su estancia en la residencia oficial.

Si se quiere medir de otra forma, las utilidades obtenidas por los barones del dinero que operan en México en el periodo 2013-2017 (más las estimadas para 2018) equivalen a cerca de 64 por ciento del saldo actual del rescate bancario (Fobaproa-IPAB), el cual desde hace 23 años el gobierno zedillista y sucesores discrecionalmente facturaron a los bolsillos de los mexicanos, y estos siguen pagando por el tiradero de un festín al que nunca fueron invitados.

Entonces, a ojos de los barones del dinero, la generosa despedida de Peña Nieto como inquilino de Los Pinos está más que justificada, porque su generosa evaluación nada tiene que ver con la lacerante realidad del país y de sus habitantes, sino con el mundo mágico de las macro utilidades acumuladas y la permisividad gubernamental para que los señores hagan lo que les venga en gana.

Desde luego que todo ello no ha sido exclusivo del sexenio peñanietista. De hecho ha sido la norma, desde cuando menos los tiempos de Ernesto Zedillo, el señor del rescate, en 1995, y el inicio de la extranjerización bancaria (a estas alturas alrededor de 80 por ciento del sistema financiero que opera en el país es propiedad de extranjeros).

De entonces a la fecha, de los exprimidos usuarios de la banca que opera en México, los barones del dinero han obtenido un billón 271 mil millones de pesos en utilidades netas, más 240 mil millones por los pagarés Fobaproa (que Vicente Fox y su secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz) se apuró a cobrar.

Cinco sexenios al hilo con utilidades netas que han crecido como la felicidad en los cuentos de hadas. De hecho, si se comparan las ganancias que la banca obtuvo en el sexenio de Zedillo con las reconocidas en el de Peña Nieto, el incremento de tales dineros (incluida la proyección 2018) ha sido de 2 mil por ciento.

La carga pesada, onerosa, de todo esto le toca a los mexicanos, quienes no obstante que a lo largo de 23 años han pagado y pagan puntualmente por el rescate bancario ordenado por Zedillo, todavía deben –quiéranlo o no, y gracias a muchos priístas y panistas que se mantienen incrustados en la ubre presupuestal– casi un billón de pesos. Así es: unos gozan y aplauden a los inquilinos de Los Pinos, y otros se joden y avientan mentadas.

En el balance, hay que recordar cómo les fue a los barones del dinero con otros inquilinos de Los Pinos. Con Ernesto Zedillo acumularon utilidades netas por 30 mil millones, sin olvidar que el espeluznante tiradero que dejaron los amigos de Carlos Salinas (quien reprivatizó la banca y la entregó a sus cuates) costó 20 por ciento del producto interno bruto y se lo cargaron, íntegro, a los mexicanos, incluidos los que ni siquiera un cajero automático tenían en su lugar de residencia.

Ya con Vicente Fox en la residencia oficial, los señores de la banca crecieron sus utilidades hasta 194 mil millones de pesos (cerca de 550 por ciento más que con Zedillo), más alrededor de 240 mil millones por los pagarés Fobaproa, producto de un rescate ilegal que los prianistas se encargaron de legalizar, ello sin olvidar la generosa exención fiscal por la compra-venta de instituciones bancarias.

Llegó el tal Jelipe a Los Pinos, y en su sexenio los barones del dinero se embolsaron 427 mil millones de pesos, 220 por ciento de incremento respecto del resultado durante el sexenio del ranchero mariguanero. Pero Calderón también fue muy generoso a la hora de exentar y/o devolver impuestos a los banqueros, y la auditoría Superior de la Federación ha dado puntual cuenta de ello.

Y finalmente –mientras se instala el próximo inquilino de Los Pinos–, con Peña Nieto obtuvieron 517 mil millones de pesos en el periodo 2013-2017, más un estimado no menor a 100 mil millones proyectados para 2018. Entonces, alrededor de 620 mil millones a lo largo de la administración que movería a México.

¿Queda clara la razón de la creciente alegría de los barones del dinero que operan en México?

Por cierto, ayer el presidente en turno de la Asociación de Bancos de (en) México, Marcos Martínez Gavica, estaba de buen humor y se aventó la siguiente puntada: la banca trabaja para el país y no importa quién o de qué color o de qué lado sea su gobierno; no tiene que ver si es de izquierda o de derecha; (lo importante) es cómo se maneje la economía para que haya un mayor crecimiento y estabilidad.

¿En serio? Sí: una economía que a duras penas crece 2 por ciento, mientras las utilidades de los barones del dinero aumentan año tras año y de forma exponencial.

Y para hoy, los tres candidatos al hueso mayor aparecerán formaditos ante los banqueros para pedir su visto bueno.

Las rebanadas del pastel

La buena: que el esquizoide de la Casa Blanca no impondrá aranceles a la importación de acero y aluminio mexicanos; la mala, que se trata de una medida temporal; y la peor, que si no llegamos a un acuerdo en la negociación del TLCAN (Trump dixit), entonces va pa’tras, papá… Dos chistoretes de coyuntura: la relación con Estados Unidos está en su mejor momento (Luis Videgaray) y México no dejará que los mayores aranceles a las importaciones de acero y aluminio presionen las complejas negociaciones del tratado trilateral (Ildefonso Guajardo).

Twitter: @cafevega

cfvmexico_sa@hotmail.com

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