Rumbo al cambio verdadero

MORENA la esperanza de México

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Jesusa Cervantes

La desnacionalización petrolera

Enrique Peña Nieto, José Antonio González Anaya, Luis Videgaray y José Antonio Meade. Foto: Octavio Gómez

(Proceso No. 2159)

 

 

 

El 18 de marzo de 1938, el presidente de México, general Lázaro Cárdenas del Río, anunció la expropiación de la industria petrolera, y con ello las grandes empresas extranjeras –algunas antecesoras de BP, Shell o Chevron– que extraían el hidrocarburo mexicano debieron salir del país.

Tres meses después nació Petróleos Mexicanos (Pemex), creada para “prestar servicios al Estado” explorando, produciendo y explotando el hidrocarburo para beneficio de los mexicanos. Su arranque fue posible gracias al dinero que miles de ciudadanos aportaron.

Hoy, 80 años después, las grandes firmas extranjeras no sólo regresaron a México –BP, Chevron y Shell, entre ellas–, sino que tienen a Pemex como su empleada. El ingeniero Fabio Barbosa Cano, experto en aguas profundas, dice a Proceso que Pemex es hoy “una mera administradora de instalaciones y empleados”. Todo gracias a la lenta privatización que inició Carlos Salinas de Gortari y culminó Enrique Peña Nieto con la reforma energética.

De ser una de las principales del ranking mundial como productora de petróleo, Pemex hoy está en octavo lugar. De tener refinerías con 80 y hasta 90% de producción, hoy las tiene funcionando apenas a 40 o 60% de su capacidad.

De exportar 50% del crudo, ahora lo hace en 80%, lo que ha obligado a la importación de gasolinas para el abasto local. De contar con las mejores plantas petroquímicas, hoy necesita comprar etano al extranjero para poder mantenerlas con una mediana producción.

Los 17 mil kilómetros de ductos por los que se transporta gas y gasolina pasaron de ser un tema de seguridad nacional a un simple objeto de renta al mejor postor, con las llamadas “temporadas abiertas” o “venta de plaza”.

Y lo más grave, de detentar la exclusividad de México para explorar, explotar y producir crudo, ahora empresas de 17 países tienen en sus manos contratos para dichas actividades en 116 mil kilómetros cuadrados de territorio nacional, en mar, tierra firme y aguas someras.

Si en 1938 Cárdenas expulsó a las grandes empresas petroleras que explotaban los bienes nacionales, Enrique Peña Nieto no sólo permitió la entrada de compañías de 17 países, sino que además les entregó la información geofísica y geológica que durante décadas investigaron y desarrollaron los ingenieros de Pemex.

En su más reciente reporte ante la Bolsa Mexicana de Valores, Pemex consignó pérdidas por 352 mil 259 millones de pesos, sólo en el último trimestre de 2017.

A todo lo anterior hay que sumar que el gobierno federal ha puesto en venta todo lo que ha podido: desde tornillos, rieles, vehículos, válvulas, casas, terrenos, buques-tanque y plantas petroquímicas hasta grandes plataformas marinas. Todo se ha rematado al mejor postor e incluso se ha vendido tres veces por debajo de su valor real.

En suma, en el aniversario 80 de la expropiación petrolera no queda ni el suspiro de lo que Cárdenas pudo haber soñado.

Venta de garaje

Geóloga, extrabajadora de Pemex “y abuela”, como se presenta, María Fernanda Campa –además, hija del líder comunista Valentín Campa– resumió y alertó el 3 de junio de 2008 a los legisladores federales del peligroso rumbo a la privatización.

Dimensionó el peligro, pero nadie la atendió. También trazó la línea del tiempo de la privatización. Recordó que desde 1982, con el estallamiento de la crisis de la deuda, las reservas petroleras pasaron de ser la joya de la corona, la razón de “la administración de la abundancia”, a ser moneda de cambio para la entrega de créditos por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), rehén de Estados Unidos.

“Por primera vez, desde la expropiación petrolera, la banca norteamericana obligó a Pemex a informar acerca de sus reservas petroleras y ponerlas como aval para los préstamos”. Desde 1938 –siguió– México sufrió el bloqueo de parte de la dupla anglosajona (Gran Bretaña y Estados Unidos, de donde eran las empresas expulsadas por Cárdenas) para que Pemex no avanzara.

Pero Pemex avanzó con el apoyo de todos los mexicanos, que hasta gallinas donaron para sacarla adelante.

En 1975, con el llamado “boom petrolero” y el descubrimiento de yacimientos como Cantarell, el bloqueo quedó de lado. Pero en 1995 sobre México pesó la presión para privatizar el sector petrolero.

En la línea de tiempo de la debacle de Pemex, Campa ubica el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la negociación del Tratado de Libre Comercio, el error de diciembre y el préstamo de 50 mil millones de dólares para que no cayera el país, hipotecando de nuevo el petróleo.

La carta de intención del FMI dice, leyó la geóloga en el Congreso: “El gobierno mexicano acelerará las reformas reglamentarias y legales pendientes, y los procedimientos administrativos necesarios para completar la desregulación de las frecuencias de los satélites, la electricidad y la privatización del sector petrolero”.

No fueron los presidentes, desde Miguel de la Madrid al actual, quienes privatizaron; sólo siguieron los dictados, afirmó Campa el 3 de junio de 2008, cuando se argumentaba contra la reforma petrolera que impulsaba Felipe Calderón.

Jaime Patiño Ruiz, ingeniero y extrabajador de Pemex, describe a este semanario lo concretado por los gobiernos priistas y panistas. En 1992 se dividió a Pemex: “La idea era separar la industria para enfocarse en explorar y producir crudo. Se abandonó la inversión en los sectores de transformación (refinación). Vender crudo era la opción de obtener dinero rápido ante los constantes incrementos de los precios internacionales. Refinación y petroquímica se abandonaron”.

Hasta 2013, sostiene, la restitución de las reservas se mantuvo al 100%; es decir que se descubrían volúmenes de hidrocarburos equivalentes a lo que se extraía cada año. “Desde 2014, cuando comenzó a ser efectiva la reforma, las reservas han caído constantemente y no ha habido restitución entre 2013 y 2016… En términos prácticos, la reforma ha detenido el nivel de la actividad exploratoria de Pemex”.

Sostiene que el trabajo de los exploradores de Pemex se ha centrado en preparar y organizar la información para la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).

Toda esa información que generó Pemex en décadas por parte de su personal altamente calificado y reconocido mundialmente, como datos de información geofísica y geológica que pagó la nación para su beneficio, “ha sido requisado por la CNH y comercializado a precios irrisorios”.

Lo anterior se refiere a la entrega de datos que hace la CNH a privados antes de someter a licitación las llamadas rondas para subastar y distribuir bloques, en los cuales, hoy, empresas de 17 países pueden explorar y explotar en territorio mexicano en búsqueda de hidrocarburos.

En México, sigue Patiño, “se ofrecen volúmenes de sísmica tridimensional con procesos altamente sofisticados y modelado geológico de prospecto en los bloques (lugar de probable yacimiento). Los mismos bloques en licitaciones se distribuyen en posiciones geográficas en las que ya Pemex había identificado prospectos con riesgos geológicos mínimos”.

La caída

Al abandonar los procesos de refinación y petroquímica para impulsar la exploración y exportación de crudo, decayeron las seis refinerías del país: Cadereyta, Madero, Salina Cruz, Tula, Lázaro Cárdenas y Minatitlán. Tienen capacidad para procesar 1 millón 600 mil barriles diarios, informa la ingeniera petroquímica Rocío Nahle; sin embargo, a 2017 su capacidad activa era de apenas 600 mil barriles diarios.

“Estamos dejando de producir refinados porque están cambiando de negocio. Están rentando todo en lugar de traer inversión, en lugar de producir más gasolinas… Ese 50% de crudo que no le están metiendo a las refinerías es porque lo están vendiendo al extranjero. Ahí está un desbalance como resultado”, sostiene en entrevista.

Los reportes de Pemex de agosto de 2016 señalan que debido a accidentes industriales y de mantenimiento, en las refinerías de Madero, Cadereyta y Minatitlán se redujo la oferta de combustibles al país, lo que obligó a importar el faltante.

Con la liberalización de los precios de las gasolinas, dejados al libre mercado a partir de enero de 2017, la gasolina ha pasado de 13 a 18 pesos la magna, lo que revela que la reforma energética, por lo menos para bajar los precios, no ha servido.

En 1992, cuando se decidió impulsar más la exportación de crudo que la producción de gasolinas, Salinas de Gortari determinó también “fraccionar a Pemex” bajo el modelo elaborado por la firma estadunidense McKinsey & Co., reveló el ingeniero y jubilado de Pemex Alfonso Hickman Sandoval en el libro Reforma Energética. Anticonstitucional, privatizadora y desnacionalizante.

El ingeniero Javier Jiménez Espriú, director comercial de Pemex de febrero de 1990 a julio de 1992, recuerda que los millonarios recursos que se obtenían de la venta de petróleo en el extranjero “antes regresaban al país”. Hoy se van a fideicomisos, según detectó la Auditoría Superior de la Federación en la revisión de la cuenta pública de 2012.

El mismo Jiménez Espriú relata a Proceso que el estudio que realizó McKinsey recomendaba la división de Pemex en cuatro áreas: Pemex Exploración y Producción, Pemex Refinación, Pemex Gas y Petroquímica Básica y Pemex Petroquímica; y también que entre ellos se vendieran los insumos, pero a precio de mercado.

“Desde 1990 se venía delineando esa división, pero Francisco Rojas Gutiérrez –que entonces estaba al frente de Pemex– y yo nos opusimos. En 1992, ocurridas las explosiones de Guadalajara, que dejaron 255 muertos, 700 heridos y centenares de personas sin hogar, Salinas ya no toleró más retraso y ordenó el cambio definitivo de Pemex.”

Ese mismo año, 1992, la principal reserva de hidrocarburos, Cantarell, tenía una producción diaria de 3 millones de barriles de crudo. La mitad era para exportación y la otra para consumo nacional. Pero en 1995, con Adrián Lajous al frente de Pemex, se autorizó un contrato de 15 años para inyectarle nitrógeno al yacimiento y acelerar la extracción; aunque se autorizó, no se concretó sino hasta el sexenio foxista, recuerda Nahle.

“En ningún país del mundo se inyecta nitrógeno a los pozos petroleros, porque los contamina y acaba. Lo que se aplica es gas o agua. Así lo dijeron los técnicos de Pemex, pero no les hicieron caso”, revela.

Luego vino Vicente Fox, quien desmanteló toda la flota de Pemex, “que era la más grande del mundo”, dice Nahle, para darle los contratos a Oceanografía.

En la revisión de las licitaciones de Pemex durante el sexenio foxista, fueron principalmente autos, pick-ups y tráileres lo que puso a la venta. En la administración de Felipe Calderón se sumaron autotanques, ambulancias, tornillos, llantas, fierro viejo, válvulas, instalaciones para almacenamiento y distribución de amoniaco, casas y buques-tanque.

Lo verdaderamente grave fue con Enrique Peña Nieto, quien sumó terrenos a las ventas, kilómetros de ductos, el complejo petroquímico Escolín en mil 572 millones de pesos y terrenos adyacentes en 68 millones de pesos. A la fecha no lo ha podido vender, pero sigue en oferta.

El colmo de las “ventas de garaje” de Peña Nieto es el remate de la plataforma marina Chemul, que tiene un valor de cuando menos 22 millones 245 mil dólares, pero que remató el 8 de diciembre de 2017 en 6 millones 745 mil dólares a la empresa mexicana Maquinaria Doga.

Pero no paró ahí. Aunque los complejos petroquímicos no han sido vendidos en su totalidad, sí ha puesto en venta algunas de sus partes, como en San Martín Texmelucan. A Cosoleacaque es a la única que le ha invertido: 2 mil millones de pesos en 2017.

Sin embargo, el resto de los complejos petroquímicos no funciona; Morelos, Cangrejera y Pajaritos no están a 100% de su capacidad. Y Camargo no opera desde 2001.

Saúl Hernández Ayala, jubilado y quien fuera gerente de Recursos Humanos de Pemex Petroquímica, señala a Proceso: Morelos y Cangrejera valen 3 mil millones de dólares cada uno; Cosoleacaque y Camargo, mil millones. Pajaritos está fuera de circulación luego de la explosión de 2016.

Con Salinas de Gortari México tenía 237 plantas petroquímicas agrupadas en los complejos Cangrejera, Morelos, Pajaritos, San Martín Texmelucan y Cosoleacaque, y en las llamadas unidades: Reynosa, Tula y Escolín. En el sexenio de Felipe Calderón quedaban sólo 67. Hoy, con la venta de San Martín Texmelucan y Escolín, así como el paro de Cangrejera, Morelos, Camargo y parte de Pajaritos, sólo opera Cosoleacaque.

Las petroquímicas trabajan con etano, pero este hidrocarburo no les ha podido llegar, dice Nahle, porque Pemex tiene que abastecer 66 mil barriles diarios de ese gas a Odebrecht durante 20 años.

Para mantener funcionando medianamente sus plantas petroquímicas, el pasado enero Peña Nieto comenzó la importación de 4 mil toneladas de etano a empresas texanas.

Todo lo anterior, como resultado de la reforma energética.

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