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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Sanjuana Martínez

La Marina también ejecuta civiles

Al igual que el Ejército, la Marina tiene cientos de quejas abiertas ante la CNDH por crímenes que van desde la tortura, la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales. Foto: Cuartoscuro

(SinEmbargo)

 

 

 

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Sanjuana Martínez

Los métodos de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar) son altamente letales y sin apego al irrestricto respeto a los derechos humanos.

Así lo demuestra su largo historial de crímenes de estado cometidos con la patente de corso que le proporciona el fuero militar. Su impunidad está garantizada en esta grave anomalía del estado de derecho en México, una aberración para cualquier democracia.

Los marinos y los militares están por encima de la ley. Su licencia para matar, les permite disparar desde un helicóptero el vehículo en donde viajaba una familia, como sucedió hace unos días en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Las ráfagas de las armas letales de la Marina fueron lanzadas desde el aire. La CNDH en un recorrido con el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo dirigido por Raymundo Ramos, recorrieron dos kilómetros en ese lugar y encontraron 78 impactos de bala de distintos calibres sobre el pavimento.

¿Dónde está el profesionalismo de la Semar para cometer semejante pifia criminal que terminó con la vida de una mujer y sus dos niñas de 6 y 4 años de edad?.
Peor aún, la Semar se adelantó y difundió un primer comunicado en donde ni siquiera hace mención de la muerte de los civiles y argumenta que el operativo se debió a un enfrentamiento y al fuego cruzado con presuntos delincuentes.

Pero en ese lugar no hay más vehículo que el de la familia Rojas Ruiz, ahí sobrevivió Efraín Rojas Santos. Fue él quien observó a un marino bajar del helicóptero para comprobar que se habían equivocado. Lo dieron por muerto. Y a continuación la Semar se adelantó a difundir un segundo comunicado señalando que la familia murió debido a los disparos de presuntos criminales. Mentira.

Las “verdades históricas” de la Marina ya no convencen a nadie. Sus crímenes de estado forman parta de la página de la ignominia que cubre la actuación de las impunes Fuerzas Armadas de México.

Al igual que el Ejército, la Marina tiene cientos de quejas abiertas ante la CNDH por crímenes que van desde la tortura, la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales. Su historial de la impunidad es amplio, extenso, interminable.

Durante estos doce años de guerra, la Marina ha ido aumentando el nivel de letalidad de sus acciones. Tomar la decisión de disparar contra un coche desde un helicóptero obviamente no ofrece ninguna certeza sobre los ocupantes del vehículo, pero eso no parece importarle a una institución que sabe que cuenta con pantente de corso y la impunidad garantizada.

Gracias a un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León (UNAM) titulado “Índice de letalidad 2008-2014:disminuyen los enfrentamientos, misma letalidad aumenta la opacidad”, sabemos que la Marina por cada persona que hiere en sus operativos, mata a 30, mientras el Ejército mata a ocho “enemigos” por cada uno que hiere.

No tenemos cifras exactas sobre los crímenes de estado cometidos por la Marina y el Ejército, porque el gobierno de Enrique Peña Nieto dejo de publicarlas hace años para salvaguardar el “buen nombre” de las Fuerzas Armadas.

Tampoco la Semar es transparente en sus cifras. Oculta los cientos de denuncias y quejas contra sus elementos por tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial.

Pero no las necesitamos. Con los resultados letales de sus “operativos” podemos darnos cuenta que tiran a matar y después averiguan. Es obvio que prefieren equivocarse causando sufrimiento y dolor a civiles, que reconocer sus errores.

En México la tortura es el pan de cada día. Durante el sexenio de Felipe Calderón aumentó un 1000 por ciento y podemos decir tranquilamente que durante la presente administración, ese porcentaje se duplicó. De las 4 mil denuncias que existían, solo 15 terminaron en condena. En México los torturadores agentes del estado, no son castigados, al contrario, se les protege.

Tampoco son procesados los marinos que desaparecen o ejecutan extrajudicialmente. Así lo saben los cientos de víctimas que va acumulando la Semar, los llamados daños colaterales, que no le importan.

La CNDH va también acumulando recomendaciones que no sirven para nada, recomendaciones que se tardan dos, tres o cuatro años en llegar y que la Semar se las pasa por el arco del triunfo, como la recientemente publicada que determina claramente que elementos de la Marina privaron de su libertad de forma “arbitraria” y ejecutaron a tres estadounidenses y a un mexicano en 2014.

Pero el almirante Vidal Soberón, secretario de la Semar prefiere mirar para otra parte y no afrontar las graves consecuencias de sus “operativos” fallidos.

Soberón finalmente se ha convertido en cómplice de crímenes de guerra. ¿Será capaz el estado mexicano de enjuiciar a sus propias instituciones? Nunca ha funcionado ser juez y parte, tal vez por eso, tendrán que ser la instituciones internacionales las que finalmente permitan el acceso a la justicia a los cientos, miles de víctimas mexicanas de las guerras fallidas de Calderón y Peña Nieto.

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Por Sanjuana Martínez

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