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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Jesusa Cervantes

“No habrá crisis económica” si gana Juntos Haremos Historia

A los fondos de inversión, a las calificadoras y las empresas de servicios financieros extranjeros no les preocupa la eventual llegada de Andrés Manuel López Obrador a Los Pinos; tampoco ven el riesgo de una crisis económica en México ni la depreciación del peso más allá de la que provocan los factores externos. Sus pronósticos coinciden con los externados por los asesores del tabasqueño –con quienes incluso se han reunido– y contrastan con el pesimismo de instituciones como CitiBanamex, Bancomer y de un sector furibundo del empresariado nacional.

(Proceso No. 2170)

 

 

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Jesusa Cervantes

A diferencia de los magnates mexicanos, los representantes de los grandes fondos de inversión extranjeros –algunos de los cuales se reunieron con el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, el mejor posicionado en las encuestas– no prevén un retiro de inversiones ni una crisis económica o una gran devaluación del peso mexicano.

A cuatro semanas de que se realice la jornada electoral, las empresas calificadoras internacionales aminoraron su temor al tabasqueño e incluso modificaron su lenguaje ante el fenómeno político que representa. En contraste, instituciones crediticias como CitiBanamex y Bancomer mantienen su pesimismo.

En su informe del 21 de abril pasado, CitiBanamex avizora un deterioro en la condición macro y microeconómica del país en caso de que López Obrador gane la Presidencia y prevé una volatilidad de peso.

Sin embargo, tras el anuncio del presidente estadunidense Donald Trump de imponer aranceles a la importación de acero mexicano, el peso se depreció aún más de lo que prevén algunos fondos de inversión que fueron encuestados por Nomura el pasado 21 de mayo.

Nomura, una de las empresas de servicios financieros más grande del mundo, encuestó a 109 de sus clientes inversores dispersados en todo el orbe, entre ellos fondos de inversión, bancos y miembros de la academia.

El resultado, dado a conocer entre sus clientes el 30 de mayo y del cual Proceso tiene copia, revela que los fondos de inversión son los más optimistas en cuanto a la oportunidad para adquirir activos, que los banqueros vislumbran una depreciación de 5% frente al dólar (que es menor a lo devaluado la semana pasada tras el anuncio del arancel al acero), y, en el mejor de los escenarios, los fondos consideran una apreciación en el mismo porcentaje.

Abel Mauro Hibert Sánchez, coordinador de proyecto económico del tabasqueño que participó en los encuentros con las cabezas de los fondos de inversión extranjeros, dice que sus interlocutores han sido receptivos: “Nos escuchan y se quedan tranquilos porque ven que es un programa económico sensato… que se mantendrá la autonomía del Banco de México y saben que no se van a cancelar contratos”.

–De las inversiones, ¿les han dicho que las retirarían si gana AMLO? –se le pregunta.

–No, no. Nos han dicho definitivamente que no. Es más la preocupación hacia adentro que hacia afuera.

El pronunciamiento de Hibert Sánchez es similar a lo que reveló la encuesta del gigante Nomura: “En otras palabras, los lugareños (mexicanos) parecían ser más pesimistas sobre la dirección de la economía que los extranjeros”.

El 71% de los entrevistados extranjeros respondió que el cambio sería “marginal” y el nuevo gobierno probablemente buscaría la continuidad, mientras que 70% de los clientes mexicanos de Nomura creen que habrá un “cambio significativo” si gana López Obrador.

De Nueva York a Londres y Acapulco

En septiembre pasado, AMLO realizó una gira por Washington y Los Ángeles, luego se fue a España y a la capital británica. A su regreso pisó Nueva York.

En esta última ciudad y en Londres, detalla Hibert Sánchez, el tabasqueño se reunió con inversionistas, representantes de fondos de inversión y con banqueros internacionales.

“En Londres se entrevistó con diferentes fondos que tienen preocupación por México. En Nueva York tuvo contacto con otros fondos, empresas petroleras –son más de 400–, así como las calificadoras J. P. Morgan, Standar & Poor’s, Moody’s.”

Ya en México, el 7 de mayo tuvo un encuentro de una hora con Larry Fink, presidente ejecutivo de BlackRock, el fondo más grande del mundo. Estuvo acompañado por Carlos Urzúa, quien probablemente sea el secretario de Hacienda si el tabasqueño gana los comicios.

Al término de la reunión, Urzúa declaró a la agencia Reuters: “Fue una reunión muy afable, entre otras cosas porque Larry Fink conoce extraordinariamente bien a México. Es una persona con una visión no solamente empresarial, sino social. Hubo un ‘click’ inmediato entre ellos. Ambos salieron encantados de la reunión”.

Rocío Nahle, candidata al Senado por Veracruz y quien sería la titular de la Secretaría de Energía en caso de ganar López Obrador, aclaró en una entrevista que la reunión fue solicitada por BlackRock.

Y añadió: “Fue tranquila, sólo querían conocerlo. No hablaron de contratos ni de la reforma energética. Ellos sólo mostraron que son un fondo en todo el mundo, que es el más grande y que tiene operaciones en México. Andrés Manuel les dijo que iba a haber certeza, que los contratos donde todo está bien los inversionistas no iban a tener problemas, que estuvieran tranquilos”.

Nahle elaboró un informe al candidato presidencial donde se detalla la participación de BlackRock en la construcción del ducto Los Ramones II, en el ducto de transporte de gasolinas y dísel que va de Tuxpan al centro del país. BlackRock es el inversor principal de la Bolsa Mexicana de Valores y posee acciones en América Móvil de Carlos Slim, así como en Cemex, Coca Cola, FEMSA y Alfa.

Después del encuentro, el fondo difundió un comunicado en el que asegura que BlackRock tiene extensos vínculos con México “independientemente de las afiliaciones partidarias”.

En entrevista con Proceso, Hibert Sánchez detalló que en cada encuentro con fondos de inversión o banqueros se expone el plan económico, se les aclara que éste busca mantener el balance macroeconómico, que los programas propuestos serán financiados con gasto corriente que saldrá del gobierno al ahorrar 2% del Producto Interno Bruto, y que no habrá nuevos impuestos, entre otras cosas.

“Ellos siempre nos preguntan si es viable y les decimos que del análisis a profundidad que hemos hecho al gasto hemos visto que es bastante factible, pues el gasto público es elástico y hemos visto sobregiros de hasta 650 mil millones de pesos. También les explicamos que se pueden encontrar ahorros en los procesos de compras.”

–¿Y no les han puesto peros a su proyecto de gobierno?

–No. Les hemos dicho que, antes de gastar, primero hay que encontrar los recursos, y que si no se encuentran, pues no se podrán fondear los programas.

Hibert Sánchez considera que “el mensaje ha sido bien comprendido”. Y cuando nos preguntan cómo le vamos a hacer y qué experiencia tiene López Obrador, les decimos que cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal logró una reducción y reestructura importante del gasto público que le permitió hacer muchos programas sociales y mantener la deuda baja.

Ellos, añade, son financieros y les preocupa si México va a tener la capacidad de pagar sus obligaciones financieras; de la seguridad nos preguntan también, pero la parte toral es cómo se van a manejar las finanzas públicas, así como de la autonomía del Banco de México y de las reformas estructurales.

Recuerda que el 26 de mayo, en Acapulco, se reunió con representantes de empresas petroleras. “El mensaje que les mandamos es cómo evolucionaría la reforma energética en un gobierno de López Obrador. Les comentamos que no se revertirá la reforma ni se cancelarán contratos”.

Nahle añade que los contratos se revisarán y, en caso de detectar alguna irregularidad o desventaja para México, se modificarán.

Las calificadoras

El 14 de mayo Hibert Sánchez tuvo un encuentro con la calificadora Fitch Ratings. Dos días después, Shelly Shetty, directora senior y jefa de Gobierno Soberano de América Latina de esa firma, declaró: “Nosotros no predecimos escenarios políticos, pero vemos que López Obrador tiene una verdadera posibilidad de ganar la elección del 1 de julio”.

Añadió: “En América Latina vemos que los candidatos con posturas radicales moderan su discurso hacia una posición más neutral cuando toman su lugar”. Dijo que Fitch estará atenta a que AMLO cumpla con mantener la autonomía de Banxico, pondrá especial atención a su propuesta de presupuesto de egresos para 2019 y la postura que tomen los nuevos negociadores en la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Aclaró que, independientemente de quién gane la elección, “hay riesgos para la economía del país, los cuales deberán ser abordados y aminorados por el nuevo presidente y su gabinete”.

Un par de meses antes, el 16 de marzo, la misma calificadora advirtió sobre un riesgo, en términos de política macroeconómica, ante la posible llegada de AMLO a Los Pinos.

En su documento establece: “No podrían descartarse riesgos relativos a una implementación más lenta de reformas, en especial la energética, la reorientación de las políticas económicas hacia una mayor intervención del Estado, así como un aumento del gasto fiscal.

“Como resultado, la volatilidad del mercado financiero podría intensificarse antes o después de las elecciones, lo que representaría otra limitante para el crecimiento y la inversión. No obstante, las garantías constitucionales en algunas de las reformas estructurales podrían prevenir un desvío de mercado en las políticas bajo esta administración.”

Antes, BMI Research, filial de Fitch, estableció que el temor de un revés a las reformas es probablemente exagerado. Y consideró que el discurso de López Obrador sobre la reforma energética es “una estrategia de campaña que será difícil mantener en caso de que llegue al poder”.

A su vez, la calificadora Moody’s declaró el 11 de abril pasado que “existe una baja probabilidad de que la siguiente administración debilite las tendencias económicas y fiscales mediante cambios bruscos de política”. Y añadió: “Moody’s considera que hay una baja probabilidad de que la siguiente administración merme de manera sustancial los fundamentos crediticios de México a través de un cambio brusco de dirección de las políticas económicas. Independientemente de qué partido resulte victorioso en la elección presidencial y en las legislativas, no es evidente que vaya a tener la capacidad para modificar las políticas o revertir las reformas”.

Nomaura

El 21 de mayo, Nomura realizó una encuesta entre algunos de sus inversionistas que tienen intereses en Europa, Estados Unidos, América Latina y México. Los 109 entrevistados revelaron que no esperan una crisis económica ni una depreciación significativa del peso. Es más, algunos clientes, como los fondos de inversión, ven esta coyuntura como una oportunidad en caso de ganar AMLO.

A la pregunta de cómo creen que será la política económica en ese supuesto, 71% de los consultados respondió que el cambio será marginal y que el nuevo gobierno probablemente buscaría la continuidad. Los clientes mexicanos dijeron que la política “cambiaría significativamente”.

Otra pregunta, de las ocho realizadas, fue cuál sería su estrategia de mercado durante los tres primeros meses de gobierno de AMLO; 58%, que corresponde a los fondos de inversión, dijo que ve oportunidades de adquirir activos infravalorados, y la banca un 44%, mientras 34%, que corresponde a la banca privada, cree que lo mejor es “ver y esperar”, en tanto que los fondos lo consideraron en 25%

A la pregunta de si no se firma el TLCAN y gana AMLO cómo considera la tasa de interés de Banxico al cierre de 2018, entre 48 y 68% respondieron que sería de 8%, lo cual no implicaría una crisis (actualmente es de 7.25%). Y para 2019, el riesgo de llegar a 8% bajó a 35% para los fondos.

Y ante la pregunta de cómo será el tipo de cambio peso-dólar tres meses después de ganar AMLO, la respuesta fue dividida. En general, 60% dijo que habría una devaluación de 5%, y 39% habló de una probable recuperación del peso frente al dólar.

En síntesis, no se percibe una devaluación grave o incluso mayor a la que hoy está ocurriendo a raíz del anuncio del arancel al acero que anunció Trump la semana pasada; menos aún se percibe una crisis económica en caso de ganar el tabasqueño.

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