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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Rafael Landerreche

Las ganas de joder, los incorruptibles y las candidaturas

(La Jornada)

 

 

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Rafael Landerreche (*)

Habrá que reconocer que Enrique Peña Nieto (EPN) tiene razón al decir que ningún Presidente se despierta pensando en cómo joder a México . Su insólita ruptura del protocolo presidencial es muestra de sinceridad. Estamos en deuda con él por rechazar su defensa. Concedido. Exculpado. Pero que no se levante pensando en eso no quiere decir que no nos joda.

Pensar que quienes joden a otros lo hacen nada más por las ganas de joder es sicología chafa. Es perfectamente posible que alguien nos joda con la mejor intención del mundo. La sabiduría popular lo sabe, por eso dice que el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones. También lo sabe un maestro insuperable de la sicología, el gran Dostoievski. En Ivan Illich, un cuento corto, exhibe el desastre de un alto funcionario que, con la mejor de las intenciones, jode la boda de uno de sus empleados.

Esto tiene consecuencias prácticas a la hora de juzgar. De aquí se desprende que la decisión de los zapatistas (de apoyar la aparición en la boleta electoral de María de Jesús Patricio), aunque pudiera joder las posibilidades electorales de AMLO, no implica, como AMLO piensa, la intención de joderlo.

Lo que molesta de los zapatistas no es tanto su propuesta misma, sino la disposición para asumir ellos lo que tantas veces han criticado en otros. Lo que preocupa es el cambio radical de estrategia en cuanto a la forma de enfrentar la corrupción, que básicamente era mantenerse lejos del gobierno, de sus pompas y vanidades.

El tema de joder se conecta con el de la corrupción. Los incorruptibles no existen y Joel Padrón, que escribió que los indígenas pueden entrar sin temor al proceso electoral porque sí lo son, sabe que no es así. Todos son –somos– corruptibles y el que haga alarde de que no, que recuerde otra vez la sabiduría popular: más pronto cae un hablador que un cojo.

Como dice el papa Francisco, hay corrupción en la política, hay corrupción en las empresas, hay corrupción en los medios de comunicación, hay corrupción en las iglesias y también hay corrupción en las organizaciones sociales y los movimientos populares.

Flaco favor se le hace al pueblo con decirle que es incorruptible. Más sentido tiene aquello del trabajador brasileño: Dicen que el poder corrompe, pero la falta de poder también corrompe. Esa es la razón por la que es apremiante, no el llevar al pueblo al poder, sino el llevar el poder al pueblo.

Hay un texto que no tiene nada que pedirle a Dostoievski en materia de profundidad y realismo sicológico. Se trata de la famosa escena de los evangelios cuando Dios y el diablo se encuentran en el desierto y el diablo tienta al mismísimo creador. El diablo lo tienta con convertir las piedras en pan, con darle su ayuda si lo reconoce como dios y con arrojarse de lo alto del templo y salir ileso en frente de una gran muchedumbre. Traducido a términos políticos actuales, un personaje que planea salir al mundo para convencerlo de las bondades de su proyecto tiene el riesgo de caer en estas tentaciones: 1) Usar su poder para obtener beneficios materiales para sí mismo, 2) Hacer alianzas de dudoso valor ético con tal de obtener el poder y 3) Querer deslumbrar al pueblo con su lucimiento personal; en otras palabras, la tentación del protagonismo.

No es difícil ver su aplicación actual. La gran mayoría de políticos de todos los partidos carecen de pudor para medio esconder su descarada búsqueda de beneficios personales y de enriquecimiento a costa del dinero del pueblo y de las riquezas de la nación. A este respecto habría que reconocer que en realidad AMLO constituye una excepción a esta regla casi universal. Los ataques a su declaración 3 de 3 no son más que la más burda hipocresía. ¡Como si un departamento en Copilco estuviera al mismo nivel que uno en Miami o a una casa blanca en Las Lomas!

Pero esto no quiere decir que AMLO esté libre de las otras formas de corrupción. Se puede acusar a AMLO de que, con toda su honestidad personal, no ha estado por encima de establecer alianzas dudosas con tal de obtener votos para su proyecto. Sabines en Chiapas, Ebrard y Mancera en el DF, y, anteriormente, los mismos chuchos con los que después se peleó, fueron aceptados como aliados políticos por la promesa real o ilusoria de los votos que aportarían a su causa.

¿Y la tentación del protagonismo? Bueno, no es difamación porque él mismo lo ha aceptado.

Pero ¿alguien puede dudar de que el personaje Marcos-Galeano esté totalmente libre del amor a los reflectores? El EZLN ha resistido aceptar el pan que le ofrece el gobierno con sus apoyos; no ha dudado en sacrificar alianzas valiosas con tal de conservar la pureza de su proyecto, pero me parece que ni sus más sinceros admiradores se atreverían a negar que el gusanillo del protagonismo haya hecho alguna mella. De hecho, él mismo lo ha confesado y en esto es único entre los políticos.

Durante el tercer encuentro del papa Francisco con con los movimientos populares, el pontífice ubicó la participación política de éstos entre dos coordenadas: 1) Es necesario que, de alguna manera, los movimientos se metan en la política, pues si no lo hacen corren el riesgo de verse manipulados y mediatizadas sus demandas. Pero deben hacerlo sin perder su identidad. Y, 2) al hacerlo, hay que considerar la naturaleza actual de la política, cargada de tentaciones de corrupción –y no sólo tentaciones, sino envuelta en el fenómeno de hecho de la corrupción. Así es que la cuestión es cómo entrar a ese terreno sin ser arrastrados por esa corrupción.

¿Qué remedios hay contra la corrupción?: Servir al pueblo con humildad.

Y recordar que, contra el terror, el mejor antídoto es el amor. El amor todo lo cura.

(*) El pasado 9 de marzo falleció Rafael Landerreche, educador popular y acompañante de los sobrevivientes de la masacre de Acteal. Dedicó sus últimos días a recibir a los tzotziles que lo visitaban para despedirse y, también, a pensar la coyuntura electoral. Sobre este tema escribió un artículo que la debilidad no le permitió terminar. Su esposa, Luz Rodríguez, durante muchos años parte del equipo pastoral de la Diócesis de Tarahumara, nos lo hizo llegar. Lo publicamos con su autorización con pequeños cambios en su redacción, como un homenaje a la memoria de nuestro colaborador.

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