Bernardo Bátiz V.

La casa caída

(La Jornada)

 

 

 

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Bernardo Bátiz V.

Para enseñar a los niños palabras y gestos, las madres de antaño, algunos lectores lo recordarán, recitaban este estribillo: “El papá enojado-la casa caída-el coche quebrado-los niños enfermos –luego alzando los brazos decían más fuerte– ¡ay! que cuidado”, y se cubrían el rostro con las manos. A las dos o tres veces de repetir el juego, el niño aprendía y también se llevaba las manos a su cara. Era la remembranza de algún desastre familiar, casa, coche, niños, todo dañado, lógico, papá enojado. Así estamos en la capital en víspera de la escapada del jefe de Gobierno de su cargo, desempeñado a disgusto de los ciudadanos, pues se va a buscar otro puesto en el laberinto de los partidos confundidos, y ante los procesos electorales a punto de ser puestos a prueba, el pueblo se queda enojado.

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