Radiocoapa

Rumbo a la cuarta transformación de México

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Lorenzo Meyer

La rebelión del México profundo

(El Siglo de Torreón)

 

 

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Lorenzo Meyer

No fue ésta, la de 2018, la primera insurgencia electoral en México, pero sí la primera que obligó a quienes controlan los hilos del poder a reconocer que les sería más peligroso resistir que aceptar la derrota y negociar el cambio.

Una manera de interpretar lo sucedido en la larga y enconada contienda electoral que culminó con la derrota en toda la línea del viejo partido de Estado y sus aliados, es acudir a un clásico de la teoría elitista del poder: el filósofo español, José Ortega y Gasset, que en 1930 publicó La Rebelión de las Masas. Se trata de un gran manifiesto del elitismo, a la vez que una interpretación de un tiempo político signado por la movilización de las clases populares en el mundo de la primera postguerra mundial: bolchevismo, sindicalismo, fascismo y justo al inició de la Gran Depresión. A Ortega, justificador del predominio de las “minorías excelentes” que, hay que subrayarlo, no eran necesariamente equivalentes a las élites económicas, le alarmó la irrupción de las masas “al pleno poderío social”. Esa irrupción significaba, para Ortega, la expansión de la mediocridad propia del “hombre masa”, de su cultura y de su indiferencia ante la excelencia propia del individuo que se impone a si mismo responsabilidades más allá de las que su entorno le demanda. El pensador liberal, individualista y conservador, temía que la mediocridad terminara por ganar la partida a la excelencia de las elites. Así pueden algunos interpretar lo que está sucediendo en esta coyuntura crítica de la política mexicana: una instancia más de la rebelión de las masas.

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Pablo Gómez

Krauze, el absolutismo político y la mayoría


(Proceso OnLine)

 

 

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Pablo Gómez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- México tuvo una especie de absolutismo político en tanto que el Estado era un partido y todo el sistema electoral estaba en manos del Ejecutivo. Ninguna libertad podía ejercerse a cabalidad. Así también, el poder judicial carecía casi por completo de certeza y legalidad. El presidencialismo era despótico al grado usar la violencia como método de gobierno. Y, por si todo eso fuera poco, la prensa estaba amenazada y comprada.

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