Víctor M. Toledo

Colapso o sustentabilidad: ¿adónde va Ciudad de México?

(La Jornada)

 

 

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Víctor M. Toledo

La especie humana sobrevivió y persistió porque aprendió a escuchar los mensajes de la naturaleza. De una naturaleza sacralizada. De esa ecología sagrada donde cada montaña, manantial, río, roca, planta o animal poseen la capacidad de diálogo, los humanos derivaron una cierta ética ambiental. De la lectura o interpretación de los mensajes, los seres humanos aprendieron a ajustar, adaptar y modificar sus comportamientos y sobre todo sus modos de organizarse, en un verdadero juego por la supervivencia. Con el advenimiento de la modernidad, urbana, industrial y racionalista, esa capacidad quedó anulada. A los ojos de los modernos, la naturaleza pasó a convertirse en un sistema, en una máquina, a la que había que analizar y escudriñar a través de la ciencia para extraerle sus riquezas. De la naturaleza como entidad sagrada se pasó a la naturaleza como recurso a explotar, como capital natural. La naturaleza se convirtió en la esclava de la humanidad, al menos por un tiempo. Este fenómeno que el historiador Morris Berman llamó el desencantamiento del mundo, se halla en la esencia de las llamadas catástrofes o desastres naturales. Hoy, por fortuna, tras más de cinco décadas de un conocimiento a contracorriente, que ha partido en dos a la academia, la naturaleza ha recobrado su voz por conducto de la ciencia.

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