Bernardo Barranco V.

El acecho del fundamentalismo católico en México

(La Jornada)

 

Bernardo Barranco 

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Un grave error han cometido los obispos mexicanos al legitimar, política y religiosamente, al Frente Nacional por la Familia. Están refrendado el rostro más oscuro y conspirativo de la ultraderecha católica mexicana. Si bien siempre ha existido una estrecha relación entre muchos obispos y los ríos subterráneos del fundamentalismo católico, pocas veces habían recibido el respaldo episcopal de manera pública. El terror de Dios puede hacerse presente en suelo mexicano con la aparición pública del Yunque. El fanatismo delirante puede reaparecer en la esfera pública y apoderarse de las buenas conciencias, convirtiéndose en nuevos soldados de Cristo. El Yunque, con toda su turbia historia, está de vuelta en las marchas del 10 y 24 de septiembre. Ese fundamentalismo católico encontró en las debilidades de Enrique Peña Nieto y sus erráticas decisiones el campo fértil para expandir su revanchismo. El Estado laico vive ahora la presión del fundamentalismo. El pretexto es la defensa de los valores fundantes de la familia y la patria. Hay una clara disputa por la identidad desde la resistencia. Pablo González Casanova, en su libro clásico La democracia en México, alertaba con preocupación sobre la reactivación de estos grupos en 1961, que además de exaltar campañas anticomunistas, bajo la consigna: cristianismo sí, comunismo no, manifestaban tajante rechazo y movilización conservadora a lo que entonces llamó la profanación de las costumbres.

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