Radiocoapa

Rumbo a la cuarta transformación de México

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Miguel Ángel Velázquez

Ciudad Perdida

Los Buitres se dieron vuelo
La inacción de la policía
El corruptor Toledo

(La Jornada)

 

 

 

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Miguel Ángel Velázquez

Angel no recuerda el golpe que le abrió la cabeza, que luego le repararon con siete puntos de sutura, porque las patadas en su espalda eran una lluvia de dolor que no cesaba. Enconchado en el suelo, el reportero protegía el teléfono celular que guardaba el rostro de los miembros de una banda jefaturada, acusan de todas partes, por el diputado perredista Mauricio Toledo.

Fueron 10, probablemente una docena los que patearon a Ángel. Fue una agresión cobarde. El periodista, que nunca creyó que su persona fuera atacada, se dio cuenta de que ya no tenía lugar para escabullirse de la turba que se le venía encima, que lo rodeaba, y se tiró al suelo y se hizo un ovillo en señal de rendición, pero su vulnerabilidad expuesta sólo hizo enardecer a los vándalos que le hacían sentir el odio del sátrapa que les pagó por reventar el acto político de Claudia Sheinbaum, la precandidata de Morena a la jefatura de Gobierno de esta ciudad. Read More

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Lorenzo Meyer

Cincuentenario

(El Siglo de Torreón)

 

 

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Lorenzo Meyer

Este año se cumplen cincuenta de la inesperada e histórica movilización de los jóvenes estudiantes mexicanos que demandaban un cambio en el orden político creado por la postrevolución y que concluyó con una represión tan alevosa como brutal. A esa inconformidad la movió algo más que un escueto pliego petitorio: la impulsó el cuestionamiento del sistema mismo de autoridad. Buscó detonar una transformación cultural en toda una gama de estructuras: la familiar, la universitaria, la sindical y, desde luego, en la forma de gobernar.

En el 68, la exigencia de cambio mediante movilizaciones urbanas masivas se experimentó en muy diversos tipos de sociedades. La Guerra Fría llevaba ya más de dos decenios de conformar las ideologías y los privilegios a nivel global. En México, al verse desafiado, el orden establecido buscó deslegitimar a los descontentos y justificar su represión, culpando a la “influencia externa”. Se negaron a aceptar la otra posibilidad: que la inconformidad surgía de los defectos, las inconsistencias y, finalmente, las injusticias institucionalizadas por una maquinaria de poder asentada en una presidencia sin contrapesos, en un partido de Estado y en elecciones sin contenido.

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