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MORENA la esperanza de México

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El periodismo en México se ejerce desde la indefensión: Poniatowska

  • La escritora recibió la presea Sor Juana Inés de la Cruz; hoy cumple 85 años
  • Expresa su tristeza indignada por los recientes asesinatos de Javier Valdez y Miroslava Breach, corresponsales de La Jornada en Sinaloa y Chihuahua, respectivamente
  • Le dedican el tercer número de la revista Inundación Castálida;incluye dos artículos inéditos de la galardonada
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Elena Poniatowska, anoche, en la Universidad del Claustro de Sor Juana; ahí fue ovacionada y festejada por su cumpleaños 85 Foto Guillermo Sologuren

  

Mónica Mateos-Vega
Periódico La Jornada
Viernes 19 de mayo de 2017, p. 3

La escritora Elena Poniatowska cumple este viernes 85 años y la celebración comenzó en la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), donde la tarde del jueves recibió la presea Sor Juana Inés de la Cruz.

Antes que nada, la periodista y colaboradora de este diario expresó su tristeza indignada por la situación que vive en México el oficio al que ha dedicado toda su vida.

“Quiero recordar aquí a dos corresponsales de La Jornada: Javier Valdez, asesinado hace unos días en Culiacán, y Miroslava Breach, quien murió de igual manera hace más de un mes en Chihuahua. Aunque no los conocí, son hermanos del alma y de oficio. Unos sicarios les quitaron la vida porque denunciaron a narcotraficantes. Estos asesinatos ponen al periodismo mexicano en estado de indefensión.”

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Marta Lamas

Elena Poniatowska

(Proceso No. 1934)

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Marta Lamas

De niña, Elena Poniatowska pasaba ratos en la azotea de su casa oyendo platicar a las empleadas del hogar y contemplándolas en sus arreglos. En una ocasión, una de ellas le espetó con coraje: “Bájese, niña, ¿qué no le basta con lo que tiene allá abajo?”. Y no, no le bastaba. Siguió metiéndose en las vidas de las mujeres, en especial de las desvalidas y de las indomables. Es patente el gusto con que describe la rebeldía de la Jesusa Palancares de Hasta no verte Jesús mío (quien dice que las mujeres se tienen merecido el trato que los hombres les dan, por “dejadas”), o el orgullo con que relata cómo Rosario Ibarra, a diferencia de otras madres de desaparecidos que se encerraron con su dolor, se puso a reunirlas. La admiración que a Elena le inspiró la Jesusa, esa mujer jodida y sola, capaz de mandar a todos a la chingada, incluyéndola a ella, la “catrina” latosa, es sólo comparable a la que le despierta Rosario Ibarra, quien “ha hecho del sufrimiento un acto de vida, un acto que nos enaltece, un acto de amorosa entrega a los demás, un acto de creación”. Los dos libros que Elena escribe sobre estas mujeres desafiantes y bravas son muy distintos, pero causan el mismo deslumbramiento. Read More