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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Rogelio Ramírez de la O

¿Exportar crudo o gasolina?

 (El Universal)

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Rogelio Ramírez de la O

Estados Unidos se ha revelado como un gran exportador de productos refinados del petróleo, incluso cuando sigue importando crudo. Aun así, su dependencia de importaciones de crudo ha bajado a menos de 8 millones de barriles diarios (mbd) de casi 11 millones en 2005.

Las importaciones han caído al haber mayor disponibilidad de gas shale, por menos kilómetros de viajes en automóvil, motores de automóviles más eficientes y, sobre todo, por la recesión seguida de muy bajo crecimiento después de 2009.

Al mismo tiempo sus exportaciones de productos refinados del petróleo se han triplicado, de un mbd en 2005 a 3.2 mbd en 2013. En 2012 el país se convirtió en un exportador neto de gasolina, gracias a más refinación. Esto ha facilitado que los precios de la gasolina dejen de aumentar como lo hacían en años pasados. También, la creciente exportación, ha aumentado el valor de sus ventas totales al exterior y reducido su déficit comercial.

Y la mayor capacidad de refinación es un atractivo para que se instalen nuevas plantas de industrias químicas que requieren la seguridad del abasto de refinados. 

Lo anterior ha dado a Estados Unidos una nueva fuente de competitividad y crecimiento interno, de gran valor en tiempos de muy modesto crecimiento debido al desendeudamiento que han hecho y seguirán haciendo las familias. En 2012 el país exportó 117 mil millones de dólares de refinados, las cuales representaron 7.5% de sus ventas el exterior. En contraste, Estados Unidos mantiene un embargo sobre la exportación de petróleo crudo desde 1973. Lo que motivó dicho embargo fue el recorte de suministros del Medio Oriente por la guerra árabe-israelí de ese año.

Hay muchas presiones para que elimine este embargo y permita así la exportación de crudo, para beneficio de los países europeos importadores. Por ahora se entiende que el gobierno no siga sus consejos, aun contra muchos argumentos de libre comercio y asignación eficiente de recursos. Un argumento es que el petróleo de producción doméstica tiene un valor menor si no se exporta. Por ello el precio del West Texas Intermediate ha sido menor que el petróleo marcador de precio en Europa (Brent) en más de 10 dólares por barril.

La razón es que en materia petrolera Estados Unidos sigue una política de largo plazo con libre comercio o sin él. Trata de reducir su dependencia de petróleo importado y reconstituir una cadena propia de suministro para el mercado interno. La presencia de refinación de petróleo, sobre todo en el Golfo de México, le permite dar valor a una materia prima, generar empleo, exportar, ahorrar importaciones y reducir su déficit comercial con el exterior.

México ha errado al no tener una política petrolera que privilegie el abasto interno de productos refinados y por lo tanto preserve una cadena de valor. Por el contrario, siendo exportador de crudo, es dependiente de importaciones de gasolina.

Ya se sabe que un argumento es que la refinación aquí es muy costosa. Pero el alto costo no es un problema estructural, pues casi todo tiene que ver con corrupción y falta de inversión. En vez de centrar la política pública en solucionar estos problemas, ahora se anuncia que siempre no se construirá la tan anunciada refinería de Tula.

No hay aprecio en la política pública mexicana por un renglón que ha estado bajo control del Estado y que por sí mismo podría sustituir muchas importaciones, ahorrarnos divisas por producto y fletes y servir como polo de atracción de nuevas inversiones químicas que requieren seguridad de suministro.

rograo@gmail.com

Economista

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