RADIOCOAPA

Rumbo a la cuarta transformación de México

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Anabel Hernández

Cómplices la Policía Federal y el Ejército

 

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Militares. Acusación. FOTO: Margarito Pérez Retana

(Proceso No. 1983)

 

Anabel Hernández

 

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Anabel Hernández

La agresión a los normalistas de Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 en Iguala no fue perpetrada sólo por policías municipales y encapuchados vestidos de civil; también participaron elementos de la Policía Federal (PF) y tropas del Ejército, de acuerdo con los testimonios ministeriales de 18 estudiantes, tres choferes de los autobuses que los transportaron, los 22 policías igualtecos arrestados y el secretario de Seguridad Pública municipal, Felipe Flores Vázquez.

En la averiguación previa abierta contra los uniformados (la HID/DC/02/0993/2014), los alumnos afirman que agentes federales les dispararon y que elementos de la Sedena se dedicaron también a la búsqueda de sus compañeros normalistas en la ciudad.

Los integrantes de uno de los comandos policiacos que dispararon contra ellos en las inmediaciones de la plaza principal de Iguala, según los agraviados, vestían uniformes oscuros y llevaban pasamontañas, cascos, rodilleras y coderas.

Desde dos meses antes del incidente, los policías de Iguala tenían prohibido usar cualquiera de esos equipos. La interdicción vino del Ejército, que en esa ciudad tiene destacamentado el 27 Batallón de Infantería, por lo que puede suponerse que esos atacantes fueron de la Policía estatal o la Policía Federal, como muestra la información recabada por la reportera.

Los cientos de fojas de testimonios de la causa penal 172/2014 radicada en el Juzgado Segundo del Distrito Judicial de Hidalgo permiten hacer una reconstrucción de la jornada de horror que vivieron más de 130 jóvenes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, la mayoría de los cuales ingresó al primer semestre de la Normal en agosto pasado.

Hasta ahora el gobierno federal ha atribuido los homicidios y las desapariciones de 43 ayotzinapos a un ataque del crimen organizado en presunta complicidad con policías de Iguala y Cocula. Sin embargo, los testimonios de estudiantes, choferes y policías consultados por Proceso contradicen muchas de las versiones de la PGR.

El secretario Flores Vázquez, quien según la PGR ordenó el ataque –junto con el entonces alcalde, José Luis Abarca Velázquez, y su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa–, declaró ante el Ministerio Público Antonio Maya Valle que desde las 21:22 horas, cuando tuvo conocimiento de la toma de autobuses por parte de los jóvenes normalistas en la central camionera llamó al “capitán Dorantes, jefe de la PF de esta ciudad (Iguala)”, quien le dijo que estaría pendiente.

Uno de los choferes declaró que después de que los estudiantes tomaron su unidad, escuchó unos disparos pero no detuvo el vehículo. Al pasar justo por el centro del poblado “se me atravesó una patrulla con la torreta prendida y no me fijé si eran (policías) estatales o municipales. Los muchachos se empezaron a bajar del autobús y les empezaron a tirar de pedradas a los policías y los policías les empezaron a disparar a los muchachos”.

El conductor del camión que iba atrás rememoró: “Entonces vi que al autobús que iba delante de mí (le) tenía cerrado el paso una patrulla de la Policía Preventiva”.

Francisco Chalma, uno de los normalistas presentes, recordó: “Al momento que nos asomábamos nos disparaban y en eso observamos que (a) los del tercer autobús los estaban bajando los municipales”.

Según la declaración de Flores Vázquez, él estaba en el Palacio Municipal cuando escuchó la balacera y, cuando salió a ver, la gente estaba corriendo en la explanada. Dijo que enseguida le llamó a Abarca para informarle lo que estaba pasando.

En la averiguación también aparece el testimonio del estudiante de primer año Luis Pérez: “Pregunté que quiénes habían sido los que les habían disparado, manifestándome los compañeros (…) que primeramente fueron los policías municipales, quienes con un vehículo tipo patrulla les obstaculizaron la circulación, y unos compañeros se bajaron a hacer la patrulla a un lado para que los dejaran pasar, y que al momento de que intentaron mover la patrulla, en esos momentos llegaron elementos de la Policía Federal y ellos fueron los que dispararon en contra de mis compañeros”.

De acuerdo con los testimonios de policías igualtecos, luego de los dos ataques contra los estudiantes ocurridos entre 10 y 11 de la noche del 26 de septiembre en la calle Juan N. Álvarez, en la plaza central de Iguala, recibieron la orden de concentrarse en las oficinas de la PF ubicada en la calle de Aldama.

Muchos de ellos presuntamente estaban ahí cuando ocurrieron otros dos ataques –los más fatales– entre las 23:30 y 0:30 horas; uno contra el camión en el cual viajaba el equipo de futbol Los Avispones, donde murieron un jugador, el chofer del autobús y una mujer que viajaba en un taxi; otro cuando los normalistas fueron atacados en Periférico Norte al dar una conferencia de prensa para denunciar lo que estaba pasando. Hasta ahora nadie ha refutado las declaraciones de los policías de Iguala.

El policía tercero Hugo Hernández Arias, también preso y acusado de los seis homicidios, habló de lo ocurrido durante esas horas. Declaró que a él le tocó vigilar el informe de labores de la esposa de Abarca y que luego lo mandaron a dar seguridad al partido de futbol de Los Avispones. El juego terminó a las nueve y media de la noche:

“Nos trasladamos hacia la Dirección de la Policía Preventiva que se encuentra ubicada en la calle de Rayón número uno, colonia Centro. Al llegar ahí, (el policía Tomas Martínez Beltrán) solicitó por radio instrucciones para todo el personal indicándome a mí que con los tres elementos con los que había llegado a la unidad deportiva me hiciera cargo de la seguridad de las instalaciones de la dirección; posteriormente procedí a solicitar mi arma larga ya que sólo portaba la pistola.

“Cuando llegué a mis labores eran las 11 de la noche y me percaté que había como 10 muchachos detenidos en el patio de la Policía Preventiva Municipal de Iguala, y que el licenciado Ulises, sin saber sus apellidos, dialogaba con ellos, que los vi de reojo y se encontraban a una distancia de 10 a 15 metros aproximadamente. Las celdas están al fondo, pero ellos no estaban en celdas, estaban en el patio. Existe una lámpara encendida e ilumina perfectamente toda el área. Vi que llegaron elementos de la Policía Preventiva a bordo de dos patrullas y subieron en ella a los muchachos que había visto que estaban hincados cuando platicaban con el licenciado Ulises (Bernabé García, juez de barandilla, que ignoro hacia dónde se los hayan llevado. Todo esto lo vi de reojo, que de ahí ya no me consta nada, veía que llegaban civiles a bordo de vehículos particulares no oficiales, escuchaba por la radio que había tiroteos, también que había heridos y muertos en algunas partes de la ciudad ignorando exactamente en qué puntos”.

Después de los tiroteos, un joven herido fue llevado a una clínica cercana. Sólo en ese momento apareció el Ejército. Un normalista relató:

“En el transcurso de ese tiempo llegaron dos unidades de militares y al bajar de sus camionetas, escuchamos que cerrojearon sus armas y pidieron que abriéramos la puerta. Fue lo que hicimos y el que iba a cargo de esas unidades preguntó si éramos los ayotzinapos, pidiéndole ayuda para nuestro compañero que se estaba desangrando, y lo que nos dijo fue ‘que tuviéramos huevos para enfrentarlo así como hacíamos nuestro desmadre’.

“Cateó toda la clínica y nos hicieron sentarnos en la sala de espera y que nos alzáramos nuestras playeras y vaciáramos nuestras pertenencias porque buscaban armas, pero nosotros no íbamos armados, y le volvimos a pedir apoyo con una ambulancia para trasladar a nuestro compañero, y nos contestaron que ellos iban a mandar a los municipales para que vinieran por nosotros, que ellos se iban porque estaban dos cuerpos en la carretera y que ahorita iban a ver ahí a no sé qué gente”.

En una nota publicada el 27 de septiembre, el diario Milenio informó que cuando los municipales dispararon contra los estudiantes estaban presentes la PF y policías estatales.

A su vez, el representante del Comité Ejecutivo estudiantil de la Normal de Ayotzinapa, Pedro David García López, expresó a un reportero de La Jornada: “Los compañeros tienen videos de que estuvo la Estatal y la Federal (durante los ataques). En ese momento los policías empezaron a disparar a las tres unidades, y fue cuando cayó un compañero”.

En la copia del expediente consultado por este semanario, los estudiantes insisten en que con sus teléfonos tomaron videos de la agresión; según ellos, por lo menos cuatro cámaras de seguridad que hay en Iguala también registraron la agresión.

Durante el posterior interrogatorio a los detenidos sólo se mostraron fragmentos de imágenes, en las cuales se observan varias patrullas con civiles en la batea de la camioneta, pero nunca se mostraron tomas de todo lo que pasó la noche del 26 de septiembre.

Los 18 jóvenes declararon dos veces el mismo día 27. Todos pidieron al Ministerio Público que se les practicara la prueba de rodizonato de sodio para probar si alguno de ellos accionó un arma de fuego, así como exámenes toxicológicos

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