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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Lorenzo Meyer

AGENDA CIUDADANA

*Avanzando hacia atrás

(Sur de Acapulco)

 

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Lorenzo Meyer

* En las ideas que animan hoy a las estructuras políticas y económicas de México, hay más ganas de replicar el pasado que de buscar un futuro mejor para el país en su conjunto.

Meta. El proyecto encabezado por el PRI de Atlacomulco ya es claro: dar con una combinación de exclusión política y capitalismo muy extractivo pero sin provocar inestabilidad social. Para ello busca anclar a México en un sistema de presidencialismo sin contrapesos y de relaciones económicas que mantenga una distribución de beneficios tan o más regresiva que la actual.

La meta se está alcanzando, y así lo muestra la lista de los 35 millonarios mexicanos compilada por Forbes México (marzo-abril de 2015), y que incluye desde Carlos Slim con 77 mil millones de dólares hasta los hermanos Ahumada Russek con 520 millones de dólares, pasando por Germán Larrea con casi 14 mil millones de dólares, Alberto Bailleres con 10 mil 400, Ricardo Salinas con 8 mil millones de dólares, Eva Gonda (Femsa) con 6 mil 700 millones de dólares o María Asunción Aramburuzavala con 5 mil 600 millones de dólares.

Plagas bíblicas. A Egipto, según el libro del Éxodo del Antiguo Testamento, lo visitaron sucesivamente diez plagas para obligar a la liberación de un pueblo cautivo. A México pareciera que lo están visitando ¡pero simultáneamente! un número mayor de plagas políticas como resultado del cautiverio en que se mantiene a las energías democráticas del país.

Usando únicamente ejemplos recientes se puede hacer una relación de dichas plagas políticas.

Corrupción. La corrupción es la primera y principal de nuestras calamidades. Hoy domina un despreocupado cinismo alemanista (1946-1952) cuyo lema pudiera ser: ¿De qué sirve tener poder si no se abusa de él? Ese espíritu está bien ejemplificado por la o las casas blancas, es decir, por la evidencia obvia y reiterada de las relaciones deshonestas entre contratistas del gobierno y la élite política, y que hace que algunos contratistas hayan facilitado el uso o propiedad de mansiones a las familias del presidente y de miembros de su gabinete.

La no rendición de cuentas. El responsable de la Conagua perdió su puesto porque en las redes sociales se exhibió su gusto por el patrimonialismo, es decir, por usar como propios bienes públicos (en su caso, un helicóptero). Sin embargo, esa afición al disfrute de lo que no es suyo está muy extendida en todas las esferas del gobierno y no hay voluntad institucional de frenarla. Hasta hoy, la no rendición de cuentas se ve como parte de los usos y costumbres del poder político.

Presidencialismo. Ya es clara la decisión presidencial de dar forma a una Suprema Corte a la antigua, dominada por sus leales y obedientes y no por los mejores, como lo prueba el nombramiento de Eduardo Medina Mora. Y lo mismo sucedió en la PGR, futura Fiscalía General. Por lo que hace a la oposición partidista y desde el Pacto por México y otras formas de cooptación, ha quedado reducida a un cascarón sin contenido. El proselitismo abierto e ilegal en favor del PRI de un magistrado de Jalisco, padre del gobernador, habla volúmenes sobre la vuelta a la relación non sancta entre el PRI y el aparato de gobierno.

Elecciones sin contenido. Las elecciones vuelven a tener la característica central del pasado: la casi ausencia de opciones reales a pesar de haber 10 partidos nacionales en las boletas. La impunidad del monexgate y un INE incapaz de frenar las reiteradas violaciones graves a la ley electoral del PVEM convertido en el sector verde del PRI, es prueba fehaciente de que los dados están cargados, como antes.

Subordinación. En 2013 se destruyó el corazón nacionalista del artículo 27; se enterró el espíritu y objetivo de la expropiación petrolera de 1938 y de la lucha que siguió. Se volvió al proyecto de hace un siglo –el porfirista–, donde la renta petrolera se compartía con los intereses foráneos. No en balde en Panamá el presidente estadunidense felicitó públicamente al mexicano por este logro.

Las armas no nacionales y la nación. La aceptación por el Congreso de la portación de armas por agentes extranjeros en territorio nacional puso punto final a una política al respecto. En el siglo XIX, el gobierno porfirista intentó impedir o reglamentar, pero sin éxito, la entrada reiterada a México de soldados o rangers norteamericanos que perseguían a indios o ladrones. Sin embargo, durante la II Guerra Mundial, y a pesar de la alianza con Washington, el general Lázaro Cárdenas sí impidió que portaran armas los militares estadunidenses que venían a operar conjuntamente con mexicanos las estaciones de radar. Hoy se rescató el espíritu del tratado McLane-Ocampo de 1859, donde se autorizaba que fuerzas armadas norteamericanas protegieran las rutas de tránsito que México les abriría en territorio nacional.

Inseguridad extrema. En Iguala, la policía y sus aliados hicieron desaparecer a 43 estudiantes, y el 6 de abril de este año el crimen organizado tendió una impresionante emboscada a la Fuerza Regional Única de Jalisco causándole 15 muertos y cinco heridos sin que se supiera de bajas entre los atacantes. En Sinaloa, otra organización criminal robó limpiamente oro por 8 millones de dólares a una minera canadiense a pesar de que la empresa había pagado protección para poder operar, justo como lo hacían los petroleros extranjeros en la Huasteca entre 1915 y 1920. Entonces eso se explicó porque, simplemente, no había Estado. ¿Y ahora?

Conclusión. Como bien se anuncia, el gobierno está “moviendo a México”, pero hacia atrás.

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