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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Lorenzo Meyer

Agenda Ciudadana

* ¿La caída?

(Sur de Acapulco)

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Lorenzo Meyer

* Enrique Peña Nieto (EPN) admira a Napoleón. La tesis de un libro de Genaro Villamil es que el proyecto de EPN ha sufrido una derrota pero ¿se trata de algo temporal o de un waterloo?

Personaje y circunstancia. En La caída del telepresidente, (Grijalbo, 2015), Jenaro Villamil se dio a la tarea de explicar, por un lado, aspectos de la formación de Enrique Peña Nieto (EPN) y, por el otro, cómo han incidido en su desempeño como presidente y enfocando dos “reformas estructurales” y su respuesta a lo inesperado: Iguala.

Lo que Villamil destaca de EPN es su socialización dentro de una camarilla política: el Grupo Atlacomulco (GA), que nació en los 1940 y terminó por controlar al Estado de México, y que es definido como “mafia, dinastía y conjunto de prácticas políticas [que] coincide con la fusión del poder civil, los negocios al amparo del erario público y el control político en la entidad” (p. 249). La peculiaridad del GA es su cohesión. Villamil sigue la tesis de Rogelio Hernández –Amistades, compromisos y lealtades: líderes y grupos políticos en el Estado de México (1998)–, que explica esa cohesión como un blindaje para evitar la intervención de un gran poder externo –que se inició desde el siglo XIX– en sus asuntos internos: el del presidente de la República.

Para Villamil el principal negocio –y cemento– del GA es la administración de su relación con los contratistas de la obra pública, vocación que quedó bien establecida a partir de Carlos Hank González.

En el 2004 la cabeza del GA –Arturo Montiel– optó por EPN como sucesor en el gobierno del Estado de México. Y luego, teniendo como base al estado más poblado y dominado ininterrumpidamente desde 1929 por el mismo partido, EPN y el GA se lanzaron a la conquista de la presidencia.

La TV. Es en este punto que Villamil examina la conexión entre EPN y un gran poder fáctico: Televisa. En palabras de Elena Poniatowska, prologuista del libro, la televisora aceptó convertirse en “soporte y coautor” del proyecto de EPN. Usando la cultura de la telenovela, Televisa transformó a EPN en figura nacional.

Ya en el poder, Los Pinos de EPN convirtieron la supuesta “reforma estructural” en telecomunicaciones en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de julio de 2014 o “ley Peña-Televisa” y a la que Villamil califica de “golpe de Estado intangible”. Para justificar su aserto, el autor desmenuza con detalle cómo esta legislación secundaria sirvió para que la ley primaria, en vez de abrir el sector a la competencia, reafirmó el control del duopolio Televisa y TV Azteca.

El proyecto político. Villamil acudió a uno de los pocos escritos de EPN –su tesis de licenciatura sobre Obregón y el presidencialismo (1991)– para tratar de desentrañar su pensamiento político. Además de Obregón, las figuras históricas que la tesis destaca son dos centralizadores del poder: Napoleón y Porfirio Díaz, (el desastre final de esos proyectos no se toca).

El presidencialismo en acción. El Pacto por México de 2012 fue, tras varios sexenios sin rumbo, una especie de “guerra relámpago” napoleónica para concentrar el poder y lograr “la madre de todas las reformas”: la energética.

El autor inicia el examen de la política energética de EPN con un documento del influyente ex senador norteamericano Richard Lugar. Este, tras entrevistarse con el equipo de EPN, propuso a Washington usar la negociación de acuerdos transfronterizos de hidrocarburos para alentar a México a una reforma energética “profunda”. Sin embargo, tal presión fue innecesaria pues EPN ya estaba dispuesto a acabar con un siglo de política nacionalista petrolera. Lo hizo en un santiamén: el legislativo le obedeció, el sindicato petrolero no intervino y el artículo 27 se modificó para permitir el reparto de la renta petrolera entre el Estado y la empresa privada.

En el examen puntual de los términos en que se abrieron el campo petrolero y el eléctrico a la inversión privada, el libro de Villamil traza los caminos por donde el interés colectivo se desdibuja y el del GA y la gran empresa se encuentran.

¿La caída? Si la “contrarreforma energética” y “la ley Peña-Televisa” son triunfos políticos, su contraparte son los inesperados acontecimientos que en 2014 sacaron a flote las debilidades en que están montados, como Iguala, Tlatlaya o la casa blanca. Además, la pretendida reconstrucción del presidencialismo fuerte se hizo más difícil porque la encabeza un equipo que nunca antes de llegar a Los Pinos había actuado en el ámbito federal.

Para Villamil al proyecto de EPN lo descentró la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014. Esa tragedia puso de manifiesto que: a) la “presidencia fuerte” no es tal porque hace tiempo que el crimen organizado se salió de su control y porque la estructura institucional está corrompida de arriba a abajo, y b) que tras lo ocurrido en Iguala, la presidencia nunca logró estar a la altura de circunstancias imprevistas.

Conclusión. EPN ha perdido su buena imagen y la TV ya no la ha podido restaurar. Las movilizaciones de protesta han variado en intensidad pero no han cesado. El precio del petróleo ha caído, el proyecto económico está difuminado y las elecciones intermedias tienen una lectura ambigua. Para volver a Napoleón: ¿estamos ante el equivalente a la batalla de Leipzin (1813) de EPN o ante un largo Waterloo (1815)? Por ahora, el grueso de los mexicanos no tenemos certeza de dónde estamos. Quizá tampoco la presidencia.

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