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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Javier Jiménez Espriu

Pemex, ¡abatido!

(La Jornada)

 

Javier Jiménez Espriú

 

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Javier Jiménez Espriu

Abonando a la polémica semántica de si abatir es matar o no, estoy convencido de que el título con el que bautizo este artículo es acertado, independientemente de si la muerte de Petróleos Mexicanos (Pemex) pueda ya tener certificado de defunción o hay que empezarla a documentar para cuando, en el más corto que tardío plazo, se haga efectiva.

Ayer, con voz digna del tenor que imita la gutural modulación del bajo, para arrancar a la epopeya un gajo, el secretario de Energía anunció que “Pemex no participará en la licitación de la primera fase de la llamada ronda uno para contratos de exploración y extracción de hidrocarburos en aguas someras del país… y se espera que la firma participe en rondas futuras, pero en consorcio con otras compañías”.

Ante el panorama de declinación de nuestros principales campos productores, declinación que no podrá ser compensada con declaraciones de descubrimientos de nuevos campos que aún requieren de mucho trabajo y tiempo para ser certificados primero y después producir, la ausencia de Pemex en licitaciones en aguas someras, en las que tenemos gran experiencia y donde se ha demostrado eficiencia técnica y económica, no puede sino despertar –aunque ya vive en el insomnio permanente y velando armas, como sugiere Silva Herzog- Márquez– nuestro sospechosismo.

Noble Energy, Ecopetrol, PTT Exploration y Glencore se retiraron del proceso, pero Exxon, BHP, Statoil y Pacific Rubiales son algunas de las empresas precalificadas que continúan, dice una nota periodística. ¡Puras empresas nativas!

Resulta necesario, por otra parte, que además de la absoluta transparencia en los procesos licitatorios, como se ha ofrecido sin cumplirlo, haya transparencia total en las decisiones. Ya hemos hablado de la incongruencia de rematar nuestros recursos energéticos en momentos de bajos precios del crudo –la mezcla mexicana amaneció hoy debajo de los 50 dólares por barril– y ahora nos señalan que Pemex, con su experiencia y bajos costos de producción, “deja el campo libre a las empresas privadas, principalmente extranjeras, para participar en la garage sale”. Los argumentos, los mismos de siempre –no tenemos dinero ni capacidad de operación–, resultan fútiles e insuficientes. No atienden el espacio completo de los ¿por qué?

Resulta además sospechoso que la misma persona gubernamental que convoca a las licitaciones es la que ordena a Pemex que no participe en ellas. Queremos que Pemex participe y gane las licitaciones, porque queremos que la renta petrolera sea en beneficio de la nación y no de las trasnacionales.

Pero aun cuando no ganara, su participación nos interesa porque su costo de extracción –que en aguas someras es muy competitivo– se convierte en el techo de la licitación. Con Pemex fuera y con un número limitado de participantes –lo que propicia la formación de cárteles– no hay ese techo y las trasnacionales tienen carta blanca para pedir –y llevarse– las perlas de la Virgen.

Parecería lógico pensar que esta decisión fue solicitada por quienes quieren participar, pero sin tener que competir con el costo de extracción de Pemex.

El asunto es que Pemex no es del Presidente de la República y de su equipo, que quieren a toda costa que participen empresas extranjeras, aunque sea entregando la renta petrolera –y aunque sólo se adjudique entre 30 y 50 por ciento de los 14 contratos licitados, dice el secretario–, esto, porque van de por medio su capital político y sus intereses económicos. No, el petróleo es de la nación y tenemos derecho a exigir que las decisiones se den en beneficio precisamente de la nación.

Nuestros representantes en las cámaras, los que ya se van y piensan solamente en sus bonos de despedida, los que vienen y no sé todavía en qué están pensando, y los que siguen, que como quiera que sea se llaman de la cámara alta, ¿guardarán un mutismo cómplice? ¿Aceptarán la imposición arbitraria del Ejecutivo? ¿O, con un gesto de autonomía, de dignidad y de patriotismo, exigirán a los responsables del sector energético una rectificación a su política de entrega y/o una explicación seria y convincente de su actuar, que no parece ser el que requiere la nación? Es decir, ¿actuarán como representantes de la ciudadanía, dueña de Pemex y de los recursos petroleros?

Estaremos pendientes del actuar de todos.

Twitter: @jjimenezespriu

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