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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Arturo Rodriguez García

 

Si bien todos los presidentes de México, desde Gustavo Díaz Ordaz, lo consintieron y lo ayudaron a escalar, fueron los panistas quienes lo catapultaron hasta convertirlo en el tercer hombre más rico de México. En el actual sexenio sus expectativas aumentan: la reforma energética le abrió las puertas de los hidrocarburos. Es Alberto Bailleres, uno de los muchos golpeadores del Excélsior de Julio Scherer y personaje acusado de envenenar pueblos enteros con los residuos tóxicos de sus minas. A él se le acaba de otorgar la medalla Belisario Domínguez, presea pensada para honrar a mexicanos por sus servicios a la patria o a la humanidad.

(Proceso No. 2030)

 

Arturo Rodriguez García

 

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Hace una década Alberto Bailleres González empezó a abandonar la casi mítica oscuridad que caracterizaba su trayectoria, para publicar sus impresiones en un libro (Visión de país: de la pobreza a la prosperidad para todos), aparecer en muy exclusivos foros y pronunciar discursos ante las élites del medio académico, empresarial y político. La ocasión más reciente, para recibir la Medalla de Honor Belisario Domínguez.

Se trata del mayor reconocimiento que el Estado otorga a sus ciudadanos “para premiar a los hombres y mujeres mexicanas que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de la Patria o de la Humanidad”, según el decreto de creación de la medalla, expedido el 3 de enero de 1953 por el presidente Adolfo Ruiz Cortines.

La medalla es apenas un símbolo de lo mucho que –con los negocios posibles por las reformas estructurales y la continuación de los que ya tenía– ha acumulado su imperio: Grupo Bal –compuesto por Industrias Peñoles y las diferentes divisiones del Grupo Nacional Provincial (GNP)– y otras empresas que van de servicios financieros a emergencias médicas, de El Palacio de Hierro a ganaderías de toros de lidia y organización de espectáculos taurinos, pasando por la operación de servicios de agua potable.

La diversificación que de origen tienen sus negocios se amplió en los últimos tres años con su incursión en el sector energético, cuando en febrero pasado creó Petrobal, que pronto consiguió asociarse con Pemex al ganar su primer contrato el pasado 30 de septiembre.

Petrobal, en asociación con la estadunidense Fieldwood Energy, consiguió sin competencia el área contractual número 4 de la segunda fase de la Ronda Uno, ubicada en la provincia petrolera Cuencas del Sureste. Dicha asignación abarca 58 kilómetros cuadrados e incluye dos campos, Ichalkil y Pokoch. Las reservas estimadas de esos dos campos son de 68 millones de barriles de crudo ligero y 92 mil millones de pies cúbicos de gas.

Las reformas del gobierno de Enrique Peña Nieto le abrieron otra oportunidad de negocios. Se trata del fondo Energía e Infraestructura de México (Fondo Exi), creado el pasado 25 de junio y cuyo objetivo es utilizar fondos de las afores –entre estas, la de GNP–, para fondear contratos en el sector energético.

Las dos nuevas empresas están dirigidas por exfuncionarios públicos. Petrobal, por Carlos Morales, quien trabajó 40 años en Pemex y durante el gobierno de Felipe Calderón fue director de Pemex Exploración y Producción. Fondo Exi, por Mario Gabriel Budebo, expresidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro.

Pero no es todo. Una consulta al portal de Obligaciones de Transparencia, donde se coloca la información gubernamental, permitió localizar 130 contratos con GNP; en lo que va del sexenio la aseguradora ha obtenido del gobierno 9 mil 184 millones de pesos, la mayor parte en contratos con la Secretaría de Hacienda.

Al anunciarse que la medalla Belisario Domínguez se le entregaría a Alberto Bailleres, las redes sociales y algunas mantas colocadas en torno a la antigua sede del Senado, la Casona de Xicoténcatl, donde se realizó la ceremonia solemne el jueves 12, mostraban la imagen del prócer liberal chiapaneco con la frase: “Soy totalmente Palacio”, eslogan publicitario de la cadena departamental del empresario.

Plata y plomo

Si los animalistas podrían escandalizarse por las aficiones taurinas y de cazador de Alberto Bailleres, su riqueza fundada en el daño a la salud de la infancia detonaría procesos judiciales en otro país. No en México, donde las autoridades de todos los niveles le brindan protección.

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Es el principal productor argentario del mundo y por ello se le conoce como el Rey de la Plata. Su producción refinada se concentra principalmente en el complejo Met-Mex Peñoles en Torreón, Coahuila.

Aunque se supo desde 1962, no fue sino hasta 1999 cuando se admitió que ese complejo, cerca del centro de Torreón, había contaminado mucho a través de un siglo y lo seguía haciendo: más de 11 mil niños, poco más de mil mujeres embarazadas e incontables ancianos tenían plomo, cadmio y arsénico en la sangre.

Con impunidad, la empresa de Bailleres pactó una atención de la salud a la que, anunció, destinaría varios millones de dólares. A 16 años, apenas en junio pasado, la Secretaría de Salud de Coahuila confirmó tres casos de niños con plomo en la sangre; si bien es una cifra inferior a la de 15 años antes, es evidencia irreprochable de que su planta sigue contaminando.

Ese tipo de contaminación afecta a los sistemas endócrino, cardiovascular, respiratorio, inmunológico, neurológico y gastrointestinal, además de piel y riñones. En casos extremos causa convulsiones, colapso e incluso la muerte.

A los impactos ambientales se suma la posición antisindical de Bailleres, documentada desde hace décadas. Mientras estuvo al frente de la Cervecería Moctezuma –la cual vendió en 1985–, fue expuesto pero jamás sancionado por frecuentes violaciones a los derechos laborales y la directriz de despedir trabajadores cuando intentaban organizarse (Proceso 363 y 399).

El 28 de abril pasado, extrabajadores de la Fresnillo PLC, en Caborca, Sonora, denunciaron que la empresa (de Bailleres) los hostigó y despidió luego de exigir al sindicato rendición de cuentas. Los acusaron de querer crear un nuevo gremio, intentar promover una huelga y afectar la estabilidad laboral.

La Red Mexicana de Afectados por la Minería tiene en sus registros numerosas quejas por operaciones del empresario.

Sólo por lo que toca al último año, los ejemplos abundan: El 1 de enero se inundó la Unidad Minera Naica, en Chihuahua, afectando dúrate meses su operación en un claro reflejo de las condiciones inseguras en que opera. El 22 de julio, Acciones Colectivas de Sinaloa demandó a Peñoles por contaminar el arroyo Milpillas, la presa del Comaquito y el río Magdalena, en Sonora. La empresa lo negó.

Al amparo del poder

En una de las pocas entrevistas de Bailleres, concedida a la revista Expansión y citada por la periodista Blanche Petrich en el libro Los amos de México, el magnate cuenta que en 1967, al heredar intempestivamente las empresas de su padre, Raúl Bailleres, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz lo mandó llamar.

Su padre, miembro de una familia de hacendados de Silao, Guanajuato, había creado un corporativo empresarial diverso, pues a las empresas mineras sumaba Banca Cremi y Cervecería Moctezuma, entre otras. Alberto Bailleres, cuyo capital heredado era ya de tanta importancia como para despertar el interés de Díaz Ordaz, le informó que pensaba mantenerse al frente. El mandatario le deseó éxito. La cercanía con los presidentes de México se mantuvo desde entonces.

A principios de los setenta fue un activo promotor del boicot publicitario al Excélsior de Julio Scherer, encargado por el presidente Luis Echeverría al ideólogo empresarial Juan Sánchez Navarro. Fue Bailleres quien firmó la famosa carta a los magnates mexicanos, en la que se reprobaba un supuesto antinacionalismo de Excélsior, entre otras cosas por considerarlo socializante, enemigo de la empresa privada y del “sistema democrático”.

Al parecer, la carta había sido redactada por Sánchez Navarro y no por el solícito Bailleres. El plan de los magnates era dejar de anunciarse en Excélsior varios meses de 1972 y 1973 para asfixiar al diario. En su libro Los presidentes, Julio Scherer reproduce una diálogo posterior con Sánchez Navarro, quien cuenta que Bailleres y Max Suberville (Liverpool) tenían dudas sobre el boicot y le pidieron desistir, lo que hicieron al descubrir un doble juego echeverrista.

Las intrigas fraguadas en el ámbito presidencial son notables en la trayectoria de Bailleres. Por ejemplo, en diciembre de 2008 fue detenido Carlos Pavón, entonces secretario de Asuntos Políticos del sindicato minero que dirige desde el extranjero Napoleón Gómez Urrutia.

En medio de la crisis del gremio, debido a una serie de embestidas judiciales contra el dirigente que a final de cuentas no se sostuvieron, Pavón hablaba por Gómez Urrutia, era crítico al gobierno de Felipe Calderón y encabezaba diferentes acciones en las secciones sindicales para frenar las escisiones que fraguaba desde la Secretaría del Trabajo Javier Lozano Alarcón, convertido hoy en uno de los senadores panistas que más defendieron la entrega a Bailleres de la medalla Belisario Domínguez.

La detención de Pavón y su estancia de varios meses en prisión le cambiaron la postura y al salir fue él quien creó su propio sindicato, al que le puso por nombre Napoleón Gómez Sada, una afrenta por ser el padre del dirigente autoexiliado. Ahí agrupó a los trabajadores de Bailleres.

Por ello el sindicato que dirige Gómez Urrutia rechazó la entrega de la medalla considerándola indignante y deshonrosa; acusó a Bailleres de represor por la muerte de un trabajador durante una protesta en Fresnillo en 2009 y recordó algunos de los episodios recientes de injusticia laboral.

Poder y riqueza simétricos

En los albores del llamado “Milagro Mexicano”, los magnates de los principales polos económicos crearon sus propias instituciones educativas copiando los programas de las universidades estadunidenses, sobre todo del Tecnológico de Massachusetts. En 1943 la familia Garza Sada creo el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, y en 1946 Raúl Bailleres fundó el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); al paso del tiempo, ambos se convirtieron en los semilleros de las élites neoliberales del país.

Las dos familias mantuvieron el control de sus universidades –proyectadas como instituciones sin fines de lucro–; en el ITAM la carrera puntera es economía –de ahí egresó el propio Bailleres–, que terminaría graduando al grupo que domina la política económica de México desde el sexenio de Salinas de Gortari, cuyo secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, es consuegro de Bailleres.

Desde el sexenio de Miguel de la Madrid los secretarios de Hacienda son egresados del ITAM. Las excepciones fueron los de Ernesto Zedillo: el efímero Jaime Serra Puche, Guillermo Ortiz y José Ángel Gurría.

Con Peña Nieto destacan los itamitas Luis Videgaray, con sus subsecretarios; el excanciller y actual secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade; el titular de la Función Pública, Virgilio Andrade; los directores de Pemex, Emilio Lozoya, y de la Comisión Federal de Electricidad, Enrique Ochoa, y todos los directores de la banca de desarrollo, mientras la política monetaria recae sobre Carstens.

Al amparo y al servicio de los presidentes del PRI y del PAN, la fortuna de Bailleres creció, hasta convertirlo en el tercer hombre más rico de México y el número 121 del mundo en 2015. Un año antes era el número 90, según la lista de Forbes.

En las tres décadas de dominio itamita de la política económica y del sector hacendario, la fortuna de Bailleres creció de manera exponencial. De mil 800 millones de dólares que tenía en 1996, ahora su fortuna se estima en 10 mil 800 millones. El despegue coincide con el inicio de los gobiernos surgidos del PAN, en especial del de Felipe Calderón.

En 2007 la fortuna de Bailleres se calculó en 5 mil millones de dólares y para 2012 acumulaba 16 mil 500 millones. El crecimiento de su fortuna es simétrico con la adquisición de concesiones mineras durante la docena panista, y una revisión de su récord histórico de concesiones para Industrias Peñoles permite observar la evolución.

Cuando se inició el control de Bailleres sobre Peñoles, en el sexenio de Adolfo López Mateos, obtuvo 12.8 hectáreas; con Díaz Ordaz, 28; con Echeverría, 344; con López Portillo, 3 mil 441; con De la Madrid, 2 mil 39; con Salinas, 3 mil 818; con Zedillo, 38 mil 533; con Fox, 911 mil 366. Con Calderón, 1 millón 239 mil 273 hectáreas en concesiones mineras. Con Peña sólo obtuvo 62 mil 339 hectáreas.

Así es como Bailleres pudo concentrar 2 millones 261 mil 196 hectáreas. Esa cantidad de tierra concesionada para explotación minera representa 1.1% del territorio nacional y equivale a casi dos veces la superficie del Distrito Federal.

No es todo. A través de su empresa Tecnología y Servicios de Agua, Bailleres se convirtió en uno de los principales operadores privados de agua y alcantarillado del país, pues sólo en la Ciudad de México se encarga del suministro de agua potable de las delegaciones Iztapalapa, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, atendiendo a 2.8 millones de habitantes. Contaba con otras dos sociedades para el suministro del líquido en Isla Mujeres y Benito Juárez, Quintana Roo, entre otras operaciones que acaba de abandonar.

Aun cuando no ha expresado interés en el sector hídrico, la reforma a la Ley de Aguas, que posibilitaría ampliar la inversión privada en el sector y que en las próximas semanas se discutirá en la Cámara de Diputados, lo coloca una vez más al acecho de nuevos negocios al amparo del poder… ahora, reconocido por el Estado mexicano por su virtud eminente al servicio de la “Patria o de la Humanidad”.

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