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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Jaime Avilés

desfiladero

El patrón ya dio la orden: Margarita o Chong

(La Jornada)

 

Jaime Avilés

 

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Jaime Avilés

Con un abrazo para John Ackerman, por 43 razones

 “Denme seis líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y encontraré motivo más que suficiente para hacerlo encarcelar”, cuentan que decía el todopoderoso cardenal de Francia, Armando Richelieu (1585-1642). Al doctor Edgardo Buscaglia, un retórico de la lucha contra el narcotráfico, le bastaron sólo dos palabras de Andrés Manuel López Obrador para enviarlo a la hoguera: “amnistía anticipada”.

Después de hacer una alianza pública, y exitosa, con los maestros que combatieron y derrotaron la mal llamada “reforma educativa”, AMLO se ha reunido con grupos de empresarios e inversionistas en distintos lugares del país, para explicarles, e invitarlos a respaldar, su programa de gobierno 2018-2024.

Este programa se basa en una lucha frontal contra la corrupción estructural de los gobiernos neoliberales, que sangran las finanzas públicas con cientos de miles de millones de pesos al año. Desde 2006, AMLO ha dicho que recortando los sueldos y acabando con los privilegios de la alta burocracia, destruyendo los laberintos por donde se esfuma el dinero, no sólo se logrará un importante ahorro interno sino que habrá recursos para financiar proyectos estratégicos, indispensables y urgentes.

Hoy lo más urgente es abrir cuantas universidades sean necesarias para atender a los cientos de miles de estudiantes que son rechazados cada año por falta de cupo, generando empleos o becas, según sea el caso, para ayudarlos a formarse profesionalmente; rescatar y repoblar el campo (que el neoliberalismo arrasó para que nos invadieran los productos de Estados Unidos y floreciera el narcotráfico), desarrollar infraestructura con inversión mixta (privada y pública) para multiplicar los empleos temporales. Estos y varios más son los proyectos estratégicos.

El programa de AMLO, en pocas palabras, propone una estrategia para arrebatarle “mano de obra” al narcotráfico —herramienta de control social del neoliberalismo— y recuperar las regiones donde cogobierna mediante el terror. Por eso fue que en Acapulco, el pasado mes de agosto, en una conferencia para los pudientes, subrayó que frente a las obras que se deben poner en marcha desde el primero de diciembre de 2018, para que el país sea mejor el 30 de noviembre de 2024, no perderá el tiempo cazando brujas con el propósito de fingir que hace como que hace.

La “amnistía anticipada” que mencionó en Acapulco fue una fórmula para quitarle telarañas de la cabeza a los empresarios decentes donde los haya, a los emprendedores de nuevo cuño (como los de Fondeadora o el Cine Tonalá), a los que arriesgan su capital y su trabajo para salir adelante pero están obligados a respetar las reglas sucias del juego —ganar contratos pagando mordidas, ser cómplices de los cacas grandes para que éstos no los aplasten— y deben corromperse porque si no se hunden.

Hay que formar parte de la maquinaria criminal del sistema para interpretar que la “amnistía anticipada” es una garantía de impunidad para los tecnócratas y plutócratas que nos destrozaron el país, o para proteger a los monstruos como Fox y Calderón que vaciaron los yacimientos de hidrocarburos y se robaron las utilidades, o para tranquilizar a los que llevaron a Peña al gobierno a fin de que pudiera privatizar Pemex y repartir la industria petrolera en beneficio de sus patrocinadores y amigos.

Hay que adolecer de un mínimo de honestidad intelectual para lanzar, a partir de dos palabras sacadas de contexto —”amnistía anticipada”— una campaña de calumnias contra AMLO, como la que sostiene el doctor Buscaglia, una campaña tan alevosa que indignaría al mismísimo cardenal Richelieu.

Pero nada es fortuito. La semana que termina es también la del destape de Miguel Ángel Osorio Chong, la inconmovible figura de terracota que, desde Gobernación, es tan culpable como Peña Nieto, por la desaparición forzada de los 43 de Ayotzinapa y 48 mil personas más, pero cree que el país lo necesita para que el caos se prolongue otros seis años y él pueda seguir diciendo, como ha dicho todos los días hasta ahora, “vamos por el buen camino”, sí, pero al sótano del último círculo del infierno.

A la ofensiva de Buscaglia, al destape de Chong y a los limitados discursos de Margarita Zavala, que tiene la cara más dura que el estigma con el que se casó, viene a sumarse otra calumnia, la del Wall Street Journal, sobre los departamentos de Copilco, pegados a la UNAM, que sí fueron declarados en la 3de3 pero están sujetos a juicio de sucesión testamentaria.

En uno de esos departamentos estaba AMLO, un domingo de 2005, después del desafuero, esperando que llegara la PGR a detenerlo. Abajo, en el pastito de la banqueta, la gente lo cuidaba como todos los días. De repente aparecieron tres camionetones sin placas y repletos de guaruras. En una de ellas viajaba el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, pero pasó de largo y se bajó de su carroza frente a la iglesia de la esquina.

Su jefe de seguridad les dijo a los cuidadores de AMLO: “No se asusten, todavía no venimos por él. Nomás trajimos al patrón para que oiga misa”. Santiago Vasconcelos, funcionario del ultracorrupto, majadero y golpista gobierno de Vicente Fox, pagaba por los servicios de un asesor en materia de “lucha contra el crimen organizado”: su amigo íntimo, el doctor Edgardo Buscaglia, un atildado señorito uruguayo que, hasta la semana pasada (¡tantos años después!) aún gozaba de amplio respeto y prestigio, pero que al subirse al ring en favor de Margarita Zavala y la mafia que tratará de sentarla en Los Pinos, perdió toda credibilidad.

Para los perredistas, que en Veracruz propalaron otra mentira —”AMLO se alió con Javier Duarte”—, aquí dejo esto. Antes de las elecciones, Peña Nieto le dijo al asesino de Nadia Vera, Rubén Espinosa y 18 periodistas más: “Si gana el PAN te va a meter a la cárcel Yunes; si gana Morena te meto a la cárcel yo”. El PRD, con la misma autoridad moral de Peña, Zavala, Calderón y Buscaglia, se unió anteayer al PRI para evitar que el Congreso investigue la matanza de Iguala y la desaparición de los 43.

Todo sugiere que “el patrón” ya dio el banderazo de salida para que el veneno de todas las víboras mediáticas destruya la imagen de AMLO y éste quede fuera de la carrera presidencial antes que termine el año. De una vez quieren dejarle la pista en exclusiva a Margarita y a Chong. El movimiento popular de resistencia contra el neoliberalismo asesino está participando en múltiples frentes y en múltiples temas por todo el antes llamado “territorio nacional”, pero no está reflexionando ni parece tener ganas de replantearse las cosas.

Hemos luchado pacíficamente, en 2008, en 2006 y en 2012, para ganar las elecciones y tomar el poder con el sano propósito de acabar con la dictadura. Es el momento de preguntarnos si no debemos proceder de manera opuesta: primero, tomar el poder; después, ganar las elecciones. En todo caso, para lo uno y para la otro, es necesario deliberar.

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