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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Octavio Rodriguez Araujo

Edomex: errores y perspectivas

(La Jornada)

 

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Si a errores vamos, no se salva ninguno de haberlos cometido. Lo he dicho hasta el cansancio: en estos tiempos los partidos sólo ganan, por lo menos con holgura, si van en alianza con otros. En el caso de las recientes elecciones, y no sólo las de este año, el PRD y Morena debieron dejar de lado sus marcadas diferencias, más motivadas por razones personales que por principios, y sondear alianzas. Por más que se le busquen patas a las víboras, lo cierto es que una alianza Morena-PRD es más natural que otra PAN-PRD. ¿Fue Morena la que no quiso alianza con el PRD o al revés? Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena, dijo que ella planteó la alianza con los perredistas, pero que éstos no quisieron, y tampoco su candidato Juan Zepeda (ver). ¿Razones personales más que políticas, soberbia de dirigentes, voluntarismo? No lo sé, el hecho es que la política y el futuro del país debieran de estar muy por encima de esas mezquindades.

Para todo mundo era obvio que el PRI pelearía con uñas y dientes el estado de México. No sólo fue el partido que más alianzas hizo (con el Panal, el Verde y el PES, que perderán su registro en el Edomex por baja votación) sino que, notoriamente, como suponíamos todos, recurriría al poder tanto del gobierno de la entidad como del federal y los enormes recursos de ambos para influir en la votación. ¿Un partido relativamente pobre podía enfrentar con probabilidades de éxito tales recursos? Morena lo intentó, y son más que meritorios sus resultados, pero la maquinaria orquestada en su contra (porque el principal enemigo del PRI no eran los otros sino precisamente Morena) era difícil de derrotar, y más todavía si contaba y cuenta con las supuestas autoridades electorales de la entidad (el Instituto Electoral del Estado de México, (IEEM), y el correspondiente Tribunal Electoral local). El IEEM hizo trampa o, por lo menos, cosas muy raras. ¿Qué significa que el conteo rápido, que tenía que considerar mil 818 casillas seleccionadas en la muestra, se haya basado sólo en 1 mil 347; es decir, en 74.1 por ciento de la muestra total? ¿Cuánto costó que miles de funcionarios de casilla no se presentaran y fueran sustituidos por los primeros en las filas? ¿El PREP es confiable?

Vendrán ahora las impugnaciones y se judicializarán los comicios, pero ya sabemos del cinismo de que son capaces quienes componen esos órganos (el IEEM y el Tribunal Electoral local), en su mayoría sumisos al PRI. No cambiarán ahora, pues el propósito del PRI y sus aliados, es decir, de todos los demás partidos enclavados en el sistema (incluidas las fuerzas hegemónicas del PRD), es evitar que AMLO y su partido lleguen a la Presidencia (así con mayúscula). Todos ellos, en la entrevista que tuvieron con Televisa, más las declaraciones de Josefina Vázquez Mota el domingo en la noche, están en contra del supuesto populismo de Andrés Manuel; y todavía más, el limitado presidente del PRI trató de insistir en que el dirigente de Morena y Nicolás Maduro de Venezuela son lo mismo. ¿No habrá alguna instancia judicial que castigue la estupidez y la ignorancia de los representantes de los partidos? Me temo que no, pues resultaría un harakiri masivo.

Los del PRD dijeron varias veces que Morena no quería aliados, pero ¿intentaron una alianza cuando todavía era tiempo legal de registrarla? No, y aunque Polevnsky dijera que sí lo intentó, lo cierto es que AMLO les pidió poco antes de las elecciones que declinaran, como lo hizo inútilmente el PT y cuando ya no era tiempo de registrar una alianza. Es más, la presidenta del PRD, Alejandra Barrales, declaró en un momento, aunque no viniera a cuento, que su partido iría con el PAN al 2018; y después de las elecciones, en entrevista con René Delgado (Reforma, 05/06/17), matizó y dijo que ella intentaría propiciar conversaciones con López Obrador y con dirigentes de otros partidos con la intención de que se formase un frente amplio opositor de cara a las elecciones del año entrante. Y añadió que si el PRI realmente ganó fue porque la izquierda llegó dividida. Rápidamente otros conspicuos perredistas comentaron que preferirían aliarse con el PAN que con López Obrador.

Si la tirada era y es sacar al PRI y al PAN, ambos partidos ostensiblemente de derecha, las alianzas son la vía para lograrlo, por lo menos la vía más probable y aconsejable. Si el PRD, por su lado, se siente más cerca de la derecha de la que la misma Barrales llamó izquierda radical (con López Dóriga el domingo), pues mal para su partido, por dos razones principales: ni Morena es de izquierda radical ni un partido que se dice de izquierda puede tener más cercanía ideológica con la derecha que con la izquierda por radical que fuera (que no es). Y luego decir que el candidato Juan Zepeda ganó perdiendo, es además de un oxímoron una estupidez. Perdió y en elecciones no hay medalla de bronce para el tercer lugar.

Lo obvio: si hubieran hecho alianza hubieran ganado de calle y tanto el gobierno de Peña como el PRI habrían perdido (sin necesidad de impugnaciones) su bastión estatal más importante. El problema previsible es que para 2018, en la lógica de un deseable frente amplio de izquierdas, los personalismos serán difíciles de remontar, pues la candidatura presidencial de una alianza de ese tipo sugiere que salga de ahí y que, además, sea una buena opción para ganar. ¿Quién? Aquí está el problema, pues los personalismos son muy fuertes y las antipatías entre dirigentes también. Un poco de humildad y un mucho de altas miras por el beneficio de México no saldrían sobrando.

rodriguezaraujo.unam.mx

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