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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Carlos Fernández-Vega

México SA

Lozoya = nuevo PRI
Ventilador activado
¡Convoquen a Virgilio!

(La Jornada)

 

 

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Carlos Fernández-Vega

Rafita y Julión pueden respirar un poco más tranquilos, pues otro escándalo cubrirá su presunta participación en el mundo financiero del narcotráfico. Si bien se trata de un caso medianamente conocido, que tarde que temprano reventaría, el de Emilio Lozoya Austin –ex director de Petróleos Mexicanos con Peña Nieto– y los sobornos de Odebrecht (plata a cambio de contratos con Pemex) se suma a la de por sí nutrida colección delictiva de los nuevos priístas (EPN dixit) y amigos que los acompañan.

Por más que en México lo encubrieran desde la cima del poder político, era cuestión de tiempo para que las corruptelas de Lozoya salieran a flote, porque la larga mano del aparato mexicano de procuración de justicia no alcanzó a cubrir a este personaje de las pesquisas, denuncias y, sobre todo, acuerdos de protección y salvamento negociados entre la autoridad brasileña y una de las partes directamente involucradas, es decir, las mismísimas cabezas visibles de la trasnacional brasileña.

El gobierno peñanietista no puede cobijar más al ex director de Pemex ni tapar sus oscuras componendas. De hecho, está obligado a denunciar penalmente a Lozoya y socios, sean éstos de la actual administración, de la previa o de ambas. No tiene forma de evitarlo, porque el ventilador ya está encendido y ahora no hay forma de apagarlo.

La Jornada lo publicó así: “Petrobras no fue la única petrolera que tuvo ejecutivos corrompidos por Odebrecht, ya que la constructora brasileña pagó 10 millones de dólares en sobornos a Emilio Lozoya, director de Pemex entre 2012 y 2016, informó hoy el diario O’Globo. A cambio, Odebrecht ganó una licitación de 115 millones de dólares para hacer las obras (para la construcción) de una refinería en Tula, Hidalgo, de acuerdo con el rotativo brasileño. A principios de 2012, constaté que Emilio Lozoya había alcanzado una posición destacada en el PRI, que disputaba las elecciones presidenciales de julio de 2012, cuyo candidato era el favorito en las encuestas electorales, relató Luis Alberto de Meneses Weyll, ex director de Odebrecht México a fiscales brasileños, en un testimonio el 16 de diciembre de 2016”.

Y detalla que “bajo el pretexto de haberme ayudado en el posicionamiento de Tula, (Emilio Lozoya) entendía que era debido un pago en su favor del orden de 5 millones de dólares, afirmó Weyll. En 2013, cuando Odebrecht –ya asociada con la contratista mexicana Construcciones Industriales Tapia, a recomendación del mismo ex presidente de Pemex– ganó la licitación para ampliar las refinerías, los pagos para Lozoya comenzaron inmediatamente, relata O’Globo. El diario brasileño, que no pudo contactar con la defensa de Emilio Lozoya, escribió que ahora toca que la Procuraduría General de la República (PGR) realice ‘investigaciones para descubrir si el dinero pagado por la empresa era sólo para él o si, de alguna manera, benefició a otros integrantes del gobierno de Peña Nieto’”.

Por cierto, el pasado sábado el inquilino de Los Pinos exigió a los priístas dar la batalla, proteger y defender lo que hemos construido; la obra debe continuar (¿a qué tipo de obra se refiere?), porque, según él, consolidada con éxito la transformación del país, en 2018 están en juego dos futuros, uno de progreso que ofrece el PRI y otro de franco retroceso. ¿En serio? Sólo le faltó decir que el próximo año Emilio Lozoya será el candidato tricolor, o alguien por el estilo.

Lozoya se estrenó como director general de Pemex con un discurso inversamente proporcional a su actuación. En los primeros días de diciembre de 2012, el personaje decía que esta gran empresa del Estado debe ser transparente, contar con un sistema real y permanente de rendición de cuentas. Mi administración tendrá una tolerancia cero ante cualquier comportamiento fuera del marco legal, ya sea de privados o dentro de esta empresa. Ya se sabe cuál es la realidad.

La nueva refinería de Tula (la Bicentenario) está en el centro del cochupo, es decir, la que Felipe Calderón anunció (el 18 de marzo de 2008, y cuatro veces más, cada una de ellas como novedad, a lo largo de su mandato) que construiría y no colocó siquiera un tornillo. La misma que como candidato del nuevo PRI Enrique Peña Nieto prometió edificar y echar a andar como parte de su proyecto energético, pero que finalmente incumplió. El secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, anunció su cancelación definitiva (octubre 2014), y a cambió, prometió modernizar las refinerías existentes y no construir más; es la estrategia del plan de negocios más conveniente para el país y para Pemex; no es una ocurrencia.

A esas alturas Odebrecht ya habría entregado 10 millones de dólares a Lozoya, como lo denuncia O’Globo, pero las partes debieron ajustar los términos, porque oficialmente ya no se construiría la citada refinería. Así, la trasnacional brasileña fue reacomodada por dicho personaje (y alguien más, sin duda) para que participara en la modernización de la Miguel Hidalgo, en Tula, y para ello acordó un contrato de 115 millones de dólares, el cual más adelante fue cancelado por Petróleos Mexicanos (ya con José Antonio González Anaya en la dirección general de la ex paraestatal), toda vez que resultaba notorio no sólo el fétido aroma, sino el incumplimiento de sus responsabilidades.

Por cierto, en Los Pinos olvidaron que el 20 de mayo de 2012, en la plaza de toros de Pachuca, el candidato Peña Nieto ofreció a los hidalguenses dos cosas concretas: construir la refinería Bicentenario (pendiente desde el sexenio calderonista) y un aeropuerto en Tizayuca, obras que sólo han sido promesas que nosotros haremos realidad, según dijo, con el notario público a la diestra. Cinco años después, incumplió las dos, y los únicos que han quedado colgados de la brocha son los hidalguenses, quienes deben pagar una deuda por mil 500 millones de pesos (cortesía del entonces gobernador Miguel Ángel Osorio Chong) utilizados, oficialmente, para la compra de los terrenos en los que se edificaría la fantasmagórica Bicentenario… que nunca se construirá.

Entonces, no hay de otra: ¡convoquen a Virgilio Andrade!, que Lozoya es la punta del iceberg.

Las rebanadas del pastel

Desde su campaña electoral y ya como inquilino de la Casa Blanca, el discurso de odio y el notorio racismo de Donald Trump nunca fue buen presagio. Y el ataque de supremacistas blancos en Charlottesville sólo lo confirma.

Twitter: @cafevega

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