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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Arturo Cano

Domingo morenista de cartas marcadas

(La Jornada)

 

 

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Arturo Cano

Periódico La Jornada
Lunes 4 de septiembre de 2017, p. 7

Los enterados esperaban más. Pero este fue el domingo de las cartas marcadas. Pese a que andaba en muletas, la ex ministra de la Suprema Corte de Justicia Olga Sánchez Cordero navegó hasta la mesa y firmó el documento. Antes había estampado su firma la economista Ifigenia Martínez, todavía ayer figura para presumir por los líderes del PRD, del que fue fundadora e ícono. Luego firmó Dolores Padierna, hasta ayer coordinadora del grupo del sol azteca en el Senado y cabeza, con René Bejarano, de una de las corrientes de ese partido.

‘‘Nuestros adversarios están en las cúpulas de poder económico y político y en las burocracias corruptas de los partidos. Abajo no tenemos diferencias con nadie; el problema está arriba’’, había leído poco antes Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena.

Uno a uno, una a una, los y las signantes del (aguanten la respiración) Acuerdo Político por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México pasaron a firmar en una mesa con el logotipo de Morena. La ex ministra Sánchez Cordero avanzó hasta un extremo del templete a ritmo de muletas y firmó el documento que plantea que el proyecto de nación lópezobradorista se propone ‘‘gobernar con rectitud, desterrar la corrupción, abolir la impunidad, actuar con austeridad y destinar lo que se ahorre para financiar el desarrollo del país’’.

Fueron pocos los que subieron al templete. El grueso de los invitados especiales –así decían sus gafetes– se colocaron en sillas debajo del escenario. Ahí estuvieron, por ejemplo, el ex funcionario del gobierno capitalino Elías Moreno Brizuela, el chiapaneco Rutilio Escandón, el ex gobernador michoacano Leonel Godoy e incluso Néstor Núñez, aspirante a la candidatura morenista en la delegación Cuauhtémoc. Su presencia subrayaba este tiempo de contradicciones: su padre, de nombre Arturo, es el gobernador de Tabasco, que este día apareció en la primera fila de un acto que se realizaba a sólo unas calles de distancia: el Consejo Nacional del PRD, donde celebraban las ausencias de los tránsfugas.

También a unas pocas calles está la oficina de Ricardo Monreal, quien quiso de sucesor al joven Núñez y quien hoy recibió un nuevo mensaje de boca del mismísimo Andrés Manuel López Obrador, tras su negativa a aceptar el método de selección de aspirante al Gobierno de Ciudad de México: ‘‘Se confunden las cosas y brotan la ambición y la calentura’’.

López Obrador mencionó cargos posibles para Monreal, mientras a sólo unos pasos, poco después, en un hotel frente a la Alameda el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, jugaba a ser la figura central del desgranado partido del que no es miembro. ‘‘Les vamos a agradecer que se vayan pronto’’, decía Alejandra Barrales, quien apenas ayer, como otros dirigentes perredistas, se tomaba fotos con la maestra Ifigenia Martínez, uno de los pocos ‘‘orgullos históricos’’ que le quedaban al PRD.

Han sido tantas las renuncias, que los dirigentes del sol azteca ya tienen la piel curtida para despedir a los que se van (la lista incluye a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Alejandro Encinas y otros que ocuparon importantísimas posiciones en el partido). A los amarillos, por tanto, les sobran frases para la despedida: ‘‘Momento de definiciones: adiós a quienes han decidido ir a Morena o terminarán en el PT porque le son incómodos al Mesías’’, escribió la diputada de Nueva Izquierda Verónica Juárez Piña, por ejemplo.

López Obrador comenzó su discurso al mediodía. Los temores de las nuevas adquisiciones –Padierna era la figura emblemática– se habían disipado pronto. La maestra de ceremonias y actriz Jesusa Rodríguez le había ofrecido cálida bienvenida nomás escuchó los gritos surgidos de las primeras filas: ‘‘¡Dolores, Dolores!’’, gritaban las señoras que muy temprano ocuparon uno de los flancos frente al templete.

Las porras a Padierna Luna (‘‘enorme luchadora social’’, en palabras de Yeidckol Polevnsky) sólo fueron superadas por las dirigidas a la virtual candidata Claudia Sheinbaum, el personaje que más tardó en salir de las inmediaciones del Monumento a la Revolución.

A la firma del acuerdo de respaldo a López Obrador se sumaron diputados locales y federales, actores y dirigentes del PRD. Entre las bases bajo el templete hubo pocas protestas, sobre todo cuando se hizo referencia a la militancia de algunos de los legisladores: ‘‘¡No queremos más priístas!’’, fue el grito, que no pasó a mayores.

Una manta críptica de morenistas de Quintana Roo resumía ese ánimo: ‘‘Celebramos la no inclusión de candidatos figurines externos que pretendan colgarse del prestigio de AMLO’’.

Abajo, en la zona de invitados especiales, se comentaba hasta el hartazgo la transfiguración de Ricardo Monreal, que ha batido marcas en los medios. Gracias a su rechazo al procedimiento de selección, el zacatecano pasó de ser, en la prensa, un soldado de AMLO con un pasado oscuro y una gestión con visos de corrupción, a una heroica víctima del autoritarismo y el dedazo. Y, claro, se ha ganado más primeras planas que muchos asuntos importantes del país.

Hace unos meses, en un acto similar, Monreal se negó a subir al templete porque no dejaron entrar a uno de sus cuadros, la ex bejaranista Leticia Quezada. En estos días de votaciones en los consejos delegacionales de Morena, Quezada ni siquiera logró ser incluida en la terna de la encuesta para buscar una alcaldía.

Protagonista de una ruptura que acaparó primeras planas, el senador Miguel Barbosa probó este domingo la misma medicina: lo pusieron en segunda fila, y desde ahí miró y escuchó a las señoras rudas de Padierna, que se agarraron a empujones con los seguidores del ex delegado Víctor Hugo Romo que se querían colar a la primera línea. Carmen, una de esas militantes de las colonias, contó primero que se han dado duro con otros perredistas en la Venustiano Carranza, que ahí las golpeaban las huestes de Nueva Izquierda cuando iban de brigada. Su tránsito a Morena, dijo, no le costó nada ‘‘porque el PRD ya se va con el PAN, que es un partido elitista’’.

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