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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Enrique Calderón Alzati

Consulta NAIM, educación y olvido

(La Jornada)

 

 

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Enrique Calderón Alzati

Hoy es tiempo de contrastes, entre las propuestas de Andrés Manuel López Obrador y el pasado violento y oprobioso que recordamos a 50 años del crimen cometido contra la juventud de esos tiempos. La consulta propuesta por el presidente electo en torno a la disyuntiva de continuar la construcción del Nuevo Aeropuerto de Internacionacional de México (NAIM) en Texcoco, o utilizar las instalaciones aeronáuticas de Santa Lucia o de Toluca, como complemento para las operaciones del aeropuerto actual en la capital, no es un asunto menor. De hecho se trata de un acto sin precedente en la historia de México. Los argumentos en favor y en contra de ambas opciones responden a intereses económicos y sociales que se contraponen y en este contexto no son pocas las personas que opinan que la decisión corresponde a las altas autoridades del país, y concretamente al próximo presidente de México y a quien será su secretario de Comunicaciones y Transportes, quienes deben ser asesorados por expertos, tratándose de algo tan complejo como el problema en ciernes, sin embargo, esta manera de pensar sólo refleja la preferencia de seguir viviendo en una nación en el que el Presidente impone sus ideas, sus gustos y sus intereses y los de su grupo cercano, mientras que la función de los ciudadanos es aceptar y aplaudir las decisiones o disentir y criticarlas como una imposición del gobernante y sus colaboradores cercanos.

Siendo consecuentes y congruentes con nosotros mismos y con nuestro voto mayoritario de protesta y de lucha por un gobierno democrático, debemos entender que la democracia implica responsabilidades desconocidas para nosotros hasta ahora, las cuales incluyen nuestra obligación de participar en actos de esta naturaleza y hacerlo de manera responsable, sabiendo que en ello va el futuro de nuestro país y es posible equivocarnos, lo cual nos llevará a tomar decisiones más informadas y mejores en el futuro, pues es precisamente ello lo que constituye la esencia de la democracia: El gobierno del pueblo, por el pueblo y, sobre todo para el beneficio de éste. Cuando en un gobierno democrático decidimos no participar en una consulta (lo cual es perfectamente válido) simplemente estamos delegando, en los que sí lo hacen, nuestro derechos y al hacerlo debemos considerarnos corresponsables de las decisiones que se tomen. Para comprender la importancia de este principio que constituye la esencia de la democracia, pensemos en la imposición de las leyes que se votaron en el Congreso para permitir al gobierno de Peña Nieto enajenar los yacimientos petroleros que constituían el patrimonio de la nación. ¿Qué habría sucedido si antes de que tales cambios en la Constitución se realizaran, el pueblo de México hubiese sido convocado a participar en una consulta nacional para decidir tales modificaciones? Seguramente la respuesta de una abrumadora mayoría habría sido no, imposibilitando la realidad que hoy vivimos; lo que ahora hemos logrado con nuestra votación abrumadora del primero de julio ha sido precisamente el cambio que deseábamos y que con esta consulta nos enfrenta a un nuevo paradigma.

El pasado 2 de octubre el país entero recordó la siniestra matanza de estudiantes en Tlatelolco, ordenada por Gustavo Díaz Ordaz, entonces presidente de la Republica y ampliamente justificada por Televisa y la mayor parte de los diarios nacionales. Los estudiantes y maestros de las universidades e instituciones de educación superior realizaron marchas y actividades diversas en memoria de aquellos estudiantes que vivieron el horror y la muerte en aquella tarde trágica, mientras se realizaban diversos actos de repudio a ese régimen asesino, con la consigna El 2 de octubre no se olvida que era repetida en todo el país, y el próximo presidente del país afirmaba que tales actos no se volverían a repetir.

Pero algo muy importante falta en todo esto. Algo que permita que a las próximas generaciones de mexicanos conocer y recordar lo que sucedió aquel 2 de octubre de 1968, en el que un Presidente cobarde y desquiciado ordenó la muerte de los estudiantes, acusándolos de servir a los intereses de naciones supuestamente enemigas de nuestra nación. Invito por ello a consultar a quienes tengan acceso a los libros que imprime la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, sean maestros, directores de escuela, estudiantes o padres de familia, a buscar lo que en ellos se dice del 2 de octubre.

¿Por qué razón esos libros omiten esta tragedia? ¿Es acaso por vergüenza o por ignorancia? ¿Se trata de querer tapar el sol con un dedo? O ¿Será que para ellos se trata de un asunto sin importancia? Lo más extraño es que en esto hayan coincidido los gobiernos procedentes del PRI como del PAN. Se ha dicho que son los vencedores quienes escriben la historia, pero en este caso ¿De qué vencedores se trata? Una última pregunta que en este caso me parece relevante: ¿Habría sido posible la tragedia de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, si en los libros de texto hubiese una referencia al 2 de octubre? Mi impresión es que no, Enrique Peña Nieto y su gobierno habrían sido más cuidadosos para evitarse la vergüenza, de que esta nueva tragedia apareciese igualmente en los libros de texto en un futuro cercano. En algún artículo anterior he comentado ya la problemática de los libros de texto, elemento fundamental de nuestro sistema de educación básica; hoy aprovecho este texto relacionado con el 50 aniversario del 2 de octubre, para mencionar que este es sólo un ejemplo de las omisiones que son comunes en los libros de texto, omisiones que incluyen también hechos positivos de gran importancia como la expropiación petrolera y las reparticiones de tierra, realizadas por Lázaro Cárdenas y Álvaro Obregón, la nacionalización de la industria eléctrica y el papel de los gobiernos mexicanos en los conflictos entre Guatemala, Cuba y Nicaragua con el gobierno de Estados Unidos, que debieran ser motivo de orgullo para las nuevas generaciones.

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