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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Hugo Aboites

AMLO, NAIM, CNTE y AMM

(La Jornada)

 

 

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Hugo Aboites*

En días recientes el ya Presidente López Obrador ha mostrado una importante capacidad para entender y actuar exitosamente en contextos claves: Aeropuerto de Texcoco, la relación con la CNTE y, ahora toca, el Arma de Migración Masiva (AMM), dirigida desde Centroamérica hacia el blanco Trump y lo que representa en Estados Unidos.

En el caso de Texcoco, su decisión (aunque fundada en una consulta y no en el diálogo con los campesinos) representa un mensaje de respaldo a miles de comunidades, organizaciones y militantes que defienden sus bosques, ríos, costas, tierras y territorio, la base de la enorme diversidad de culturas que sustenta al México actual. Desde Chihuahua, donde los rarámuris pagan con sangre la defensa de su territorio, hasta Chiapas, donde las comunidades zapatistas mantienen su autonomía y bienestar, basado en una estructura colectiva de gobierno. Con el NAIM se rompió por un momento (y que demostró que puede extenderse), el mito del progreso capitalista y colonizador como única vía para un ideal bien superior de la nación. Significa que los derechos a la tierra, seguridad, igualdad hombre-mujer, educación, empleo y el derecho a vivir en un ambiente ecológico saludable y próspero pueden ponerse en primer plano y ser luego la base de desarrollo. Y esto, sin que se rompan acuerdos básicos de convivencia-país o que la nación se desbarate. Por que tiene el respaldo de una alteración profunda –electoral– del equilibrio de fuerzas nacional y de actores que entienden a profundidad el momento. Incluso desde el punto de vista del beneficio económico, tiene sentido crear dos o más polos de desarrollo, que enfocarse sólo en uno, enorme, que replica y refuerza la historia de centralización y acumulación de la riqueza del México moderno. Hay, de fondo, en la corta historia del NAIM toda una propuesta de desarrollo económico que puede ir a contrapelo de la capitalista.

El caso de la CNTE es igualmente importante porque, como describe Luis Hernández Navarro ( La Jornada, 6/11/18) López Obrador reconoce –al convocarla a mesas de diálogo y reiterar la abrogación total de la reforma– que ese movimiento es hoy una fuerza social importantísima en la educación. Esto contradice de frente la intención de construir el nuevo proyecto educativo con el SNTE, banqueros, televisoras, INEE, como muestran los hechos. Que desde la Presidencia no sea con esos protagonistas sino con lo que representa la CNTE y las clases que pueblan la educación del país, es un salto importantísimo en la historia de una educación alejada y burocratizada que vivimos desde la década de los años 40. Atención, la reforma educativa es vista como un estorbo del que hay que deshacerse, pero no por mala, sino porque la fuerte resistencia que generó obstaculiza el continuar, de otra manera más sutil y democrática, la ruta de modernización neoliberal que se inició hace 30 años. Hacia allá apuntaban las consultas, la alianza SEP-INEE, el discurso vago y las exhortaciones al acuerdo. Ahora es más difícil, dada la convergencia AMLO-magisterio, pero también por el hecho de que la resistencia magisterial de muchos años generó propuestas de una u otra educación que ahora no se pueden borrar nada más. Son propuestas, además, que implícitamente, dibujan un escenario de educaciones regionales, distinto al rígido, vertical y centralizado modelo que entró en crisis con la reforma. Lineamientos centrales, realidades locales.

Finalmente, es claro que AMLO sí puede reconocer que la migración masiva es hoy una decisiva arma de paz. Un elemento radicalmente nuevo, inesperado, capaz de cambiar la relación de Mesoamérica con Estados Unidos. México, en lugar de seguir jugando a aplacar a Trump y, al mismo tiempo, respetar su historia de asilo (situación bipolar que lo lleva a reprimir y engañar migrantes en el sureste, pero luego a abrir corazones en la capital), debe desentrañar los trascendentales significados de esta migración. Cuestiona, por ejemplo, el arreglo de frontera que el TLCAN formalizó: en la frontera pasa todo, ropa, partes automotrices y electrónicas, granos, petróleo, armas, drogas, pero no personas.

La migración es hoy un actor poderoso y, so pena de que se vuelva contra él mismo, el gobierno está obligado a buscar un acuerdo amplio, que comprometa la política estadunidense y mexicana con el desarrollo y la seguridad en los países mesoamericanos, el alto a la subordinación y exacción sistemática a los pobres a escala continental y los acuerdos humanos en la frontera. La historia obliga a México a asumir hoy un papel central. Si no lo hace, tendremos una frontera desbordada y peligrosísima: si, con cualquier excusa, las fuerzas estadunidenses comienzan a reprimir violentamente o a disparar contra los invasores, o sea, hacia el lado mexicano, ¿entonces?

Tres realidades y procesos fundamentales de una real transformación.

P.S. Bienvenida de nuevo, Carmen Aristegui.

* UAM Xochimilco

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