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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Carlos Fernández-Vega

México SA

Pemex: capos de cuello blanco
Huachicol: rapiña institucional

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Gasoducto en el estado de Guanajuato. Foto Ap

(La Jornada)

 

 

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Carlos Fernández-Vega

La cloaca huachicolera destapada por el presidente Andrés Manuel López Obrador sólo confirma, por si alguien aún dudara, que los verdaderos capos del crimen organizado –en su más amplia expresión– siempre han estado en el gobierno (federal, estatal y municipal), sin demeritar la decidida complicidad privada y sindical en el caso de Petróleos Mexicanos (Pemex).

A lo largo de los años el robo de combustible creció como la espuma, por la sencilla razón de que el negocio implicaba ganancias de ensueño, libres de impuestos y con impunidad garantizada. De acuerdo con las cifras divulgadas por el propio López Obrador, sólo en los pasados tres años del gobierno peñanietista tales beneficios superaron 100 mil millones de pesos, o si se prefiere poco más de 91 millones de pesos por día.

Como en el caso del narcotráfico, la trata, el secuestro, el tráfico de órganos y demás ilícitos, el negocio del huachicol es de tal proporción que no puede pasar inadvertido por las autoridades, ni el volumen de ganancias ocultado bajo el colchón, de tal suerte que pretextar que el gobierno no estaba enterado o no tenía capacidad para combatirlo no es más que una evasiva ramplona para justificar tales prácticas.

Lo peor del caso es que el robo de combustible comenzaba en las instalaciones mismas de Pemex (ante la mirada y el silencio de todos, porque estiraban la mano y volteaban para otro lado), toda vez que el mayor volumen se obtenía en las propias terminales de abastecimiento de la ex paraestatal y las pipas –controladas por el capo Romero Deschamps– hacían el resto.

Sobre el particular, Andrés Manuel detalló: “Los intereses creados, muy poderosos, que operaban desde el gobierno con la complicidad de Pemex, de donde se robaban diariamente más de mil pipas de combustible, hoy están presionando, pensando que van a vencer. La administración encabezada por Enrique Peña Nieto hizo creer a todos que se robaban 60 mil millones de pesos de combustible anualmente vía la ordeña de ductos de Pemex, que eran los huachicoleros, y sólo era una cortina de humo, una farsa, porque en realidad se daba desde el gobierno, porque tenía toda la información del robo”.

Del gobierno de Fox (desde entonces se combateel robo de combustible) al de Peña Nieto, Pemex tuvo siete directores generales y ninguno de ellos acabó con el ilícito ni procedió en contra de los culpables. Eso sí, el negocio creció vertiginosamente. ¿Por qué? Lo dijo AMLO: Hubo complicidad plena dentro de Pemex, porque ahí se manejaba todo el sistema de conducción de hidrocarburos; ahí se advierte cuando no hay presión, porque están desviando el combustible a redes paralelas que se crearon con ese propósito.

Tres gobiernos al hilo (Fox, Calderón y Peña Nieto) pusieron en marcha (así lo presumieron) sendos planes integrales en contra del robo de combustible. Transcurridos 18 años desde el primer plan, el robo de combustible alcanzó niveles impresionantes, al igual que las ganancias obtenidas.

Esa tercia, con todo y sus planes, nunca trascendió el discurso, mientras el negocio crecía y crecía. En 18 años, nada de nada, salvo mayores ganancias para el crimen organizado. Pero en cuestión de tres semanas el gobierno de López Obrador logró reducir 97 por ciento (de mil 100 a 36) el robo de combustible en pipas de Pemex, las cuales son controladas por el capo Romero Deschamps vía concesión de la ex paraestatal.

En menos de un mes la nueva administración gubernamental se enteró de cómo y en dónde operaba el cártel del robo de combustible y cerró la válvula. En 18 años, Fox, Calderón y Peña Nieto nada resolvieron. ¿Casualidad?

Las rebanadas del pastel

Mil 100 pipas, robadas cada 24 horas, contienen 16 millones 500 mil litros de gasolina, volumen representativo de entre 12 y 14 por ciento del consumo nacional diario de ese combustible. Y buena parte de ese volumen se expendía en gasolineras. Pero dicen que nadie sabía del atraco.

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