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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Bernardo Bátiz V.

El color del petróleo

(La Jornada)

 

 

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Bernardo Bátiz V.

El color del petróleo es el título de un libro que conviene recordar ahora en que se está dando una batalla para recuperar los hidrocarburos perdidos como resultado del llamado Pacto por México, cuando se aprobó la reforma energética y se sembró la semilla del mal que hoy afectan tan gravemente al pueblo de México; se tomó entonces una determinación dañina, contraria al interés de la nación mexicana, se inició un camino que puso en peligro la soberanía nacional. Uno de sus efectos más peligrosos consistió en poner la empresa emblemática que durante años fue Petróleos Mexicanos, en manos de tecnócratas que tuvieron como objetivo abrir las puertas de la paraestatal a los negocios privados y al saqueo.

El procedimiento fue simple; salieron de las áreas estratégicas de la economía los hidrocarburos, gas y petróleo y la energía eléctrica. Estas áreas clave para cualquier país, de acuerdo con la Constitución mexicana antes de reforma, estaban bajo el control y eran propiedad del Estado; con la reforma energética, esa gran riqueza se abrió a la codicia de los negociantes y empresarios del mundo globalizado y México perdió el control de algunas de las industrias más importantes del mundo moderno.

Considerar en la Constitución áreas estratégicas de la economía al petróleo y la electricidad es primordial para el país. El término estrategia se tomó del lenguaje militar; una posición estratégica es una ventaja para quien la tiene, en una batalla, una posición en alto sobre la llanura o bien una fortificación; en una guerra, una posición estratégica, es una fortaleza, un puerto o unas instalaciones que otorguen ventaja frente a los posibles enemigos.

En la economía globalizada de nuestro tiempo, los estados nacionales se encuentran siempre en riesgo por los vaivenes del mercado y por las altas y las bajas de los valores cotizados en bolsa; es vital tener bajo control recursos económicos que aseguren para su población el abasto mínimo de requerimientos para su subsistencia; equivale, si se tienen dentro del patrimonio nacional, a una fortaleza en una guerra.

Quien siendo participante en una contienda armada abandona o entrega una posición estratégica traiciona a sus compañeros o comete un acto de extrema torpeza o cobardía. En materia económica estamos ante una situación similar, haber entregado a los competidores de Petróleos Mexicanos parte del patrimonio que a este organismo paraestatal le correspondía, no puede haber sido sino, al menos, un gran error, del cual estamos pagando las consecuencias; sólo que gracias al proceso democrático, bajo la dirigencia de un gobierno que no sólo ve el problema, sino que lo afronta con decisión y patriotismo; acción rápida, arriesgada y eficaz que demuestra que las cosas están en camino de corregirse, vamos en serio a una transformación profunda de las estructuras injustas que habíamos soportado durante los gobiernos recientes.

El titulo de esta colaboración para La Jornada es el de un libro escrito por el ingeniero Eduardo Soto Yáñez, recientemente fallecido; él fue uno de tantos auténticos petroleros mexicanos excluidos de la empresa por ser contrarios a las políticas entreguistas; como otros se percató, siendo funcionario de la paraestatal, del desmantelamiento de la empresa y del Instituto Mexicano del Petróleo. Su libro, El color del petróleo, en forma de novela, es la historia de un joven de provincia, él mismo, que llega a la capital a estudiar al Instituto Politécnico Nacional la carrera de ingeniero; relata cómo, con gran esfuerzo y carencias, se abre camino poco a poco con trabajo y constancia hasta ocupar cargos importantes en Pemex y de paso describe el ambiente de entusiasmo y trabajo que por muchos años se vivieron en la paraestatal.

Las convicciones del ingeniero Soto fueron siempre de compromiso en el trabajo para sacar adelante a su familia, pero también participó en política y en diversos campos del indigenismo y de la política. Fue un hombre de izquierda y tuvo la satisfacción de ver antes de su partida, el triunfo de Morena, de su dirigente nacional y del pueblo de México.

Una aportación muy importante del ingeniero Soto fue un estudio que elaboró para la secretaría anticorrupción del gobierno legítimo; en él señaló con precisión cómo se desmantelaba Pemex y se destruía al Instituto Mexicano del Petróleo. Una idea que solía repetir cuando se hablaba del tesoro para México en el fondo del mar, en los pozos de las aguas profundas, era que sí, en efecto, existía ese tesoro enterrado, pero en las obras de refinerías, tendido de líneas de abastecimiento, puertos, almacenes y otras instalaciones abandonadas sin concluir por las administraciones neoliberales. El color del petróleo es un libro de actualidad en este momento, pues cuando México está dando la batalla decisiva por rescatar nuestro patrimonio, conviene recordar a quienes en su momento, cuando el triunfo aún no se vislumbraba, participaron, se comprometieron y defendieron lo nuestro.

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