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Rumbo a la cuarta transformación de México

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José Gil Olmos

Nuestra soberanía, limitada ante el poderío estadunidense: Lorenzo Meyer

Lorenzo Meyer emite un juicio demoledor: “Un país soberano es aquel que toma decisiones sin rendirle cuentas a nadie. En teoría México es un país soberano, pero en la práctica somos un país con soberanía limitada”. Entrevistado con motivo del conflicto migratorio-comercial entre los gobiernos mexicano y estadunidense, el historiador concluye que, aunque éste no es el peor problema suscitado entre ambas naciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador debe navegar con mucho cuidado, pues se enfrenta a un mandatario, Trump, al que no le importamos.

(Proceso No. 2224)

 

 

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José Gil Olmos

La relación entre México y Estados Unidos ha sido complicada y eso no va a cambiar ahora, asegura Lorenzo Meyer.

Al hacer un repaso de los conflictos entre ambos países desde el siglo XIX, el historiador señala que la historia está marcada por la lucha mexicana para mantener la soberanía, que está limitada ante el poderío estadunidense.

Entrevistado en estos días en que Estados Unidos y México se han confrontado por la creciente migración centroamericana, precisó que éste no es el peor momento para el gobierno mexicano y que el presidente Andrés Manuel López Obrador poco puede hacer ante las ambiciones personales de Donald Trump.

“Se viene el problema centroamericano como al final de Macbeth, cuando los árboles vienen caminando para derribarlo; así se nos vino ese bosque encima y entonces Trump, que ya nos traía entre ceja y ceja, nos golpea de una manera tan fácil, porque nos hizo dependientes del Tratado de Libre Comercio. Las relaciones con Estados Unidos siempre han sido con problemas, pero no tan duros como ahora”.

Sin embargo, ante las reacciones de un sector del país que reprueba las negociaciones y acuerdos que ha tenido que hacer el gobierno mexicano con el estadunidense en cuanto al tema migratorio, el investigador de la Universidad de Chicago advierte: “No veo a nadie en México que tenga la decisión de defender al país como lo hicieron los vietnamitas”.

En ese marco de desventaja, Meyer insiste en que la soberanía mexicana está limitada y López Obrador tiene que irse con cuidado porque tiene frente a él al presidente Trump, que sólo se ve a sí mismo y tiene la simpatía de una buena parte de su pueblo, en el que se siente reflejado.

Un país soberano es aquel que toma decisiones sin rendirle cuentas a nadie. En la teoría México es un país soberano, pero en la práctica somos un país con soberanía y ver hasta donde llegamos en cada época», explica.

Repaso histórico

Para ambos países Meyer se remonta a la rivalidad que había entre Inglaterra y España cuando colonizaron el continente americano. “Una rivalidad de poderes políticos, religiosa y cultural, la cual fue heredada por Estados Unidos y México. Una herencia de rivalidad y de desprecio mutuo».

Luego apunta que en la formación que tuvieron como Estado nación, mientras a Estados Unidos la independencia no le afectó la economía, en México fue completamente al contrario.

“La guerra de independencia en Estados Unidos no destruyó su economía; la de México sí la destruyó, sobre todo la mineral. El producto interno bruto mexicano bajó los primeros años del siglo XIX y el de Estados Unidos subió”, indica.

Meyer señala otra causa de la disparidad del crecimiento económico: el crecimiento demográfico. Recuerda que mientras Estados Unidos crece y se expande territorialmente con miles de migrantes de toda Europa, México fracasa en sus intentos de atraer a colonizadores irlandeses católicos.

La crisis económica de México, la ausencia población, los conflictos internos y la fragilidad de sus gobiernos hacen que al final pierda una buena parte del norte del territorio, sintetiza el investigador. “El primer choque es por el territorio, sintetiza el investigador.

“El primer choque es por el territorio, que es esencial para una nación, y ese choque lleva a una guerra entre dos países jóvenes pero muy diferentes en poder y en potencial. Según cálculos de algunos historiadores, al principio del siglo XIX el producto interno bruto de Estados Unidos era el doble que el mexicano, pero en vísperas de la guerra de 1846-1848 era 13 veces mayor.

Si esto lo vemos ahora entre López Obrador y Trump, pues está repitiéndose. Cuando alguien dice que hay que ponernos duros y defender al país, hay que ver ante quién nos tenemos que defender. Sí se puede, pero el costo es enorme. Vietnam se pudo defender, nada más que tenía apoyo externo y estaba dispuesto a pagar la muerte de millones de vietnamitas… y lo pagó. ¿México está dispuesto a que millones de mexicanos mueran? Ya veo a los del norte defendiendo a la patria hasta morir.

”Meyer señala que esa guerra fue un acto con un resultado de derrota previsible: “México quiso pedirle ayuda a Inglaterra para detener a Estados Unidos, pero le aconsejaron que mejor aceptara la independencia de Texas, que hiciera un tratado para que hubiera una nación texana, una norteamericana y una mexicana. Mexico fue a la guerra y perdió Texas; después perdió la guerra de 1846-1848. “Ahí quedó, a mi juicio, establecida la naturaleza de la relación entre México y Estados Unidos, una relación de países muy asimétricos en poder, en donde el otro impone sus condiciones. Cuando necesitan más territorio, a Santa Anna le imponen sus condiciones para comprar La Mesilla ante la amenaza de ir por Baja California, Sonora y Chihuahua. Nos impusieron sus decisiones por la asimetría de poder y eso se mantiene hasta ahora.”

«Cachetadas»

El investigador emérito de El Colegio de México señala que, paradójicamente, la división interna en Estados Unidos entre demócratas y republicanos, así como las dos guerras mundiales y la Guerra Fría han generado circunstancias favorables para México en la defensa de su soberanía.

Asegura que el tratado McLane-Ocampo, firmado el 14 de diciembre de 1859 entre Robert McLane, enviado especial del presidente Buchanan, y Melchor Ocampo, secretario de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano, iba a dividir al país al concederle a los ciudadanos y bienes de los Estados Unidos derecho de tránsito a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec y por el norte, de Tamaulipas a Sinaloa. “Si se hubiera puesto en práctica, pasado un tiempo México hubiera quedado en pedazos; por un lado sería la continuidad de Centroamérica del Istmo hacia el sur; otro pedazo, del Istmo al centro, y otro más con la carretera al norte. Pero no se llevó a cabo, no por México sino por la pugna interna norteamericana, porque los del norte de Estados Unidos dijeron que eso iba a beneficiar al sur.

Ahí nos salvamos, por la división entre demócratas y republicanos, por la división de intereses económicos de quienes ahora quieren poner plantas industriales en México y los que no las quieren”, indica Meyer.

Recuerda que hubo otro momento difícil durante el porfiriato, cuando los estadunidenses amenazaron con invadir si no se terminaba con la inseguridad en la frontera, que entonces no era por la migración sino por el abigeato, porque decían que de México se estaban robando el ganado. “Vieron la posibilidad de ocupar temporalmente el norte de México para poner orden en esa frontera”, refiere Meyer basándose en los archivos del Departamento de Guerra de Estados Unidos.

En respuesta, Porfirio Díaz mandó a un par de generales con sus tropas a poner orden, porque Estados Unidos lo demandaba. “Entonces, no es la primera vez que pasa eso; y cuando se puso orden en la frontera, los norteamericanos dejaron de presionar”.

Al llegar la Revolución, México ensanchó su soberanía, pero sobre todo aprovechando la situación que se creó tanto por la Primera como por la Segunda Guerra Mundial.

“Si las potencias no hubieran estado en guerra, no se hubiera logrado hacer la Constitución de 1917. Si las potencias no hubieran estado en víspera de la Segunda Guerra Mundial, no se hubiera hecho la expropiación petrolera. Entonces sí se pudo ensanchar la soberanía, pero no sólo con el esfuerzo mexicano, sino con la ayuda de factores externos.

Es decir, se logra cuando se conjugan la voluntad mexicana y el factor externo.”Explica que después de la Segunda Guerra Mundial lo que ayudó al país fueron dos cosas: que el autoritarismo mexicano quedó bien cimentado, convirtiéndose en país más estable de América Latina, y la Guerra Fría.

“A Estados Unidos le conviene tener una frontera impermeable al comunismo y por eso trata con pinzas a México y le acepta cosas que pueden ser irrelevantes, pero que al gobierno mexicano le importan, como tener relaciones con Cuba, con la Unión Soviética y algunos países del Este, además de tener un mercado interno fortalecido.

”Tras la Guerra Fría, México entró en otra etapa de liberación de los mercados. Se firmó el Tratado de Libre Comercio, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Entonces, explica el investigador, Canadá y México pasan a formar un vagón en el tren norteamericano y ese es el nuevo modelo económico de Estados Unidos.

–En este contexto histórico de la lucha por la soberanía, ¿como verá Trump a Andrés Manuel?. ¿como un presidente de izquierda?

–¡Ni lo ve! Yo no creo que se preocupe por ver a México en general y a López Obrador. México no ha sido importante para Estados Unidos pese al discurso y la retórica política. Y ahora menos, porque el presidente Trump sólo se está viendo el ombligo, pensando en su reelección, y lo que pase en México lo tiene absolutamente sin cuidado.

Admite que hubo un tiempo en que algunos presidentes estadunidenses tenían cierto cuidado por México, sobre todo durante la Guerra Fría, pero ahora ya no.

“A Trump le importa México como pretexto para golpear a alguien, para satisfacer a sus bases, que son bastante racistas e intolerantes. Para eso México es perfecto, porque no es un país blanco sino un país pobre al que le puede dar de cachetadas.”

–¿Entonces este no es el momento más difícil de las relaciones con Estados Unidos?

–No. El momento más difícil fue cuan-do perdió la guerra, cuando se firmó el tratado McLane-Ocampo, en el momento en que amenazó con tomar temporalmente el norte de México en el porfiriato o cuando no se reconoció al presidente Álvaro Obregón entre 1920 y 1923, hasta que firmó el Tratado de Bucareli para que México respetara los derechos adquiridos por los norteamericanos, independientemente de lo que diga la Constitución.

–¿Qué resaltaría de este periodo de las relaciones con Estados Unidos?

–Lo que hay que resaltar es la lección que nos deja. Los países no son personas y cuando se habla de la amistad con el pueblo de Estados Unidos, como lo hace Andrés Manuel, no existe más que en el discurso. “Nosotros siempre, siempre, tenemos que estar esperando una situación de crisis con Estados Unidos. No son confiables para nosotros porque sus gobernantes, en este caso Trump, defienden sus intereses. Ahora el interés nacional de Estados Unidos es el interés de Trump; él ha reducido el interés de todo el país a un interés personal, a un interés egoísta y mezquino. Esto no es normal, pero así esta pasando con Trump y tenemos que estar conscientes de esto.”

–¿Cómo ve lo que está haciendo López Obrador?

–Podría oponer resistencia, pero vuelvo al punto inicial: ¿está la sociedad mexicana dispuesta a resistir que el dólar suba, que el costo de la vida sea más caro, que haya más desempleo? Vietnam en su momento estuvo dispuesto a hacerlo, pero tenía apoyos externos. Nosotros no tenemos a nadie, nunca hemos tenido apoyos externos y a la sociedad mexicana no la vemos dispuesta a inmolarse a favor de los derechos de los migrantes centroamericanos.

Meyer concluye: “No hay una buena solución porque México es débil. Sólo las circunstancias extraordinarias, como las dos guerras mundiales, permitieron un campo de libertad que se cerró cuando terminaron. Hoy no se tiene ese espacio de libertad porque Estados Unidos quiere un conflicto con México y, a diferencia de otros presidentes, algo como con Trump no lo habíamos tenido”.

Ante esto, Meyer considera que López Obrador tiene que navegar con mucho cuidado, porque las aguas son turbulentas, y administrar el tiempo mientras se va Trump el año que viene o en 2024, “si no tenemos suerte».

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