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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Fabrizio Mejía Madrid

Un golpe suave

(Proceso No. 2230)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

El debate público mexicano ha caído en el uso de ciertas palabras que sirven de tapadera de nuestras verdaderas contradicciones. El “estado de derecho” oculta las injusticias con su sola mención. La “democracia”, las desigualdades y los niveles de violencia que viven sus ciudadanos. La “tolerancia” apare-ce como indiferencia funcional. Son el barril sin fondo de lo insustancial, de la retórica del opinionismo que se escuda en otra palabra –“libertad”– para hacer pasar como juicio lo que, la mayoría de las veces, es sólo una simple reacción, cuando no un desahogo. Este abuso de palabras sin sustancia ni intensidad encubre una violencia de intenciones que la semana pasada se dejaron sentir. Pongo un ejemplo entre muchos: un exfuncionario anticorrupción del gobierno fallido de Felipe Calderón escribió que su “esperanza” es que los malos resultados del lopezobradorismo lleven al caos y que de ese desorden emerja una “restauración” del antiguo régimen. En el vacío, esa “esperanza” proyecta terrores más propios de un personaje de Los demonios de Dostoievski, que de un autonombrado “asesor anticorrupción”.

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Fabrizio Mejía Madrid

TIEMPO FUERA

El espectáculodel miedo

(Proceso No. 2222)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

No se necesita ser muy perspicaz para adelantar que, si alguien se suicida por lo que se publica de él en internet, hay un malestar cultural. Esta semana, por ejemplo, en España, la madre de dos, Verónica, se mató después de que sus compañeros de una planta de Iveco compartieron un video sexual suyo grabado por su marido cinco años atrás. Más allá de la violación a la intimidad y de la venganza virtual del esposo, lo que preocupa es la forma en que la red de redes nos ha convertido en el número de visitas que generamos, en lo que se dice sobre nosotros, en los miedos que cada quien le expresa al otro sin conocerlo.

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Fabrizio Mejía Madrid

País de fieras

(Proceso No. 2205)

 

 

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En 1805, Simón Bolívar trepó a una de las siete colinas de Roma y juró consagrar su vida a la libertad de América. Con ese gesto se teatraliza una idea de la independencia del continente que compara el fin del Imperio romano con el de la América española. Por lo tanto, la suerte de los esclavos, de los colonizados, será de los habitantes liberados del yugo de cualquier emperador. Tres años antes, el maestro de Bolívar, aunque casi de su misma edad, Andrés Bello, quiere subir al volcán Chimborazo para captar desde las alturas el territorio que debe ser liberado. Bello somete su timidez ante un Alexander Humboldt que ha llegado a Caracas con la épica intención de subir volcanes, cordilleras, y remontar el Orinoco.

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Fabrizio Mejía Madrid

La moral y las moras

(Proceso No. 2203)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

En ninguna parte de sus Memorias, el cacique huasteco Gonzalo N. Santos imprimió la frase que siempre le atribuimos, la de la amoralidad de la política mexicana: “La moral es un árbol que da moras”. Lo que sí escribe es sobre cómo, en 1929, emborrachó a un diputado de la oposición para retratarlo, inconsciente, junto a un travesti y con esa foto como extorsión cambiar el sentido de una votación en el Congreso; cómo tomó las casillas en la elección de 1940 –la de Ávila Camacho– para “no dejar votar a nadie que no fuera democrático” y, en fin, cómo terminó por enriquecerse al amparo del Partido Único con un rancho del tamaño de San Luis Potosí. Su frase sobre la moral es fácilmente deducible de otras que sí publicó, como “El que manda, manda y, si se equivoca, vuelve a mandar” o “Es ley en la política comernos unos a los otros”. También relata a quiénes sobornó, amenazó o mandó matar. Para él, la política es un fin y todo lo demás son medios: ganar.

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Fabrizio Mejía Madrid

El avistamiento de la Casa de los Ladrones

(Proceso No. 2197)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

–A ése, hay que hacerle como a Saddam Hussein –dice el señor cano justo atrás de mí.

Desde hace veinte o treinta minutos estamos haciendo fila para entrar a Los Pinos y, para matar el tiempo, no tenemos más que revisar con detalle las estatuas de los expresidentes de México. Su fantasía de amarrar una y jalar y jalar hasta tirarla se la despertó un Carlos Salinas de Gortari cuya mano atenaza con angustia un libro con las palabras “Solidaridad” y “TLC”. Y es que la apertura al público del espacio donde vivieron los presidentes de México encarna una mezcla plebeya entre morbo, turismo, toma de posesión, evocación de los daños que nos hicieron. Todo ello se agolpa con el sol a plomo en la Calzada de los Presidentes, pero nadie se mueve, muy pocos se toman fotos con su estatua favorita, y la espera se hace repaso de los abusos sexenales.

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Cómo ganó AMLO la Presidencia? Fabrizio Mejía lo relata en Crónica de la victoria

El pasado 1 de julio, Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el candidato más votado en la historia de México. Foto: Cuartoscuro

Con entrevistas personales, anécdotas inéditas y una exhaustiva investigación, el escritor Fabrizio Mejía Madrid cuenta –de primera mano– en Crónica de la victoria cómo se construyó Andrés Manuel López Obrador como personaje, qué representa para todos aquellos que votaron por él el pasado 1 de julio y por qué México se encuentra actualmente de cara a un momento histórico sin precedentes.

(SinEmbargo.Mx)

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Los muertos

(Proceso No. 2191)

 

 

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La nacionalización de la muerte en México es producto de la década de los cuarenta del siglo pasado. Es hasta que Juan Larrea, André Breton, Jean Charlot y Diego Rivera inventan la muerte como identidad nacional que se vinculan el Día de Muertos en los cementerios con las tradiciones indígenas y el nuevo arte moderno. En su libro sobre el tema, Claudio Lomnitz escribe: “Más que una devoción triunfal, el nacionalismo mexicano es el culto vacilante y tímido de un sobreviviente”.

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Fabrizio Mejía Madrid

(Proceso No. 2162)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

La idea del candidato de Acción Nacional y del PRD, Ricardo Anaya, de comenzar su campaña presidencial hablando de un baño, me pareció por lo menos extravagante. Contó una historia de alguien que no quiere pagar el boleto de camión y se encierra en un baño. Cuando emerge, tras el recorrido de varias horas, le preguntan:

–¿Y no olía mal? ¿No apestaba ahí adentro?

–Sólo al principio –responde el evasor.

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Tiempo Fuera

La contravida

(Proceso No. 2143)

 

 

 

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 TIEMPO FUERA

Confianza

(Proceso No. 2119)

 

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Harold Pinter escribió Betrayal en 1978, una obra de teatro en la que tres personajes se traicionan de distintas formas: un hombre casado, Jerry, tiene un amorío de siete años con la esposa, Emma, de su mejor amigo, Robert; Emma engaña a su amante, Jerry, al decirle que no le ha confesado la infidelidad a su esposo, Robert; éste, por su parte, le ha sido infiel a Emma pero sólo se lo dice cuando le pide el divorcio; Jerry se siente traicionado al saber, muchos años después, que Robert sí sabía de la aventura de su mejor amigo con su esposa desde hacía cuatro años; y Emma, ahora, es amante de un escritor, Casey, a quien los dos amigos, Jerry y Robert, desprecian, por lo que se sienten, ambos, traicionados, habida cuenta de que Emma optó por un mediocre.

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 TIEMPO FUERA

Los genios invisibles

(Proceso No. 2083)

 

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¿Por qué no habrían de saquear una tienda, si los gobernadores se han depositado el presupuesto en sus cuentas en Panamá? ¿Cuál es la diferencia entre robar una departamental y desvalijar la industria petrolera? ¿Cuál, entre habitar una casa que es un regalo de uno de los principales beneficiarios de la obra pública de tu gobierno, y secuestrar una pipa de gasolina para ordeñarla?

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 TIEMPO FUERA

Aristegui

(Proceso No. 2083)

 

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El periodista mexicano es al que se le censura pero nunca sucumbe. Desde el inicio, la fundación de una esfera pública mexicana –ésa que ocupa el lugar equidistante entre poderosos y desinformados– se hace desde los prestigios de la resistencia ante la injusticia. Entre los dos discursos del México de los primeros periódicos –la solemnidad estatuaria de lo oficial y la picaresca del chiste y el rumor– los periodistas sólo pueden ser los censurados: el país es el presidente de la República, y los diarios el único espejo en que se refleja como “estadista”. Si algún oficio se crea precisamente ante el silencio de la represión es el del periodismo: leer y hablar de lo no-oficial –eso que va convirtiéndose con las décadas en una verdad compartida– es habitar la esfera pública, ésa que va conformándose, en México, en torno a la no-reelección del dictador Porfirio Díaz. Son los periodistas que no cobran en El Imparcial y en El País –pagados por Díaz– los que convocan, en 1910, a la primera concentración contra la perpetuidad del Señor Presidente. Según Sánchez Azcona, asisten 20 mil personas, una cifra que desata el cierre de publicaciones y el encarcelamiento de sus impulsores. Read More

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 TIEMPO FUERA

Yo, el populista

(Proceso No. 2071) 

 

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El 29 de junio en la Cumbre de los presidentes de América del Norte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, disintió del término “populista” que el de México le había asestado a “los actores políticos y liderazgos que asumen posiciones populistas y demagógicas, pretendiendo eliminar o destruir lo que se ha construido, lo que ha tomado décadas en construir para revertir problemas del pasado y cuyos beneficios no alcanzan a llegar a toda la población”. Obama le respondió que se buscara un diccionario para saber qué era “populismo”, pero que si era preocuparse por los trabajadores y para que los banqueros tuvieran frenos a sus ganancias, entonces él se reivindicaba “populista”.

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Fabrizio Mejía Madrid

Chairo

(Proceso No. 2069)

 

 

Fabrizio Mejía Madrid

 

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Fabrizio Mejía Madrid

Siempre me he preguntado qué lleva a alguien a apoyar algo que le perjudica. La respuesta simple es la que da Carlo Cipolla en su libro Allegro ma non troppo. Él distingue cuatro tipos de personas: los buenos, que actúan en beneficio de ellos y los demás; los incautos, cuyas acciones sólo benefician a los demás; los malos, que obtienen ganancias a costa de perjudicar a los demás; y los estúpidos, que se perjudican en la medida en que arruinan a los otros.

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Fabrizio Mejía Madrid

Literatura y política

(Proceso No. 2040)

 

 

Fabrizio Mejía Madrid

 

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Fabrizio Mejía Madrid

Cuando se habla de las relaciones entre literatura y política con frecuencia la discusión se acaba en determinar si éste o aquél escritor apoya o no a cierta corriente de pensamiento o acción, y si ello afecta la “autonomía” de su trabajo como acomodador de palabras. Si no se trata de esos “escritores” comerciantes de opiniones que creen conducir cuando, en realidad, se les conduce, las filias y fobias de los autores siempre resultan triviales a la hora de leerles. No así el tema de la “autonomía”. Es lo que antes se llamó “pureza”. No hay nada en la literatura que pueda validarse como “puro”: está hecha de un material, el lenguaje, cuya existencia depende de la mezcla y los malentendidos; proviene de historias ya antes contadas –es homenaje y parodia, a la vez o alusión a formas utilizadas por muchos otros–; e incluye en su posibilidad a cuatro entes fantasmales: un autor, un narrador, el lector absorto y, después, a un nuevo autor de las palabras asumidas. Durante muchos siglos se intentó darle “pureza” a lo escrito con métricas establecidas, personajes dignos de ser narrados, situaciones “elevadas” que ameritaban el laurel de la posteridad. Pero las ansias de reglamentarla estallaron muy pronto: la literatura circula sin destinatarios específicos ni reglas magisteriales; es inapropiada, prosaica y libre. Read More