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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Fabrizio Mejía Madrid

“Vivo entre gente que, dicen, no es de tu altura” 4 símbolos en la 4T

(Proceso No. 2235)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De entre las definiciones de la Cuarta Transformación escojo, por centrales y todavía quitándome el confeti del 1 de septiembre, las que contienen el furor por el discurso que reorganiza: pueblo, presidente, Estado y memoria. Cuatro nociones olvidadas por un neoliberalismo que confundió como nadie transmitir con comunicar y comunicar con propaganda; y ésta con espot leído casi sin torpeza de un telepromter. Vacíos de historia, héroes reconocibles –quizás algún econometrista consciente de que sus ecuaciones son usadas como drones que esparcen -desempleados, pobreza y desigualdades– o siquiera una idea de país que no fuera el que sostiene las charolas en la boda de la Kikis Corcuera, los regímenes neoliberales no usaron jamás la palabra “pueblo” más que seguido del adjetivo turístico: “mágico”. Había, eso sí, “población”, que es un número que se comporta de acuerdo a las estadísticas, que ocupa rebanadas del pastel tricolor de la gráfica y, sin mediar explicación, se iba directo al individuo en su soledad compradora, el “consumidor”. Los neoliberales representaron al “resto del país” –el que no merece la abundancia– como criminales organizados, accidentalmente unidos por un partido de la Selección Nacional, o como turba que obstruye avenidas porque sí. Eran flojos, violentos, y merecían a un presidente que les decretara la pena de muerte. El presidente era el que retrataba bien, aunque fuera un delincuente, un ignorante y un frívolo. El Estado, simplemente, dejó de ser todo lo que fue en México –regulador, propietario mixto, educador– para ser sólo un policía corrompido. “La autocracia es corrupta”, decía Carlos Monsiváis, “para que no la acusen de inflexible”. Al final, el “pueblo”, además de sus artesanías y el pintoresquismo de tus albañiles, no era nada más que la pesadilla de que se convirtiera en demos; es decir, en asamblea entre iguales.

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Epigmenio Ibarra

Ya tengo Presidente

AMLO. Foto: Cuartoscuro.

(SinEmbargo.Mx)

 

 

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Epigmenio Ibarra

A las 8:00 de la mañana del 19 de septiembre de 2107, cruzamos la plancha del Zócalo mi compañera Verónica Velasco y yo –que llevaba mi cámara al hombro- siguiendo los pasos de Andrés Manuel López Obrador. Al llegar frente a Palacio Nacional, volteó a vernos y dijo, mirando directamente al lente: “Esta vez será a La Chingada en Palenque, Chiapas, o a Palacio”. Acto seguido tomo aire, sonrió y luego de una de sus proverbiales pausas recapituló: “pero yo estoy seguro de que será a Palacio, porque así lo quiere la gente y ahí estaré –dijo señalando el edificio- a partir del 1 de diciembre, para servir al pueblo de México”. No se equivocó. Ahí estará a partir del mediodía de este sábado y yo, por primera vez en mis 67 años de vida, podré decir: ya tengo Presidente.

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Rafael Rodríguez Castañeda

Prensa vendida

Carteles del 68.

Carteles del 68.

(Proceso OnLine)

 

 

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si algo faltó en la multitud de eventos que recordaron el 50 aniversario del 2 de octubre de 1968 fue haber evocado el ignominioso comportamiento que tuvo la mayor parte de la prensa nacional en la cobertura de los acontecimientos que dieron inicio el 26 de julio de aquel año.

No sin razón los periódicos, revistas y noticiarios de radio y televisión se ganaron el grito de ¡prensa vendida! que los jóvenes manifestantes del movimiento de 1968 lanzaban durante sus marchas, sobre todo al paso por enfrente de los edificios que alojaban a los medios.

Escribió Carlos Monsiváis en A ustedes les consta:

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Iván Restrepo

A 50 años del movimiento estudiantil y de Tlatelolco

(La Jornada)

 

 

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Iván Restrepo

Hoy no me ocuparé, como es habitual, de problemas ambientales porque mañana se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco y quiero recordar algunos hechos del movimiento estudiantil. Lo hago motivado por las pláticas que organizó la Fundación Elena Poniatowska en las que participaron varios líderes del movimiento (Félix Hernández Gamundi, Salvador Martínez della Rocca, Gilberto Guevara Niebla y María Fernanda Campa, La Chata),además de Juan Ramón de la Fuente, Fabrizio Mejía Madrid y Martha Lamas. El 10 de octubre termina el ciclo con un homenaje a Carlos Monsiváis a cargo de Javier Aranda Luna, Genaro Villamil y Jesús Ramírez Cuevas.

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Elena Poniatowska

Terremotos de 1985 y de 2017

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Niños de un albergue en la colonia Roma durante la presentación de un cuentacuentos Foto cortesía del Fondo de Cultura Económica

(La Jornada)

 

 

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Elena Poniatowska

-Ya váyanse a su casa.

Los voluntarios traen cascos, buenos zapatos, guantes de carnaza, picos y palas.

De nuevo, son los jóvenes los primeros en acudir.

En la calle, el tráfico impide cualquier movimiento, la Marina, el Ejército, ordenan que se vayan cuando ellos fueron los primeros en llegar.

–Va a entrar la maquinaria, tienen que irse. Son demasiados.

En División del Norte con Gómez Farías, 250 jóvenes esperan para ayudar. De Huixquilucan llegaron 200 brigadistas profesionales, muy bien equipados, con lámpara en sus cascos. Les dijeron: Váyanse.

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Luis Hernández Navarro

Rius, Revueltas y Monsiváis

(La Jornada)

 

 

 

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Luis Hernández Navarro

Aunque intervinieron en la vida pública como intelectuales desde terrenos distintos, Eduardo del Río, Rius, José Revueltas y Carlos Monsiváis compartieron en su quehacer dos elementos centrales: la crítica implacable del poder y la transformación de la conciencia.

Los tres desnudaron desde sus trincheras a los políticos, empresarios y al régimen político mexicano, sin hacer concesión alguna. Los tres se empeñaron con esmero en develar la lógica de los poderosos y en mostrar las potencialidades de transformación social que brotan del mundo plebeyo. Los tres se dedicaron, desde trincheras diferentes (pero siempre fronterizas), a desmontar el entramado institucional que reproduce la falsa conciencia. Los tres hicieron del ejercicio periodístico un instrumento privilegiado de actuación en la esfera pública.

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Blanche Petrich

Murió ayer el periodista Jaime Avilés; ejerció por décadas la crónica satírica e irreverente

  • Desarrolló su labor en unomásuno, Excélsior, El Financiero y La Jornada, entre otros
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Jaime Avilés y la actriz Jesusa Rodríguez en El Hábito, el 2 de abril de 2005 Foto Francisco Olvera

 

 

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Blanche Petrich

Periódico La Jornada
Miércoles 9 de agosto de 2017, p. 8

Jaime Avilés Iturbe (1954-2017), cronista y columnista que colaboró por décadas en La Jornada, murió en las primeras horas de ayer con dos libros inconclusos en el cajón de su escritorio y la firme determinación de seguir escribiendo y trabajando, pese al grave diagnóstico de un cáncer que hizo metástasis en varios órganos.

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El periodismo en México se ejerce desde la indefensión: Poniatowska

  • La escritora recibió la presea Sor Juana Inés de la Cruz; hoy cumple 85 años
  • Expresa su tristeza indignada por los recientes asesinatos de Javier Valdez y Miroslava Breach, corresponsales de La Jornada en Sinaloa y Chihuahua, respectivamente
  • Le dedican el tercer número de la revista Inundación Castálida;incluye dos artículos inéditos de la galardonada
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Elena Poniatowska, anoche, en la Universidad del Claustro de Sor Juana; ahí fue ovacionada y festejada por su cumpleaños 85 Foto Guillermo Sologuren

  

Mónica Mateos-Vega
Periódico La Jornada
Viernes 19 de mayo de 2017, p. 3

La escritora Elena Poniatowska cumple este viernes 85 años y la celebración comenzó en la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), donde la tarde del jueves recibió la presea Sor Juana Inés de la Cruz.

Antes que nada, la periodista y colaboradora de este diario expresó su tristeza indignada por la situación que vive en México el oficio al que ha dedicado toda su vida.

“Quiero recordar aquí a dos corresponsales de La Jornada: Javier Valdez, asesinado hace unos días en Culiacán, y Miroslava Breach, quien murió de igual manera hace más de un mes en Chihuahua. Aunque no los conocí, son hermanos del alma y de oficio. Unos sicarios les quitaron la vida porque denunciaron a narcotraficantes. Estos asesinatos ponen al periodismo mexicano en estado de indefensión.”

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Elena Poniatowska

Hugo Gutiérrez Vega

(La Jornada)

 

Elena Poniatowska

 

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Elena Poniatowska

Hace unos meses, sentados en la gran sala de Chema y Lilia Pérez Gay, en una reunión de trabajo de más de 30 personas, de pronto entró un hombre muy elegante que llevaba un bastón en la mano y de cuyo rostro colgaba una esponjosa barba blanca. Todos al unísono nos pusimos de pie. ¿Quién era? ¿El papa? ¿Benito Juárez? ¿Un actor de cine? ¿Santaclós? ¿Un poeta? ¿Un ángel de la guarda? ¿Un estadista? ¿Un profeta? ¿El mago Merlín o todos a la par unidos? Después de que lo abrazamos, le ofrecimos un asiento. Aquí junto a mí. A mi derecha. A mi izquierda. Este sillón es más cómodo. ¿Quién era? ¿Por qué le llovía el afecto y el reconocimiento? Le rendíamos pleitesía porque a todos nos inspira respeto. Lo requeríamos a nuestro lado. Era la imagen misma de la civilidad. ¿Quién era? Ustedes seguramente lo han adivinado. Su nombre, don Hugo Gutiérrez Vega.
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Lorenzo Meyer

AGENDA CIUDADANA

* “Me llamo Carlos Monsiváis y no pertenezco a…”

(Sur de Acapulco)

 

080409LorenzoMeyer

 

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Lorenzo Meyer

“… Uno o dos jóvenes se acercan y me confían: ‘esto ya no lo para nadie. Vamos a cambiar el país’. ¿Cuántas veces he oído esto?… ¿cuándo sobrevendrá la desilusión (2005)”.

Autodefinición. El título de esta columna corresponde al final de la reseña que hizo Carlos Monsiváis –mañana se cumplen cinco años de su muerte– de la toma de protesta de Luis Echeverría como candidato presidencial del PRI. Y es que la manera que mejor le cuadró a Monsiváis para definirse fue por exclusión. No, no pertenecía ni pertenecería al PRI ni a ningún partido político, pero siempre tomó partido. Si esa mañana estaba entre miles de acarreados priistas en un estadio, era para observar. Y su observación fue demoledora: definió al partido del Estado como un “camión de redilas rumbo a una concentración” y el objetivo de esa y cualquier otra de sus concentraciones lo resumió con las instrucciones que le dio la edecán: “Favor de agitar la banderita cuando llegue el Lic. Echeverría y mantener tres minutos el aplauso”. (Días de guardar, 1970, pp. 309-310).

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Elena Poniatowska

Llanto por Julio Scherer García

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Con Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco, en noviembre de 2005 Foto Arturo Campos Cedillo

 

Poniatowska

 

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Elena Poniatowska

¿Cómo entender la realidad de México sin el periodismo de Julio Scherer García? Hace más de 60 años, un estudiante del Colegio Alemán y más tarde un universitario abandonó sus estudios de leyes y se inició como mandadero en el periódico Excélsior en 1947. Reportero de la Extra, después de una carrera apasionada y de obtener en los años 50 grandes exclusivas, pasó de subdirector editorial en 1963 a director general de ExcélsiorEl periódico de la vida nacional, en 1968.

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Blanche Petrich

Scherer, 1926-2015

  • Varias generaciones de informadores lo han considerado referente

 

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El ex director de Excélsior y de Proceso en su biblioteca Foto Ulises Castellanos

 

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Periódico La Jornada
Jueves 8 de enero de 2015, p. 2

Julio Scherer García se empeñaba en interrumpir el monólogo del dictador. El general Augusto Pinochet, en la cima de su poder tiránico, persistía en su justificación del golpe de Estado, ejecutado a sangre y fuego seis meses antes. En las calles y las prisiones chilenas los asesinatos y la tortura estaban en su apogeo.

–Estoy aquí para entrevistarlo, general.

Nada. La entrevista no había empezado y llegaba a su fin después de largos minutos eléctricos, tensos, en el soberbio despacho que miraba desde sus ventanales de un décimo piso a Santiago a sus pies y los Andes al fondo.

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Elena Poniatowska

Carlos Monsiváis, a los cuatro años

(La Jornada)

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Los escritores Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, en el Palacio de Bellas Artes, después de su participación en un coloquio dedicado al cronista, en el año 2000 Foto Archivo La Jornada

 

Poniatowska

 

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Elena Poniatowska

A Carlos Monsiváis debería declarársele patrimonio cultural de la humanidad porque más que un hombre es una escuela, una casa, una asamblea, una plaza arbolada, una galería de arte, un bar gay, una biblioteca, un aula, una taquería, una flauta, unos frijoles, un Vips, un San Simón, un gato con siete vidas.

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Elena Poniatowska

Juan Gelman, militante

(La Jornada)

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Elena Poniatowska

El 15 de agosto de 1994, invitados por el subcomandante Marcos, acudimos a la Primera Convención Nacional Zapatista en La Realidad, cerca de San Cristóbal, en las montañas del sureste mexicano, para la cual los zapatistas habían construido, en medio del bosque con troncos de árbol y lonas de gran tamaño, una nave como la de Fitzcarraldo, el personaje de Werner Herzog, absolutamente extraordinaria. De pronto, después de que saludaran desde un presidio improvisado los invitados de honor, Carlos Payán, Alberto Gironella (quien donó una magnífica pintura de Zapata que desapareció con la tempestad), Pablo González Casanova, Luis Villoro, doña Rosario Ibarra de Piedra, Eraclio Zepeda, Antonio García de León, Manuel Tello, el fotógrafo Heriberto Rodríguez y otros, cayó una tempestad que tiró a tierra las velas, es decir, el techo de la enorme tienda de campaña donde se celebraría el primer congreso zapatista.

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Javier Aranda Luna

Reivindicación de la literatura

(La Jornada)

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Javier Aranda Luna

Algo debe tener la prosa de Elena Poniatowska que tantas emociones provoca. Y digo su prosa porque es como escribe. A veces su prosa es tan transparente que se olvida que estamos leyendo y amanecemos en un Zócalo repleto de inconformes o al lado de un estanque donde Leonora Carrington se baña desnuda en medio del bosque o en la plaza enrojecida de las Tres Culturas, después de una matanza de estudiantes que a casi medio siglo aún se busca minimizar.

Y es tan transparente que algunos piensan que ella y su prosa algo oculta. Que detrás de su militancia se encuentran los contratos, las prebendas, los viajes; que su prosa por clara no puede ser literatura sino periodismo. Read More