Jesusa Cervantes

Un festín depredador en el que hasta los huachicoleros caben


La edificación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México no ha traído más que devastación ambiental a numerosas comunidades aledañas al lago de Texcoco: depósitos de lodo tóxico que contaminan los mantos freáticos, deforestación, uso de explosivos prohibidos en minas clandestinas y desecación de cuerpos de agua donde habitan especies endémicas son algunas de las calamidades que Proceso pudo observar en la zona. Además, bandas de huachicoleros encontraron una veta de oro para surtir de combustible robado a la empresa que construye la terminal aérea. Ante todo esto, las autoridades federales y mexiquenses nada hacen, aun cuando saben lo que está ocurriendo.

(Proceso No. 2164)

 

 

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Lodos tóxicos que contaminan mantos acuíferos –de donde se abastecen la Ciudad de México y otras 20 comunidades–, devastación de más de 200 cerros –de donde se han extraído 22 millones de metros cúbicos de tezontle y basalto–, uso de explosivos prohibidos para fracturar montes y proliferación de huachicoleros que surten a los vehículos que transportan el material –con la complacencia de autoridades locales, federales y del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP)– es lo que ha dejado la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Y no menos importante: la destrucción de zonas arqueológicas.

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