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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Víctor M. Toledo

Los tres faros de la conciencia ecológica

(La Jornada)

 

 

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Víctor M. Toledo

La cuestión o preocupación ambiental, no es más que la reaparición de la Naturaleza, la Madre Tierra, el antiguo enlace con la dimensión femenina, en las sociedades modernas. La naturaleza es la fuerza que los seres humanos debemos tomar en cuenta y respetar para seguir existiendo. En efecto, la Naturaleza estuvo presente en el imaginario de las culturas ancestrales, como una entidad viva y sagrada desde sus orígenes hace 300 mil años, y fue sólo con el advenimiento de la modernidad, materialista, tecnocrática, patriarcal y mercantil que la Naturaleza se convirtió en un ente a ser eliminado y explotado, en un recurso natural externo, en un capital natural, en una máquina a ser analizada y escudriñada por el ojo frío, objetivamente frío, de una ciencia al servicio de la acumulación de la riqueza. Esta conciencia ecológica, que suma día con día, a millones y millones de seres humanos en todo el mundo, nos permite visualizar de manera diferente a la política, al tiempo, a la gobernanza y a las relaciones sociales. Tres dimensiones alcanzo a visualizar.

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Pedro Miguel

En deuda con Assange

(La Jornada)

 

 

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Pedro Miguel

El fundador de Wikileaks sabe perfectamente lo que hace y a lo que se expone: confrontar a la máxima potencia mundial y sus principales aliados –que son potencias por derecho propio– en condiciones de desventaja brutal: una pequeña organización, limitada en recursos con muy pocos integrantes, ha sido capaz, sin embargo, de poner en jaque al gobierno de Estados Unidos y a muchos otros, de cimbrar la complejísima red de relaciones mundiales de Washington y de modificar de esa manera las relaciones de poder del mundo contemporáneo. La difusión de los Papeles de Afganistán, de los Papeles de Irak y de los cables del Departamento de Estado, nueve años más tarde, marcó un parteaguas para los gobernantes, las sociedades y los medios de todo el planeta. Para llevar a cabo tal hazaña es necesario tener una excepcional comprensión del mundo, un propósito claro y un programa de acción definido, y Julian Assange los tiene y supo transmitirlos a su organización. Su historia no es la de un travieso desorientado ni la de un enfant terrible de la informática, como lo han querido presentar a posteriori los medios occidentales que engordaron su circulación y su tráfico gracias a los materiales informativos que Wikileaks les entregó de manera gratuita; ahora se refieren a Assange como “el hacker australiano” y le niegan las facetas de periodista, de pensador y de activista que conviven en este perseguido planetario.

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