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Rumbo a la cuarta transformación de México

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Luis Hernández Navarro

El Mexe

(La Jornada)

 

 

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Luis Hernández Navarro

Estallaron los cohetes, repicaron las campanas de la iglesia, sonó la música y la comitiva oficial fue bañada con flores y confeti. Mil hombres a caballo desfilaron marcialmente. Gonzalo Tello, campesino de Tepatepec, fue el orador de la ceremonia en nombre del pueblo. Sus palabras todavía retumban en la región.

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Bernardo Bátiz V

Emiliano Zapata

(La Jornada)

 

 

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Bernardo Bátiz V.

El 10 de este mes se cumplieron 100 años de la muerte del revolucionario Emiliano Zapata; fue protagonista importante, clave en el sur y en el centro del país, encarnó la exigencia de la recuperación de las tierra arrebatadas a los pueblos en todo el territorio nacional, en haciendas pulqueras de Tlaxcala, cañeras de Morelos o ganaderas del norte. El personaje, por su figura, por su origen, por sus ideas y exigencias expresadas en el Plan de Ayala, encarna la imagen más representativa del levantamiento popular y campesino de la Revolución; es símbolo, icono; su efigie ha sido reproducida muchas veces, en carteles, en ropa, en libros, a pie o a caballo o en la conocida fotografía junto a la silla presidencial en el Palacio Nacional, a un lado de Francisco Villa.

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Enrique Calderón Alzati

En torno a las críticas a López Obrador

(La Jornada)

 

 

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Enrique Calderón Alzati

Pese a su gran popularidad y simpatía mostrada en las elecciones, las cuales pudo ganar con una mayoría histórica, desde antes de asumir el poder el presidente López Obrador ha sido sujeto de críticas diversas y en su mayor parte irresponsables que es posible dividir en tres grupos esencialmente diferentes:

El primer grupo, provenientes del sistema dominante, constituido por los ex presidentes, sus colaboradores y los grupos empresariales más importantes de la República, identificados todos con el modelo neoliberal, al igual que los medios de comunicación financiados por los anteriores administraciones y principalmente por quienes ven afectados sus intereses por las políticas y medidas adoptadas por el actual gobierno. El segundo grupo es el constituido por articulistas asociados a algunos medios de comunicación, cuyo oficio consiste en criticar a los gobiernos y a los grupos políticos independientemente de los intereses, valores éticos e ideas que éstos representen, pensando seguramente que si no lo hacen están dejando de cumplir una función que es desde luego parte fundamental de la democracia. El tercero es hoy el de los grupos y personajes de izquierda que quisieran que los cambios se den desde el momento que un presidente proveniente de la oposición y de alguna manera identificado con la izquierda, como es el caso actual, debiera resolver de golpe los muy variados problemas que existen en nuestro país, luego de tantos años en los que los principios e ideales de la Revolución Mexicana fueron hechos a un lado.

En relación con el primer grupo, empeñado en criticar todas las decisiones y acciones, trátese del combate al huachicoleo, del cierre de guarderías que no cumplen con requisitos de seguridad para los niños, de la construcción del Tren Maya, o de invitar a los jefes del estado español a disculparse ante los pueblos indígenas por el trato que dieron a los pueblos originarios desde la conquista y durante los tres siglos de la Colonia, me parece claro que cualquier discusión de mi parte sería una pérdida de tiempo. Respecto al segundo, si bien no estoy de acuerdo con buena parte de sus críticas y de sus razones para hacerlas públicas, considero que están en su derecho de disentir e incluso de señalar las decisiones del Presidente que consideran incorrectas, inadecuadas o sospechosas en cuanto a sus motivaciones.

Pero existe un tercer grupo de personajes que considero progresistas o revolucionarios cuyas críticas a López Obrador me parecen difíciles de validar en virtud de su experiencia mayoritariamente académica. Tal es el caso de Ilán Semo, quien en un artículo publicado la semana pasada con el título Pensamiento Criollo en las páginas de La Jornada escribió: ¿Tiene algún sentido demandar una disculpa por un acontecimiento, como la Conquista del Anáhuac, que sucedió hace más de cinco siglos? Al parecer, no. Al menos a primera vista. Sin negar que se trata de una crítica seria, considero que en este caso, este articulista que desde luego admiro y respeto contiene una repuesta a su propia pregunta, pues una de las finalidades del Presidente ha sido lograr que este tema, fundamental para la sociedad mexicana, sea discutido por sus miembros en busca de una repuesta, adquiriendo de paso conocimientos fundamentales que la mayor parte de los mexicanos no tenemos y ello seguramente es lo que ha hecho Ilán Semo con su artículo al discutir el tema y dar su punto de vista; si eso mismo fuese realizado por otros maestros sería mucho lo que estaríamos aprendiendo quienes conformamos la sociedad mexicana. El domingo pasado La Jornada publicó también un artículo magistral del doctor Pablo González Casanova, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, en el que hace una crítica muy seria al Presidente, afirmando que éste se ha equivocado en su diagnóstico sobre la corrupción, ya que ésta es sólo una consecuencia natural del neoliberalismo, el cual constituye el elemento central y generador de esta lacra social. En mi opinión, lo que está planteando el ex rector de la UNAM, es la necesidad de enfocar los esfuerzos actuales, no a combatir la corrupción sino el neoliberalismo. En lo personal difiero de esta opinión, pues la corrupción al igual que la impunidad se han dado en nuestra sociedad no sólo en el periodo de gobiernos neoliberales, los cuales surgieron a partir del sexenio presidido por Miguel de la Madrid, sin embargo muchos de los hechos ocurridos en los tiempos de Plutarco Elías Calles, de Miguel Alemán Valdez, o de José López Portillo, fueron indudablemente actos de corrupción ajenos al neoliberalismo. Estando totalmente de acuerdo con don Pablo en la necesidad de combatir el neoliberalismo, considero necesario decir que una lucha frontal contra esta corriente política es bastante más compleja y difícil en la medida que involucra otros factores económicos más complejos y políticamente más poderosos.

En resumen, mi humilde opinión es que la lucha contra la corrupción constituye una acción que busca terminar con una práctica perversa que ha dañado profundamente a la nación y que está en las manos del Presidente corregir con nuestra ayuda y apoyo, mientras que la lucha contra el neoliberalismo requiere de esfuerzos internacionales que rebasan por ahora la capacidad del Presidente y quizás del país entero; por ahora Andrés Manuel López Obrador ha dado suficientes muestras de estar logrando cambios de la mayor importancia y significado en varios frentes. Seguramente desde la óptica académica hay muchos que piensan que ello no es suficiente, sin embargo, en la realidad los problemas suelen ser algo más complejos y en ese entorno más vale el paso que dure . . . . .

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John Ackerman

Zapata, Cárdenas, López Obrador

(La Jornada)

 

 

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John M. Ackerman

Si Andrés Manuel López Obrador logra rescatar Petróleos Mexicanos (Pemex) y alcanzar la autosuficiencia energética, esta conquista sería igual de importante que la expropiación petrolera realizada por Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938. Y si la Cuarta Transformación logra pacificar el país y rescatar el campo, sus logros serán igual de importantes que los alcanzados por Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana.

Cuando leemos sobre las luchas históricas de los héroes de la patria solemos engrandecerlos como personajes sobrehumanos. Imaginamos gigantes iluminados por alguna luz divina dando pasos sonoros por los bosques, los ríos y las montañas de la nación.

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Ilán Semo

El discurso y los dilemas del método

(La Jornada)

 

 

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Ilán Semo

En el discurso de toma de posesión del primero de diciembre, AMLO legitimó los trazos de su administración en una escueta versión de la historia del siglo XX mexicano. El eje residió en la elemental sinonimia –tan definitiva en el imaginario actual– que asocia el estado de una nación a los índices abstractos de su economía. Una suerte de narrativa de la caída. Entre 1935 y 1954, la economía creció gradualmente. Después, a partir de la segunda mitad de década de los años 50, lo hizo a un ritmo promedio de 6 por ciento anual, hasta 1974. Por donde se le vea, una cifra asombrosa que, en la época, dio pie a la sensación de un milagro: México parecía moverse del mundo periférico a la franja de las naciones centrales. En la historiografía oficial, el periodo recibió la onírica definición del desarrollo estabilizador. El énfasis se hallaba en la noción –que respondía a un auténtico sentimiento– de estabilidad. Después de décadas de violencia y guerra civil, la sociedad mexicana parecía haber encontrado una manera de hacer frente a sus disputas por la vía de la política; inmersa incluso en orden autoritario.

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Lorenzo Meyer

AGENDA CIUDADANA

Aporofobia

(El Universal)

 

 

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Lorenzo Meyer

Tras el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), más de un comentarista ha advertido sobre la polarización política en la sociedad mexicana. Desde los miradores conservadores se augura que más pronto que tarde el país pagará el haber votado por un “populista” que rechaza la racionalidad del neoliberalismo.

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Fabrizio Mejía Madrid

Los muertos

(Proceso No. 2191)

 

 

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Fabrizio Mejía Madrid

La nacionalización de la muerte en México es producto de la década de los cuarenta del siglo pasado. Es hasta que Juan Larrea, André Breton, Jean Charlot y Diego Rivera inventan la muerte como identidad nacional que se vinculan el Día de Muertos en los cementerios con las tradiciones indígenas y el nuevo arte moderno. En su libro sobre el tema, Claudio Lomnitz escribe: “Más que una devoción triunfal, el nacionalismo mexicano es el culto vacilante y tímido de un sobreviviente”.

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Lorenzo Meyer

La nave y su hoja de ruta

(El Universal)

 

 

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Lorenzo Meyer

Es tradicional hacer la comparación del Estado —la organización política al más alto nivel de una comunidad soberana dentro de un territorio formalmente delimitado— con una nave. En ocasión de su informe al congreso, un presidente pretendió quitarse responsabilidades por una gran crisis económica y política, declarando: “soy responsable del timón, pero no de la tormenta”. Aquí y ahora, viene al caso recuperar el tormentoso símil marítimo.

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Lorenzo Meyer

El camino aún es largo

(El Universal)

 

 

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Lorenzo Meyer

El PRI ya perdió su tradicional control sobre el Congreso. En la LXIV Legislatura, el priismo apenas tendrá presencia: 13 de 128 senadores y 47 de 500 diputados. Es verdad que aún mantendrá un número respetable de gubernaturas. Sin embargo, esos gobernadores estarán acotados por Congresos que no controlan y por un gobierno federal en manos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). ¿Las perdidas y acotamiento del otrora gran partido de Estado significan que México tendrá un nuevo régimen? Aún no, para alcanzar esa meta aún deberán salvarse obstáculos enormes.

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Bernardo Barranco V.

La Iglesia ante el movimiento estudiantil del 68

(La Jornada)

 

 

 

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Bernardo Barranco V.

Los indicios históricos indican que la mayor parte del clero, obispos y laicos dirigentes apoyaron, durante el conflicto, al presidente Gustavo Díaz Ordaz pero no validaron la represión a los estudiantes. Pese a que la mayoría de obispos guardó silencio ante la brutal masacre de Tlatelolco, la jerarquía se ve obligada a pronunciarse con un tibio comunicado del 9 de octubre firmado por el entonces arzobispo Ernesto Corripio Ahumada. El texto llama al diálogo con insistencia, rechaza la violencia, exalta la paz y hace un llamado tanto a estudiantes como autoridades, como si se tratara de dos fuerzas en igualdad de condiciones. El texto de los obispos admite la supuesta manipulación de la juventud, pero tiene la virtud de no elogiar la represión del gobierno ni aclamar las medidas tiránicas de Díaz Ordaz. A diferencia de otros grupos fácticos que legitimaron el deplorable desenlace, como los empresarios, los medios, los sindicatos y numerosos intelectuales.

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José Steinsleger

México, en la encrucijada

(La Jornada)

 

 

José Steinsleger

La Revolución Mexicana (1910-17) y la rusa (1917-24) estremecieron a la humanidad. Sin la primera, inimaginable qué hubiera sido de nuestra América. Sin la segunda, quién sabe en qué mundo viviríamos.

Este mundo en el que muchas cabezas lúcidas dudan de que nuestros descendientes puedan sobrevivir en él. Y si lo consiguen… ¿quién se atreve a pronosticar cómo y en qué condiciones?

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Lorenzo Meyer

La «descompresión» como meta

(El Siglo de Torreón)

 

 

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Lorenzo Meyer

Es exacta la apreciación -en realidad, definición- de Blanca Heredia en relación a las estructuras que acaban de ser derrotadas en las urnas en este 2018. Heredia define a ese ejercicio del poder bajo las siglas del PRI y del PAN, como un entramado de acuerdos entre las élites, que por décadas -en realidad por más de setenta años- sirvió de manera muy efectiva para gestionar la exclusión social en nuestro país, (El Financiero 04/07/18).

La exclusión está en la raíz de nuestra historia. La esencia de la estructura legal, social y cultural de la Nueva España -una colonia de explotación muy productiva para la corona española y para las élites novohispanas pero no para el resto de los súbditos- era su efectividad para mantener excluidos a indios, mestizos y, desde luego, negros, de los altos círculos de poder donde se discutían y se tomaban las decisiones del reino. La independencia cambió, pero no mucho, este panorama. Un siglo después, en vísperas de la Revolución Mexicana de 1910, Andrés Molina Enríquez en su libro clásico Los grandes problemas nacionales, (México: A. Carranza e hijos, 1909), caracterizó al México porfirista como una sociedad «comprimida». En la mecánica de la estructura social de inicio del siglo XX, el papel de las clases altas -formadas básicamente por criollos- era actuar como «compresoras» de las clases bajas y el de estas últimas era sobrellevar esa «compresión», aunque ya eran frecuentes los actos de resistencia.

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Guillermo Almeyra

Los primeros cien días de López Obrador (I)

(La Jornada)

 

 

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Guillermo Almeyra

Desde 1968, mediante sus luchas, tres generaciones de mexicanos tomaron conciencia de que no enfrentaban sólo a malos gobiernos, sino al Estado capitalista y se fueron convirtiendo en anticapitalistas como el FZLN y el CNI que sólo demandaban en 1994 la incorporación de sus derechos a la Constitución nacional. El pacto histórico virtual surgido de la Revolución Mexicana entre indígenas, campesinos y obreros y el PRI, el partido gobernante que fomentaba el desarrollo de la gran burguesía, comenzó a romperse en 1982 y acabó en 1988 con Salinas de Gortari. Desde entonces, los oprimidos y explotados dejaron de intentar convencer a los gobiernos en turno con sus luchas y movilizaciones y comenzaron a construir con ellas frentes únicos de masas (como la APPO) que también eran gérmenes de poder popular.

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Lorenzo Meyer

La rebelión del México profundo

(El Siglo de Torreón)

 

 

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Lorenzo Meyer

No fue ésta, la de 2018, la primera insurgencia electoral en México, pero sí la primera que obligó a quienes controlan los hilos del poder a reconocer que les sería más peligroso resistir que aceptar la derrota y negociar el cambio.

Una manera de interpretar lo sucedido en la larga y enconada contienda electoral que culminó con la derrota en toda la línea del viejo partido de Estado y sus aliados, es acudir a un clásico de la teoría elitista del poder: el filósofo español, José Ortega y Gasset, que en 1930 publicó La Rebelión de las Masas. Se trata de un gran manifiesto del elitismo, a la vez que una interpretación de un tiempo político signado por la movilización de las clases populares en el mundo de la primera postguerra mundial: bolchevismo, sindicalismo, fascismo y justo al inició de la Gran Depresión. A Ortega, justificador del predominio de las «minorías excelentes» que, hay que subrayarlo, no eran necesariamente equivalentes a las élites económicas, le alarmó la irrupción de las masas «al pleno poderío social». Esa irrupción significaba, para Ortega, la expansión de la mediocridad propia del «hombre masa», de su cultura y de su indiferencia ante la excelencia propia del individuo que se impone a si mismo responsabilidades más allá de las que su entorno le demanda. El pensador liberal, individualista y conservador, temía que la mediocridad terminara por ganar la partida a la excelencia de las elites. Así pueden algunos interpretar lo que está sucediendo en esta coyuntura crítica de la política mexicana: una instancia más de la rebelión de las masas.

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José Blanco

Es hora

(La Jornada)

 

 

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José Blanco

Un paso de gigante se ha dado, pero es sólo uno. Es hora de esa felicidad que entrevé libertades nunca vividas por los siempre marginados; es hora de columbrar oportunidades nunca al alcance; es hora de que las expectativas hinchen aún más el pecho colectivo del pueblo. Es hora de que las ganas de ser y de hacer crezcan sin miedo. Es hora de reír a jarana plena y júbilo desbordado; es hora de gritar ¡viva el pueblo mexicano! Es hora de que el pueblo se reconozca en su hazaña. El necio no dejó de repetir sus ideas de bien para las mayorías, pero es hora de caer en cuenta que la planta ha florecido merced a uno que no paró de asperjarla hasta que se crearon las condiciones en que, por fin, ha visto que el pueblo ha votado por el pueblo y no más por sus verdugos.

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